Entrevista de Cinco Días a Jaume Pagès, Consejero Delegado de Universia: "El problema es de preparación de las personas. Se forman, por ejemplo, ingenieros para cubrir necesidades de hoy, pero que saldrán de la universidad dentro de cinco años."

Le apasiona el mundo universitario, ambiente en el que se desenvuelve con gran naturalidad y en el que es respetado. Emilio Botín le llamó para coordinar una de sus apuestas personales: la plataforma Universia

Dirige el portal Universia, que aglutina bajo el manto del grupo Santander a 985 universidades que representan a cerca de 9,5 millones de estudiantes. Jaume Pagès, de 59 años, ha desarrollado toda su carrera profesional dentro del mundo universitario, donde es doctor ingeniero industrial, y ha sido rector de la Universidad Politécnica de Cataluña.

¿Cuál es su misión en una plataforma como Universia?

Principalmente, recibí el encargo de dirigir el proyecto en España y asegurar la coordinación de 11 países. Se trata de aportar valor añadido, a través de toda nuestra red de universidades, a la actividad universitaria. Mi misión es la de coordinar equipos, que se cubran los objetivos, elaborar los presupuestos y valorar prioridades y propuestas. Me apasionan todos los aspectos relacionados con la organización y la gestión, algo que no me es ajeno debido a mi experiencia como rector de la Universidad Politécnica de Cataluña.

¿Existen diferencias entre la forma de gestionar una institución privada y una pública?

Las universidades son muy complejas de gestionar, aunque las funciones están claras. Hay que promover la investigación y las relaciones con los medios empresariales, manejar plantillas de grandes dimensiones, pero la gran complejidad está en conseguir recursos económicos de la Administración. Universia es una institución compleja por su dimensión y donde se tiene una gran relación con el mundo universitario.

Los empresarios se quejan de que las universidades españolas se mantienen alejadas de la realidad laboral que se demanda.

Soy un gran defensor de la universidad española, porque ha realizado una gran labor, pero todo esto hay que verlo con perspectiva. Es necesario ver las debilidades que tiene para adelantarse y preverlas. El problema de la universidad tiene que ver con un aspecto relacionado con la preparación de las personas. Se forman, por ejemplo, ingenieros para cubrir necesidades de hoy, pero que saldrán de la universidad dentro de cinco años. Hay que hacer previsiones de futuro y adivinar las necesidades que habrá dentro de cinco años. Es difícil hacer estos ajustes, pero, si se mira con perspectiva, el papel de las universidades ha sido muy importante. El porcentaje de jóvenes con formación universitaria se ha incrementado y eso es algo positivo para España como factor de desarrollo. El capital humano se valora como elemento esencial para el desarrollo y la progresión económica, y a ello han contribuido las universidades.

¿Alguna crítica que realizar a las universidades?

Las hacía sobre todo cuando tenía responsabilidades como rector, que era cuando podía poner en marcha procedimientos de mejora o progresión. Lo positivo es que la crítica nazca de dentro. Un tema que creo que se debería mejorar son los métodos de enseñanza, aprendizaje y control de titulados, la forma de medir el rendimiento académico y evaluar el tiempo que tarda la institución en formar a un titulado, de manera que se puedan hacer previsiones de cara al futuro. Otro tema pendiente es la investigación y las actividades de desarrollo, así como facilitar la conexión entre los equipos activos de investigación, la sociedad y las empresas. En ese sentido, veo muchos elementos de mejora, pero no quiero dar lecciones a los rectores.

¿Por qué razón?

Porque ellos ya están preocupados, y con razón, con otros temas, como son la construcción del espacio europeo de educación superior, y todos los cambios que deben generar para que las universidades sean proactivas. Tienen nuevos retos por delante y en estos momentos hay cierta tensión en el sistema universitario de cualquier país europeo. Debe ser un proceso permanente de adaptación y de cambio. No puede haber planes de estudio intocables en diez años.

¿No deben jugar un papel importante las universidades dentro del proceso de deslocalización que se está viviendo?

Creo que sí. Y en este sentido debemos pensar en profesiones que generen valor añadido de nuestros productos y diseños. Es difícil competir en producción y mano de obra con otros países. Otra línea de acción que se puede abrir está en relación con la progresión o formación de esa mano de obra que existe en esos países. ¿Quién los va a formar? Es necesario ir a formar allí donde están en estos momentos los profesionales menos cualificados. La Universidad de Delf (Holanda) forma, por ejemplo, a una cantidad importante de ingenieros del sudeste asiático, que reclutan en los centros de secundaria. Es una vía que habrá que explotar y ver cómo se aplica. También deberíamos formar para exportar talento.

¿Esa es otra de las asignaturas pendientes?

Es una discusión que se ha planteado siempre cuando se decidía, por ejemplo, cuántos médicos había que formar en España. Siempre era Sanidad quien fijaba el número de plazas MIR médico interno residente y se formaba a ese número de personas. Y si tenemos capacidad para formar a más gente, ¿por qué no lo hacemos?

La apuesta por los inmigrantes

Considera que las universidades españolas deben contribuir a exportar e importar talento. 'Debemos ser capaces de formar a gente de Marruecos con capacidad intelectual. ¿Por qué no formamos a inmigrantes?, ¿es que no los hay listos? ', se pregunta Pagès, que considera que el mundo desarrollado 'no debe pensar sólo en sí mismo y ha de tener responsabilidad con todo el planeta '.

En este sentido, apunta que España debe abrir las puertas a gente con capacidad intelectual, que sólo se puede formar en países avanzados. 'No lo estamos haciendo y deberíamos comenzar a explorar esa línea de trabajo '.

Según Pagès, el sistema universitario europeo tiene una visibilidad 'ridícula ' a nivel global si se compara con el estadounidense, por ejemplo. 'Debemos unificar los títulos para tener esa unidad, y el proceso de Bolonia (de unificación del espacio europeo de educación superior) pretende responder a esa dificultad, con el fin de posicionarse para tener cuota de mercado a nivel global '.

Y añade que Europa debe tener la ambición de captar un nivel razonable de talento universal. 'Las universidades españolas no han de renunciar a tener cierto protagonismo ', afirma Pagès, para quien el papel que está jugando Universia, en este sentido, es fundamental.

La plataforma universitaria, que fundó Emilio Botín en el año 2000, aglutina a cerca de un millar de campus en España e Iberoamérica, con una 'cultura común y más semejanzas que diferencias '. Y agrega que, por ejemplo, la movilidad entre universitarios de estos países es más fácil que con Europa.

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