La medida estrella de la reforma laboral es la que quiere impedir el encadenamiento de los contratos temporales y ofrecer a los patronos bonificaciones si contratan indefinidamente a sus plantillas. El Gobierno espera convertir en fijos a 400.000 trabajadores. "Lo mejor es que no me saques en el diario. Mira, estoy muy jodido, es mi última oportunidad para que me hagan un contrato fijo aunque creo que voy a ser un trabajador temporal hasta que me jubile".
Tiene 36 años, está casado, tiene dos hijos y aún no sabe lo que es un contrato indefinido. Por supuesto, no se llama Diego, pero sí trabaja en Citroën, en un departamento donde evalúa la calidad de las piezas de los coches.

Al final, acepta contar su historia porque sabe que es similar a la de muchos otros --demasiados dice él-- que están dentro de los 6,4 millones de trabajadores españoles con contrato temporal, el 33% de los 19,4 millones que están ocupados.

Diego no confía demasiado en el decreto ley que hoy entra en vigor, basado en el Acuerdo para la Mejora del Crecimiento y del Empleo que han firmado empresarios y sindicatos. La medida estrella de esta reforma es la que intentará impedir el encadenamiento de los contratos temporales y ofrecerá a los patronos bonificaciones si contratan a sus plantillas de manera indefinida. El Gobierno espera que, este año, el decreto convierta en fijos a 400.000 trabajadores precarios.

El escepticismo de Diego es fruto de haber estado en muchas empresas y, "entre medias, periodos de paro con la angustia de tener que dar de comer a dos chavales". La antepenúltima empresa fue la Fabrica Nacional de Moneda y Timbre donde encadenó contratos durante nueve años. "Si ven que vales y que trabajas bien ¿por qué no te hacen un contrato fijo?", se pregunta.

Encadenar contratos

Trabajo no falta en España. Es lo que opina Silvia Torrijos (29 años) que trabajaba como temporal desde los 16 años y lleva sólo dos de fija en el Santander. Acceder al nuevo estatus le ha costado encadenar, al menos, ocho contratos de obra y servicio en el banco desempeñando incluso cargos de subdirectora de sucursal o de gestora de clientes. "Esta situación crea mucha ansiedad. Piensas que te van a echar mañana, no puedes hacer planes y ni te puedes ir de vacaciones porque no sabes si te van a llamar".

Dramas de ventanilla

Desde su ventanilla de la sucursal de la Universidad Carlos III en Madrid, Silvia presencia a diario dramas parecidos al suyo. Son profesores y estudiantes. "Vienen a pedirte un crédito y como no tienen un contrato estable hay que pedirles avales para dárselo".

Esta era la situación de Antonio Pacheco, que ha pasado por ocho empresas y ha esperado 11 años a que una compañía, Iveco, le hiciera un contrato indefinido. Ahora tiene 34 años y recuerda que estuvo 10 de novio con la que ahora es su mujer porque nadie le quería conceder un crédito. Ella, embarazada del segundo hijo, también ha sido temporal nueve años en una cadena de tiendas de lencería. Pasó por cuatro centros comerciales de Madrid. Finalmente, ha preferido dedicarse a su familia.

Pero hay casos de irregularidad más flagrantes, como los que se han vivido en la central nuclear de Almaraz, donde hay trabajadores que han estado 30 años con contratos de obra y servicio. Sin llegar a estos récords, Miguel, Pablo y Emilio llevaban más de 13 años trabajando como temporales en esta central. Hace solo dos años les contrataron de manera indefinida.

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