Las cajas de ahorros llevan desde hace años embarcadas en un nuevo tipo de voluntariado corporativo que tiene como objetivo transmitir los conocimientos técnicos de sus empleados para favorecer el desarrollo del capital humano en países del Tercer Mundo.

Movimiento filantrópico, marketing, implicación con la sociedad o política de recursos humanos, los proyectos de acción social cobran cada día mayor importancia dentro de la estrategia global de las empresas. Las cajas de ahorros, pioneras por sus orígenes en proyectos de este tipo, llevan desde hace años embarcadas en un nuevo tipo de voluntariado corporativo que tiene como objetivo transmitir los conocimientos técnicos de sus empleados para favorecer el desarrollo del capital humano de los países del Tercer Mundo y así ayudarles a profesionalizarse y a expandir su actividad.

Caixa Catalunya puso en marcha en 2000 un programa pionero de colaboración con la cooperativa de crédito mozambiqueño Tchuma con un objetivo a priori desconcertante: promover el ahorro en un país donde el 70% de la población vive por debajo del umbral de pobreza. 'Allí las personas sin recursos no tienen acceso a los bancos tradicionales pues el depósito mínimo para abrir una cuenta corriente es muy elevado ', explica Luisa Piñero, empleada de la caja española que trabajó dos años en Mozambique asesorando a los empleados de la cooperativa.

Luisa colaboró en áreas tan variadas como la informática, el control interno o los recursos humanos, aunque su tarea principal consistió en formar a los trabajadores locales sobre los productos de ahorro. 'Aprendieron a ganarse la confianza de los clientes, acostumbrados hasta entonces a prestar o a esconder sus economías en cualquier sitio ', añade, 'el problema se da cuando les roban o no pueden recuperar el dinero prestado '.

Superadas las reticencias iniciales, el 'boca a boca ' y la buena diligencia de los empleados formados hizo el resto. A finales de 2005, Tchuma registraba 4.473 cuentas corrientes con libretas de ahorro por valor de 93.400 euros y había abierto 6 nuevas sucursales. La cooperativo pudo asimismo modificar su estatuto legal por el de microbanco.

Un balance muy positivo también para el voluntario. Laura destaca que aprendió 'la paciencia africana ', a buscarse la vida y a trabajar con una cultura diferente. Vivencias fuertes que al mismo tiempo cambiaron la percepción que tenía de su empresa. 'Me sentí muy agradecida y a la vez orgullosa de trabajar para una entidad precursora en el apoyo profesionalizado a entidades menos desarrolladas '.

Desde que la Caixa de Catalunya, a través de la Fundación Un Sol Mon, iniciara su programa de microfinanzas internacionales en 2000, 10 de sus empleados han participado en misiones de asistencia técnica en Mozambique, El Salvador y Ecuador de entre 15 días y un año. Otros 10 trabajadores completaron esta colaboración con trabajos de asesoría desde España.

No se trata, sin embargo, de una acción aislada. Barclays iniciará en septiembre un nuevo proyecto de formación técnica a ONG y colectivos con riesgo de exclusión impartido por sus empleados en horas de trabajo. 'Es un voluntariado corporativo más funcional, que utiliza la preparación y la experiencia profesional del empleado ', explica Evelio Acevedo, director de acción social de la entidad.

Se trata, sin embargo, de un tipo de responsabilidad social todavía muy minoritario en las empresas españolas, donde 'el voluntariado corporativo es casi siempre asistencial y apenas existen proyectos basados en el capital humano ', según aseguraba el director general de la Fundación Empresa y Sociedad, Tomás Pastor, en el Informe 2006 sobre Acción social de la empresa en España '. El mismo informe recoge otras iniciativas avanzadas como los proyectos pro bono canjeables por horas de asesoramiento jurídico o consultoría que firmas como Garrigues Abogados y Asesores Tributarios o Boston Consulting Group ofrecen a ONG y fundaciones.

En todo caso, los expertos insisten en que el mero envío aislado de fondos es una forma insuficiente e ineficaz de ayuda en estos países, por lo que parece lógico que surjan proyectos más profesionalizados.

Cooperante en vacaciones de verano

Dedicar el descanso vacacional a jugar y educar niños seropositivos en Lima, colaborar con microempresas en Nicaragua o trabajar en campamentos solidarios en Madrid son algunas de las alternativas que empresas como Telefónica, Eroski o Carrefour proponen a sus empleados a través de sus fundaciones.

Cada día son más los profesionales que no se conforman con las tradicional playa o montaña y desean utilizar sus vacaciones para contribuir a una causa solidaria. La participación puede realizarse en programas corporativos a tres niveles diferentes: en países en desarrollo, en tu comunidad o en tareas relativas al medio ambiente.

Los requisitos son los mismos que para cualquier proyecto de cooperación: motivación, adecuarse al perfil que necesita la ONG y ser consciente de que en tres semanas no puede salvarse el mundo.

Tras superar un proceso de selección, los voluntarios elegidos suelen recibir una formación previa según la naturaleza del proyecto asignado. El cooperante se desplaza tres o cuatro semanas entre el mes de julio y septiembre.

Normalmente, durante las primeras tres semanas trabaja siete días a la semana en el proyecto. La cuarta suele ser de descanso para relajarse o visitar el país. Según estas empresas, muchos cooperantes suelen repetir experiencia o vuelven por su cuenta años más tarde.

Países como Perú, México o Ecuador pueden ser algo más que destinos vacacionales exóticos.

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