Según datos de Eurydice, red europea de información sobre sistemas educativos, las escuelas primarias españolas son ya las únicas de Europa que mantienen una verdadera doble jornada, con una pausa intermedia de dos horas o incluso dos y media para comer.

Las escuelas primarias españolas son ya las únicas de Europa que mantienen con carácter general una verdadera doble jornada, con una pausa intermedia de dos horas o incluso dos y media para comer. Esta es la conclusión que primero salta la vista al comparar los horarios escolares de los países más importantes de la UE, detallados en la base de datos de Eurydice: la red de información sobre sistemas educativos creada por la Comisión Europea para facilitar la cooperación en este ámbito. La mayoría de los sistemas presenta una enorme complejidad, variedad regional y flexibilidad en función de la mayor o menor autonomía de los propios centros, hasta el punto de que las excepciones y las especifidades son regla. Con todo, la peculiaridad española es de lo más llamativo del informe; llamativo, que no sorprendente, teniendo en cuenta que la partición de la jornada en las escuelas no es sino el reflejo de los horarios laborales tradicionales en España; un efecto de la resistencia de parte del mundo laboral y el comercio a incorporarse al modelo de jornada continua que se va imponiendo en todo el mundo.

Tal como lo expresó en abril pasado el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Pedro Núñez Morgades, los niños son en España "víctimas invisibles" de las actividades de los adultos en cuanto a la "irracionalidad" de sus horarios. Morgades habló así durante la presentación del Observatorio de los Horarios Españoles, constituido por las universidades Rey Juan Carlos y San Pablo CEU de Madrid, la Fundación Independiente y la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles. El presidente de esta última organización, Ignacio Buqueras, denunció en el mismo acto la "desfiguración" de los horarios de los críos mediante una excesiva "carga" de actividades extraescolares tendentes a suplir la ausencia de sus padres, debida ésta, a su vez, a una extensión "irracional e improductiva" de la jornada en buena parte de los centros de trabajo del país.

Puede que tal organización de las horas productivas no sea del gusto de muchos españoles. Sin embargo, y tal vez porque a la mayoría de ellos le resulte difícil o imposible cambiar la situación, los horarios escolares cuentan con gran aceptación en todo el país. Según el estudio Actitudes y opiniones sobre la infancia y la adolescencia,realizado en octubre pasado por el Centro de Investigaciones Sociológicas, el 76,8% de los padres de España opina que dichos horarios son adecuados y sólo el 18% los rechaza, en la mitad de los casos por considerar que aun deberían ampliarse.

El mismo estudio revelaba que el 74,4% de los progenitores cree dedicar suficiente tiempo a sus hijos cuando no están en el colegio; y si no lo hacen es, según el 66,2%, por culpa del trabajo. El 92,8% de estos mismos padres señalaba la falta de tiempo, no obstante lo anterior, como causa primordial de posibles dificultades en la relación con los hijos.

Que las escuelas españolas de primaria se destaquen por sus larguísimas pausas en función de los particulares horarios de los papás y las mamás; que los pequeños disfruten o padezcan de una extraordinaria gama de actividades extraescolares, todo eso no significa que España sea el único país con dificultades de acomodación entre las actividades de los niños y sus mayores. En Finlandia, cuyo Estado es el mejor alumno de Europa en la asignatura de Educación, los problemas para compatibilizar la vida laboral con la familiar son objeto de uno de los debates sociales más en boga. "Mucha gente trabaja nueve o diez horas al día. Por eso y por la elevada tasa de divorcios que tenemos, aquí hablamos mucho del tiempo que dedicamos a los hijos, de la mala educación y los crecientes problemas de disciplina entre los jóvenes, de la mala conciencia de muchos padres...", dice la profesora Riina Sandberg-Turunen, jefa de estudios del instituto Kulosaari de Helsinki. Otro país donde el asunto preocupa especialmente a la sociedad y sus autoridades es Alemania, normalmente poco sospechoso de desorganización. No en vano el Consejo de la Unión Europea aconsejó hace dos años a Berlín y a los dirigentes de los länder - con motivo de las recomendaciones a los socios comunitarios en materia de empleo- que tomaran medidas urgentes para corregir los desfases horarios entre los escolares y sus padres.

Tampoco las actividades adicionales a los estudios son un invento español ni mucho menos, aunque en España puedan existir abusos y exageraciones en la explotación de tales ofertas. El informe de Eurydice da cuenta de la existencia de grandes inversiones y esfuerzos en la organización de ocupaciones extraescolares en todos los países europeos. Cada vez son más las escuelas de primaria que dedican unas cuantas horas, antes y/ o después del programa puramente lectivo, a dichas actividades. Lo que varía es su financiación, que no siempre es asumida por el erario público.

En la mayor parte de los países europeos el curso empezó a primeros de septiembre y terminará a mediados o finales de junio. Alemania, los países nórdicos y algunas regiones de Holanda son la gran excepción, pues allí el cole empezó a mediados de agosto.

Acceso a Eurydice: http://www.eurydice.org

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