Los criminólogos debaten si las mujeres en el poder pueden resultar tan poco éticas como los hombres. Pero ¿de dónde salió esta idea de que las mujeres serían mejores ciudadanas como ejecutivas?

Pongan atención misóginos: aquí va una broma para sus reuniones. ¿Es Patricia Dunn la prueba viviente de que las mujeres poder pueden caer a los mismos niveles de baja ética que los hombres? ¿O acaso es ella una excepción al estereotipo de la ejecutiva honorable que eleva los valores de las empresas?

El 4 de octubre, el fiscal general de California Bill Lockyer acusó a Dunn, ex presidenta de Hewlett-Packard Co., de conspiración y fraude relacionado con una investigación de la empresa sobre filtraciones de información a la prensa. No se ha declarado culpable a Dunn de nada, y su abogado ha dicho que combatirá las acusaciones. No obstante, ha sido criticada por haber demostrado un juicio abismal sobre su función al permitir que investigadores privados mintieran sobre sus identidades a fin de obtener los registros telefónicos de periodistas y otros.

"Este tipo de cosas ilustran que las mujeres pueden caer en muchas de las mismas trampas éticas", dice Michael Connor, editor de Business Ethics,una revista trimestral sobre el tema de la ética corporativa. "Con el paso del tiempo, ahora que está llegando una nueva generación de mujeres a altos cargos, quizá se presenten más situaciones como ésta". Difícilmente sea Dunn la primera ejecutiva de alto nivel que se mete en problemas por presuntamente infringir las reglas.

El mes pasado, Hilary L. Shane, ex administradora de fondos de cobertura de Chicago, se declaró inocente de las acusaciones de delito de información privilegiada en un tribunal federal en Manhattan. Shane pagó una multa de 1,45 millones de dólares (1,16 millones de euros) para resolver las acusaciones civiles que le había presentado la Comisión de Valores y Bolsa de Estados Unidos (SEC) y que estaban relacionadas con una transacción que hizo en el año 2001 con acciones de la compañía Compu-Dyne Corp. A la hora de pagar la multa, no admitió ni negó las acusaciones que le llegaban de la SEC.

Malhechoras

Diane Brooks, ex máxima responsable de la casa de subastas Sotheby´s, se declaró culpable de fijación de precios en octubre del 2000, y fue sentenciada a seis meses de arresto domiciliario y 1.000 horas de servicio comunitario.

Y, naturalmente, están Martha Stewart y Leona Helmsley, las malhechoras más famosas, que cumplieron una sentencia en prisión por sus delitos: Stewart fue sentenciada por obstruir una investigación sobre su presunto delito de información privilegiada, y purgó su condena en la prisión federal de Virginia Occidental. Helmsley estuvo un tiempo en un correccional federal de Connecticut. Fue sentenciada por fraude, conspiración y evasión fiscal.

Los criminólogos debaten si las mujeres en el poder pueden resultar tan poco éticas como los hombres. Pero ¿de dónde salió esta idea de que las mujeres serían mejores ciudadanas como ejecutivas en primer lugar?

Jim Hoopes, profesor de ética empresarial del Babson College, dice que la división sexual del trabajo en la cultura occidental de los últimos 200 años dio mucho tiempo para acostumbrarse a la idea de que las mujeres se encargaban del hogar, lo que llevó a suponer que eran innatamente más refinadas y gentiles.

"Así que si podíamos hacer que las mujeres dejaran el hogar y trabajaran, supuestamente traerían esos valores al terreno laboral", dice.

Virtudes asumidas

Todo suena muy bien, pero Hoopes dice que no todas nuestras suposiciones sobre las virtudes de las mujeres son correctas. "A principios del siglo XX hubo un debate sobre el sufragio femenino en el sentido de que si las mujeres podían votar, limpiarían el ambiente político", dice. La primera sección de cualquier periódico actual demuestra que las electoras no hicieron lo que se esperaba.

Así que las mujeres no mejoraron el mundo pero, ¿son distintas de los hombres cuando infringen las reglas? Judith Collins, profesora asociada adjunta de la Facultad de Justicia Criminal de la Michigan State University, estudió en 1991 a 89 ejecutivas de alto nivel que estaban en prisión por fraude, y las comparó con un grupo de 723 ejecutivos encarcelados. En cada entrevista, les preguntó tanto a ellos como a ellas por qué lo habían hecho.

Motivación

"Todas las mujeres me dijeron que lo hicieron porque el novio o esposo estaba en problemas financieros, o porque no tenían suficiente dinero para mantener a la familia o a sus hijos", dice Collins. "Las razones se orientaban a otras personas".

No obstante, los ejecutivos encarcelados dieron razones muy distintas para sus delitos de cuello blanco. "O respondieron: ´Yo no lo hice´o dijeron: ´Todo el mundo lo hace y yo tenía que seguir en el negocio´o ´Las leyes fiscales cambian tan rápido que no me percaté de que lo que hacía era ilegal´".

En virtud de que las mujeres tienden a asumir menos riesgos que los hombres, Collins dice que las ejecutivas tienen menos inclinación a cometer delitos que los hombres. Rita Simon, profesora de la facultad de leyes Washington de la American University, no podría estar más en desacuerdo.

Menos oportunidades

"No es que las mujeres sean personas más honestas o morales que los hombres", dice. "Simplemente tienen menos oportunidades de cometer delitos de cuello blanco". Cuando Simon expresó por primera vez esa opinión en su libro Women in Crime,en 1975, "El movimiento feminista me comió viva", dice.


EL COEFICIENTE MORAL NO ES SUPERIOR

Las estadísticas dicen que las mujeres representaron casi la mitad de los arrestos por fraude en el 2005 en comparación con 19 por ciento en 1964. La profesora Rita Simon desestima la noción de que un coeficiente moral más elevado explica la pequeña porción de homicidios y robos cometidos por mujeres. La fuerza física o el acceso a las armas son necesarios para la mayoría de los homicidios, dice, y por ende las mujeres sólo representan el 10 por ciento de los asesinatos. En cuanto a los robos, las mujeres representan una porción todavía menor en las estadísticas. "Para un robo, uno tiene que estar preparado para un encuentro directo", dice Rita Simon. "Si una se acerca a alguien para asaltarlo, pueden darte un puñetazo".

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