Entrevista de "La Contra" de La Vanguardia a Frank Maguire, Motivador de empleados: "Las grandes batallas se ganan con el corazón, porque sin equipo motivado, por muchos estudios de mercado que tengas, la derrota es segura."

¿Qué edad me pregunta, la mental o la física? Porque a mí sólo me interesa la mental, y soy un tipo joven pero maduro. Nací en Queens de familia irlandesa y por tanto soy católico. En política sigo siendo hoy tan kennedyano como cuando trabajaba en el equipo de JFK. He participado en el Fórum de Alta Performance de HSM y en el IESE.

Mi padre trabajó en la Compañía de Teléfonos durante 30 años y lo único que tenía que hacer es lo que le ordenaba el jefe...

- ¡Qué tiempos!

- Qué castrante era aquello. Cuando se jubiló, mi padre andaba por casa como si echara de menos a un jefe que le dijera qué hacer. Murió poco después de retirarse.

- ¿Usted no tuvo jefes?

- Yo empecé en Federal Express y allí mi jefe empezaba a ser también un poco líder, porque de vez en cuando me preguntaba: "¿Y tú, Frank, qué piensas de esto?".

- Al parecer usted le dio buenas ideas.

- Pero me tentó la política. Estuve trabajando con el presidente Kennedy en aquel Camelot que fue Washington durante su presidencia. Yo tenía 27 años y él era el presidente de los Estados Unidos de América, pero no dejaba jamás de preguntarnos cosas.

- ¿Bush no hace lo mismo?

- Estamos enfadados porque nos prometió una cosa y estamos recibiendo otra y, sobre todo, porque no tiene un plan B.

- ¿Se refiere a Iraq?

- Sí, su camarilla no tiene un plan B. Les ha fallado el plan A y no saben qué demonios hacer y se les nota mucho, pero, sobre todo, no preguntan a quienes saben cómo podemos salir de aquella ratonera.

- Preguntar sería admitir el error.

- Pedir ayuda a quienes trabajan contigo no es ser débil, es ser fuerte y confiar en los demás y saber crear un equipo. Usted fue niño y pequeñito, y tenía miedo: ante usted estaba la autopista con miles de coches y usted tenía que pasar... ¿Qué es lo que hacía?

- ¿Mirar el semáforo?

- ¡Cogerse las manos! ¡Cojámonos todos las manos y crucemos la calle! Si cruzas la calle tu sólo te la juegas, si cruzamos todos, los coches se pararán. En este barco de la vida o estamos todos juntos o nos hundimos de uno en uno. En la empresa pasa lo mismo.

- Es usted muy teatrero.

- Soy un apasionado de la vida y por tanto de los negocios. Las grandes batallas se ganan con el corazón, porque sin equipo motivado, por muchos estudios de mercado que tengas, la derrota es segura ¡Y el entusiasmo sólo se infunde por contagio! No sólo gráficos y estudios de mercado: ¡tu entusiasmo! Por eso estuve detrás del boom de FedEx...

- ¿Qué hizo allí?

- El 49 por ciento de nuestros ingresos provenía de entregar paquetes y el 51 por ciento de entregar documentos... ¡Y entonces llegó un gracioso e inventó el fax!

- Les robó el queso.

- Lo primero fue darnos por enterados de que se acababa el queso; lo segundo no aceptar la derrota y lo tercero reunirnos y preguntar - y escuchar a todos, desde el presidente hasta el último repartidor-: ¿qué hacemos ahora que ya no deberíamos estar haciendo?

- ¿Y después?

- Un mes después preguntarnos: ¿qué estamos haciendo que deberíamos hacer mejor? y una tercera reunión al mes siguiente con otra pregunta única: ¿qué es lo que no estamos haciendo y deberíamos estar haciendo?

- ¿Las reuniones sirven para algo?

- Sirven si pones el corazón por delante y miras a la cara de tu socio - porque si estamos en la misma empresa cada uno tiene una función, pero todos somos socios- y le preguntas sinceramente qué sugiere él que podemos hacer para servir mejor al cliente.

- ¿Y si su socio le pide más sueldo, mejores condiciones, menos horas de trabajo?

- Mi experiencia me dice que todos ésos son problemas materiales que se pueden solucionar negociando, pero si falla la química, la actitud y las relaciones, no habrá nunca acuerdo, por mucho que les des todo lo que pidan.

- ¿A qué se refiere?

- A que a menudo es más fácil ceder en lo material que en tu soberbia: si consigues que nadie se sienta inferior a nadie y que todos sepan que estamos en el mismo barco y que todos ganaremos si el barco avanza, entonces lo material es muy fácil de pactar.

- ¿Cómo?

- Yo sé que todo esto puede sonar a bla, bla, bla, pero si va acompañado de sincera emoción y sale del corazón, es la más eficaz motivación laboral que existe; cuando dude como líder, usted sólo necesita mirar a los ojos y decir tan sólo diez palabritas: "Yo no sé lo que usted piensa: dígamelo por favor".

- Parece fácil.

- ¿Y sabe cómo puede asegurar usted el fracaso en una empresa?

- ¿. ..?

- Ante cualquier duda o pregunta usted responda con otras diez palabras: "Porque es así como hacemos las cosas aquí, y punto". Nunca mande así; le abandonarán.

- ¿Qué suele preguntar usted?

- Cuando dirigía Kentucky Fried Chicken fuimos la empresa que más creció en bolsa y ¿sabe por qué?

- ¿Se puso de moda el pollo frito?

- Jamás di una orden porque sí ni en Kentucky ni en FedEx ni en ningún sitio. Ante cualquier problema, preguntaba a mi socio empleado: "¿Qué harías tú?". Y en el 99 por ciento de las ocasiones la respuesta era correcta y, sobre todo, era la suya. Sólo había que esperar a que hiciera lo que él mismo sabía que debía hacer.

- ¿Y si la respuesta no era la buena?

- Le decía primero todo lo que me gustaba de él y todo lo que yo creía que él sería capaz de hacer y luego le decía por qué yo creía que las cosas no eran como él las veía. Pero sobre todo, ponga en su entrevista que el entusiasmo es contagioso, sobre todo en la empresa.


EL CONTAGIO

"¡Cójanse de las manos! ¡Sin miedo!". Maguire hace coger de la mano a estudiantes para empresario y a empresarios y profesores: se trata de aprender de los niños a cruzar la calle de la vida y de la empresa todos juntos, porque si vamos de uno en uno nos atropellarán. Puedes coger manos o irte a tomar un café a hablar del Barça, pero cuando tienes a un gurú neoyorquino delante con sus 90 kilos de entusiasme -sincero- y de convicción hay que ser un europeo muy cínico para dejarlo colgado. Me pregunto por qué no tenemos nosotros un paisano gurú que dé charlas de motivación laboral por la sardana o los castells por EE.UU. Pero me quedo, nos quedamos, y acabo creyendo el visionario emprendedor Maguire, porque ¡el entusiasmo -doy fe- es contagioso!

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