Londres ha conseguido frenar el intento de España, Francia y otros socios de poner fin a la posibilidad de exceder el límite de 48 horas a través de acuerdos individuales. El debate entre los 25 demostró la dificultad de conciliar las diferentes visiones.

Londres consiguió frenar el intento de España, Francia y otros socios de poner fecha de caducidad a la posibilidad de exceder el límite general de 48 horas a través de acuerdos individuales. Bruselas abrirá expediente a 23 socios por incumplir las sentencias de Luxemburgo sobre tiempo de descanso durante las guardias laborables.

El debate de las 48 horas semanales no pertenece al pasado. Los socios europeos no sólo acaban de revivirlo, sino que lo han complicado hasta el punto de convertirlo en uno de los más recurrentes y profundos motivos de división dentro la UE. Los ministros del ramo de los Veinticinco fracasaron ayer en su intento de alcanzar un acuerdo in extremis sobre la pretensión de una parte de ellos y de la Comisión Europea de poner fin a la posibilidad de sobrepasar el límite general de las 48 horas bajo acuerdo individual entre trabajadores y empresas: una posibilidad contemplada en la actual legislación comunitaria y que, por el empeño de un grupo de socios encabezado por el Reino Unido, seguirá de momento vigente si éste o cualquier otro país cuenta con una norma nacional que la ampare. El ministro Jesús Caldera fue uno de los que más presionaron, sin éxito, para que la llamada "cláusula de no aplicación" de las 48 horas (opt out) desapareciera de la faz de Europa en un plazo máximo de diez años.

El debate entre los titulares de Empleo de los Veinticinco demostró la dificultad de conciliar las diferentes visiones que sobre el mundo del trabajo tienen los gobiernos europeos, repartidos a grandes rasgos en dos grandes bloques: el que pone el énfasis en los derechos sociales y la seguridad laboral, capitaneado por Francia y formado asimismo por España, Italia, Grecia y Chipre, y el que esgrime necesidades de competitividad para defender la libertad de horarios, grupo que ayer lideró Gran Bretaña con el respaldo más o menos matizado de Alemania, Polonia, Eslovaquia, Estonia y Malta. No en vano fue el Gobierno británico el que logró que la directiva de las 48 horas, aprobada en 1993, incluyera la controvertida cláusula que de hecho permite que alrededor de un tercio de los trabajadores del Reino Unido sobrepasen hoy día ese límite, según la agencia Bloomberg. Otros países optaron ayer por no pronunciarse o por apoyar la propuesta de compromiso de la presidencia finlandesa, que defendía acabar con la cláusula a debate, pero sin dar plazos; en el entretanto - proponía Helsinki-, los acuerdos laborales acogidos a dicha excepción no excederían en ningún caso las 60 horas semanales, frente al actual máximo de 78 horas.

Tanto para Londres como para París, el asunto es prácticamente casus belli, como ayer quedó demostrado. El ministro de Comercio e Industria británico, Alistair Darling, no dio la más mínima oportunidad al debate cuando se topó con la propuesta de Francia, España e Italia a favor de suprimir en un decenio - y no en un tiempo indeterminado, como proponía la presidencia- la cláusula de marras. En cuanto a París, el tema acababa de ser objeto de un insólito debate gubernamental televisado en directo el día anterior. El propio primer ministro, Dominique de Villepin, anunció en ese momento la exigencia francesa de acabar a plazo fijo con la excepción defendida por Londres.

El fallido debate de ayer encierra una gran paradoja. Y es que el fracaso cosechado por los socios costará a 23 de ellos - todos menos Italia y Luxemburgo- un expediente de infracción a cargo de la Comisión Europea; pero no en relación con el máximo de horas semanales, sino por la aplicación de los tiempos de descanso y las guardias en distintas profesiones (sobre todo las sanitarias). El problema es que, según el comisario de Empleo, Vladimir Spidla, esos 23 socios vulneran de una u otra manera la jusrisprudencia establecida en los últimos años por el Tribunal de Justicia de la UE, según la cual los descansos durante las guardias deben considerarse tiempo de trabajo. Según el tribunal, la directiva de 1993 no deja margen a otra interpretación. Era esta jurisprudencia, y no tanto el debate sobre las excepciones al límite de las 48 horas, la que más urgente hacía un cambio de directiva. Los Veinticinco están de acuerdo en este punto, es decir, en cómo cambiar la ley europea para no tener que buscar debajo de las piedras los médicos y las enfermeras necesarios para cubrir todos los turnos... Y para no tener que elegir - en algunos casos- entre sobrecargar los presupuestos sanitarios o cumplir a rajatabla con Luxemburgo. Sin embargo, el bloqueo sobre el opt out paraliza la reforma laboral en su conjunto. Y el comisario confirmó ayer que, dada la consolidación del desajuste legal, no tiene otro remedio que expedientar a los 23 países que, según él, están en falta ante la corte europea. Caldera dijo que no se da por aludido porque España - en contra de lo que Spidla sostiene sin entrar en detalles- cumple los dictados de la UE y de su tribunal.

Ciberencuesta: ¿Qué opinas de la limitación por ley de la jornada laboral semanal de 48 horas? http://www.factorhuma.org/participa/ciberenquesta.php

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