Sólo un 13% de los directivos españoles está dispuesto a cambiar de residencia, en la Unión Europea la media alcanza el 27%. En Repsol YPF, los trabajadores que aceptan trasladarse a otra población dentro de España cuentan con un estímulo financiero.

En Repsol YPF, los trabajadores que aceptan trasladarse a otra población dentro de España cuentan con un estímulo financiero. Un empleado que se mude acompañado de su cónyuge y dos hijos recibe una indemnización de 12.600 euros. A ello hay que añadir una ayuda de 75.000 euros en concepto de alquiler, distribuida a lo largo de un periodo de siete años. Los gastos de todo tipo que origina la mudanza de la familia corren también a cargo de la compañía.

Las facilidades que proporciona Repsol YPF responden a una necesidad imperiosa: la de animar a los trabajadores de las empresas a aceptar traslados geográficos, ya sean nacionales o internacionales, dentro de sus compañías. Un recurso estratégico -el de la movilidad- que resulta fundamental para la mayoría de las empresas, pero que España resulta especialmente difícil de gestionar. 'En España hay trabajadores que prefieren extinguir sus contratos antes de aceptar un traslado ', resumía ayer Pau Hortal, presidente de Creade, durante la presentación del Libro Blanco sobre las Mejores Prácticas en Movilidad Geográfica Nacional e Internacional de Trabajadores, realizado por esta entidad, Sagardoy Abogados y el IESE.

La obra recoge estadísticas que hablan por sí solas: mientras que sólo un 13% de los directivos españoles está dispuesto a cambiar de residencia, en la Unión Europea la media alcanza el 27%. Ambos porcentajes resultan escasos -no en vano la UE ha declarado 2006 como año europeo para fomentar la movilidad laboral-, pero en el caso de España la situación no invita al optimismo: el año pasado la tasa de movilidad laboral entre provincias se redujo por primera vez en los últimos cinco años.

Según el estudio presentado ayer, esa resistencia es especialmente frecuente en las mujeres, los trabajadores poco cualificados y los trabajadores de mayor edad. Para los expertos, las razones que explican el fenómeno provienen de varios frentes. 'La política pública de vivienda que existe en España dificulta tremendamente la movilidad laboral. Sería conveniente desarrollar políticas fiscales para favorecer los desplazamientos y eliminar las barreras burocráticas que todavía persisten ', señalaba ayer Jaime Montalvo, ex presidente del CES y presidente del Consejo Consultivo del bufete Sagardoy. Tanto Hortal como Montalvo coincidieron al asegurar que las empresas españolas están realizando esfuerzos para estimular los traslados, aunque también insistieron en que la última palabra la tiene siempre el trabajador. 'Los actores principales de la movilidad geográfica son los empleados y el factor fundamental es cultural. En España el 80% de la población muere en un radio de 20 kilómetros en torno al lugar donde nació. Los lazos familiares son muy fuertes ', recordó José Ramón Pin, profesor del IESE y director del proyecto de investigación. Pin insistió en la necesidad de que las compañías estimulen con buenas prácticas los traslados de sus trabajadores, pero recordó que éstos no pueden ser elementos pasivos. 'Los directivos que están fuera deben seguir formándose y no perder el contacto con la sede si quieren regresar a España en buenas condiciones ', resumió.

La parte negativa

  • El desarraigo. Los traslados, especialmente a otro país, tienen un coste emocional importante al alejar a la persona de su red social y familiar. Sin embargo, como explicó ayer José Ramón Pin, también pueden ser una fuente de enriquecimiento cultural para el expatriado y su familia.
  • Empeoramiento de la situación laboral de la pareja. El traslado de uno de los miembros de la pareja puede provocar que el otro deba dejar su empleo y buscar uno nuevo en el lugar de destino, algo que a veces repercute negativamente en sus intereses profesionales.
  • Los desajustes de los hijos. Es frecuente que los hijos sufran ciertos desajustes, especialmente en los estudios, cuando el traslado se lleva a cabo a un país con costumbres y lengua desconocidos.
  • El miedo al regreso. Si la empresa no especifica en qué condiciones y en qué plazo se producirá el regreso, los empleados serán más reticentes a aceptar ser trasladados a otros destinos.

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