Los villancicos, el turrón, los regalos, las guirnaldas y las cenas de empresa. La reunión con los jefes y compañeros de trabajo para celebrar las fiestas y cerrar el año es toda una tradición para muchas compañías.

Las noches de las dos semanas previas a la Navidad se convierten en un peregrinar hacia restaurantes y salas de fiesta, con los consabidos excesos gastronómicos y las posteriores dificultades para encontrar un taxi y poder poner buena cara la mañana siguiente.

Para algunas empresas, la cena de Navidad constituye un gran acontecimiento; para otras, es un engorroso peaje. Saber sacar provecho de este tipo de acontecimiento requiere, sobre todo, de una buena planificación. Hace falta saber para qué se quiere organizar el acto, cuál es el objetivo que se persigue.

“¿Se trata simplemente de agasajar a los propios empleados, o queremos buscar la integración y crear un espíritu de equipo? Hay empresas que quieren dotar a la cena de una cierta formalidad, mientras que otras sólo buscan reunir a sus empleados y premiarles con un acto distendido después de un año duro de trabajo. No todas las empresas son iguales, ni todos los años se persiguen los mismos propósitos”, explica María del Pilar Muiños, directora de la Escuela Internacional de Protocolo de Madrid.

Una de las primeras decisiones que se debe tomar está relacionada con el lugar en el que se hará la cena. Algunas empresas optan por organizar el acto en su propia sede, muchas otras prefieren contratar un restaurante o una sala de fiestas. Las opciones van desde un cóctel en el que todos los invitados permanecen de pie, hasta una cena más formal, en la que los puestos están previamente asignados. “Una cena sentada permite decidir previamente cómo queremos que la gente se relacione: podemos hacer mesas por grupos de trabajo o mezclar representates de todos los departamentos de la empresa en cada mesa”, comenta Muiños.

La organización de la cena se puede delegar en expertos. Es posible contratar una agencia especializada o dejar que sean los responsables del local contratado los que se encarguen del protocolo. Pero siempre, como recuerda Muiños, es imprescindible que alguien de la empresa supervise todo el proceso. “Hace falta alguien que conozca realmente los entresijos internos, la ordenación jerárquica de los empleados y sus buenas o malas relaciones”, señala. Y en vez de largos discursos, lo más recomendable es hacer un pequeño brindis de celebración al final de la comida.

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