Trabajan más de 70 horas a la semana. Y sus ingresos netos anuales superan los 75.000 euros. Pero no lo hacen por dinero. El 90% de los varones y el 82% de las mujeres que tienen un trabajo así lo hacen "porque es un reto y da una lección de adrenalina".

Sus motivaciones no son económicas. El 90% de los varones y el 82% de las mujeres que tienen un puesto de trabajo con estas características lo hacen "porque es un reto y da una lección de adrenalina".

Son los ejecutivos con 'trabajos extremos ', según se les califica en la revista editada por la Universidad de Harvard. Es en el fondo una nueva versión del viejo mito del adicto al trabajo. Pero con características nuevas, creadas por la globalización. Una persona con un 'trabajo extremo ' vive, literalmente, para trabajar. Pero su tarea le gusta tanto que no tiene especial interés en irse a casa.

Ésa es la conclusión a la que llegan las autoras del artículo, Sylvia Ann Hewlett y Carolyn Buck Luce, para quienes "en general, los profesionales extremos no se sienten explotados; se sienten exaltados". Tal vez porque los actuales adictos desempeñan tareas diferentes de las de sus predecesores.

"Los trabajos altamente exigentes e importantes han existido siempre, junto con los adictos al trabajo que los crearon en los casos en los que no eran necesarios. Pero, lejos de ser los patéticos robots y trepas del pasado, los profesionales de hoy se han refundido en 'dueños del universo '", explican.

Una empleada de un banco de inversión compara la emoción de tener un trabajo de responsabilidad pero extenuante con practicar un deporte de riesgo -una forma de ocio que cultivan muchos directivos-. "Las dos cosas me dan subidones", dice. Pero el precio de la adicción es la destrucción de la vida personal y familiar: un 69% de las personas con 'trabajos extremos ' cree que su empleo interfiere de forma negativa en su salud; un 58% opina que daña su relación familia; y nada menos que un 50% dice que afecta a su vida sexual.

Y es que el componente de tensión y creatividad juega un papel esencial -más que la remuneración- en el atractivo de estos trabajos, según el estudio de Hewlett y Buck. Otros factores importantes son la calidad de los compañeros de trabajo y la transformación de la oficina en un centro para socializarse con individuos igualmente brillantes.

Finalmente, están el reconocimiento y el estatus social. La remuneración, contrariamente a lo que podría parecer, juega un papel secundario, especialmente en el caso de las mujeres. De hecho, muchos de los ejecutivos encuestados han elegido su trabajo por la creatividad que les exige o el poder que les confiere antes que la nómina.

En cualquier caso, estos trabajos han llegado para quedarse. El estudio publicado en la Harvard Business Review explica que el 21% de los directivos de EEUU tiene este tipo de empleo. La globalización, además, acrecienta las presiones para que los directivos estiren su jornada laboral y se hagan más competitivos. Los clientes están en todo el mundo, lo mismo que los proveedores.

Finalmente, las empresas han recortado el número de directivos intermedios, con lo que la presión para alcanzar el mejor rendimiento se ha disparado, un fenómeno que la deslocalización ha agravado, con su permanente amenaza de que el puesto de trabajo del que uno disfruta se acabe yendo a China o India. Y, si alguien lo sabe mejor que nadie, son las autoras del estudio. Aunque ambas están en contra de la adicción al trabajo, cada una de ellas tiene dos empleos.

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