El magnate de la telefonía móvil británica John Caudwell regala a sus empleados cinco millones de euros en la cena de Navidad "Quería cuidar a la gente peor pagada", dice.

Los antiguos empleados de la compañía de móviles Phones4U no olvidarán nunca la tradicional fiesta de Navidad que este año les había preparado la empresa. El evento, celebrado el pasado sábado, era también la despedida del gran jefe, John Caudwell, de 54 años, quien el pasado verano vendió el negocio por la increíble suma de 2.165 millones de euros.

La velada se celebró en los cuarteles generales de la firma, en Stoke-on-Trent, una localidad situada en el centro de Inglaterra, famosa por sus cerámicas, y comenzó como cabía esperar. Hubo una cena, alegrada con vino, y a los postres Will Young, un popular cantante salido de un concurso de televisión, se encargó de entretener a los presentes. La sorpresa llegó después, cuando los camareros, tras servir una copa de champán, recorrieron las mesas entregando un sobre dorado a cada invitado. Fue en ese momento cuando Caudwell subió al estrado para anunciar que dentro de los sobres había una recompensa para sus 500 empleados más leales.

Agradecimiento

"Es una pequeña muestra de agradecimiento por vuestros servicios", dijo el conocido magnate ante una audiencia muda de golpe y en la que los corazones comenzaron a galopar desbocados. El rasgar de los sobres y las primeras exclamaciones de sorpresa y júbilo, rompieron el silencio. Cada uno y cada cual tenía delante un cheque a su nombre, por una cantidad que oscilaba entre los 7.500 y los 22.000 euros, a razón de los años trabajados en la compañía. En total, el aguinaldo repartido fue de más de cinco millones de euros.

"Todo el mundo comenzó a llamar a casa o mandar mensajes con el móvil a su gente más querida. Luego empezaron a abrazarse unos a otros", ha contado un testigo al diario The Independent. Los agraciados con el inesperado gordo eran vendedores y empleados, con los salarios más bajos en la empresa. "Los ejecutivos ya han salido muy beneficiados con la venta. Lo que quería era cuidar a la gente peor pagada, porque muchos de ellos han trabajado muy duro durante años y han sido muy leales", fue la explicación de Caudwell, que figura en el número 29 de la lista de personas más ricas del Reino Unido. Una fortuna hecha partiendo de cero, a golpe de intuición, esfuerzo y con unos métodos de gestión poco caritativos.

Nulo en la escuela, donde le hacían la vida imposible por ser pelirrojo, huérfano desde la adolescencia, el magnate que hoy posee una fortuna personal de 3.000 millones de euros comenzó limpiando suelos, para pasar después una década trabajando en la factoría de neumáticos Michelin. "Si quieres ser un profesional, debes tener un título; pero si quieres ser un hombre de negocios, vete a vender y empieza a aprender en la tienda", es la recomendación de quien vio como sus primeros intentos de hacer dinero, con un negocio de comestibles y un servicio de venta por correo, fracasaron.

Inicios difíciles

Su debut en el mundo de la telefonía móvil tampoco fue muy prometedor. En 1987, entre él y su hermano Brian, compraron 26 teléfonos Motorola al precio de casi 2.000 euros cada uno. El móvil era entonces un objeto carísimo e inalcanzable, reservado a la pequeña élite de los yuppies en la City. A Caudwell le costó ocho meses vender aquel primer lote de móviles, pero tuvo la visión suficiente para darse cuenta que el negocio tenía futuro. En poco tiempo creó un imperio, con una de red de distribución logística y una cadena de 350 tiendas en el Reino Unido, Phones4U, que vendió a principios del pasado agosto. Alérgico a los sindicatos, las relaciones con los empleados, a los que prohibió utilizar el correo electrónico durante la jornada laboral, han sido a veces conflictivas. Su métodos empresariales también. El año pasado tuvo que pagar a la firma rival, British Telecom (BT), 220.000 euros de indemnización después de que los vendedores de Phones4U se hicieran pasar por agentes de BT para llevarse a los clientes. También ha sostenido un largo pulso con la Hacienda británica, por evasión de impuestos, que terminó costándole 19 millones de euros. Pero para sus socios y empleados, Caudwell es hoy un héroe, con un corazón enorme, que en el momento del adiós no ha olvidado a quienes le ayudaron a salir de la nada.

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