Cuando se acercan unas elecciones las discusiones políticas llegan al trabajo. Los debates sobre cuestiones sensibles pueden provocar situaciones violentas. En Estados Unidos se aconseja a RH que se prepare para evitar este tipo de situaciones.

Con la proximidad de unas elecciones, como ha sido el caso de las del Congreso de Estados Unidos en noviembre de 2006, las conversaciones políticas aumentan de intensidad en los lugares de trabajo. Los expertos animan a las empresas a intentar evitar que se produzcan enfrentamientos violentos y a aconsejar a los empleados que sean tolerantes con las diferentes posiciones políticas.

“Ahora especialmente, con un tema como la guerra de Irak, algunas familias se van a sentir afectadas porque sus seres queridos se encuentran allí, mientras otros se sentirán de manera totalmente distinta. Es imprescindible recordar a los trabajadores porqué están en el trabajo: para trabajar”, afirma William Bowler, vicepresidente senior de Employee Services Inc., un programa nacional de ayuda a los empleados en Wellsville, N.Y. “Algunas organizaciones”, dice, “han prohibido que se vean los debates televisivos en los lugares de trabajo porque agitan las opiniones y sólo permiten escuchar música.”

Aunque algunos expertos en derecho del trabajo consultados para este tema se negaron a citar casos específicos de discusiones producidas durante la última campaña electoral, todos ellos confirmaron que se experimenta un aumento de la tensión política entre los empleados por estas fechas.

“En general advierto a las empresas de que las discusiones políticas son peligrosas en el trabajo”, comenta Sarah Bouchard, una abogada que trabaja con Morgan Lewis en Filadelfia. “Cómo determinar los parámetros y comunicarlos a sus empleados depende de ellos, pero es necesario tenerlo en cuenta”.

Estas discusiones acaloradas son especialmente peligrosas para los departamentos de RH, según Chris Jones, presidente de Washington-based PoliTemps (una agencia independiente de selección de personal para los partidos políticos) ya que pueden desembocar “en temas sociales o religiosos, como las teorías evolucionistas o el matrimonio entre personas del mismo sexo; en estas ocasiones es cuando los ejecutivos de RH deben estar atentos.” Cuando algunas personas se sienten ofendidas por críticas agresivas sobre sus creencias religiosas o por su orientación sexual, pueden producirse peleas.

Otro tema candente en la campaña electoral es la inmigración. “La discusión sobre si deberíamos permitir que más o menos inmigrantes cruzaran nuestras fronteras puede conducir a que alguien se sienta discriminado por su origen o su nacionalidad”, comenta Steve Gerber, miembro del Instituto de Derecho de DRI-The Voice of the Defense Bar, una organización nacional con más de 22.000 abogados que trabajan en Chicago. “Aunque las empresas no deben precipitarse prohibiendo charlas sobre política, hay que tener en cuenta su peligro potencial”.

Un colaborador del Keshler Talk Blog, un sitio web que ofrece “noticias y opiniones desde una perspectiva judía hawkish liberal (de tendencia conservadora)”, cuenta hasta qué punto la campaña electoral puede agitar el clima en las empresas. “Yo soy de centro-derecha y trabajo en un ambiente muy de izquierdas. No sabría contar las veces en que una reunión se ha convertido en una discusión política”, explica este colaborador. “Generalmente mantengo la boca cerrada (lo que probablemente me condena) porque tengo que trabajar con esa gente. Algunos pusieron el grito en el cielo cuando durante la campaña de 2004 se enteraron de que uno de nosotros no odiaba a Bush. Los que sí que lo odiaban se enfurecieron y empezó una fuerte discusión que pronto comportó que desde RH se nos enviara un e-mail a todos pidiendo que respetáramos las opiniones políticas de los demás”.

Bowler recomienda que “se haga una circular o una charla planteando que, con la proximidad de las elecciones, hay que distinguir entre hablar sobre política y generar situaciones que pueden ofender a los demás”, afirma. “Este año hay temas muy sensibles que pueden convertirse en situaciones violentas potenciales, o incluso en acoso”.

“Las pasiones que despierta la guerra de Irak han alcanzado casi el mismo fervor que los acalorados debates sobre Kerry y Bush en las elecciones presidenciales de 2004”, cuenta Jones. Durante ese período electoral, ocurrió un caso escandaloso en Alabama. Una mujer fue despedida por tener una pegatina de John Kerry en el parachoques de su coche. “Elige entre trabajar aquí o hacerlo para John Kerry”, le dijeron su jefes.

Sin embargo, Jones añade que se debe promover un debate saludable porque hay que animar a la gente para que vaya a votar. Algunas empresas han tomado la iniciativa de dar más tiempo libre a los trabajadores el día de las elecciones. También se debe ver si se pierde demasiado tiempo discutiendo o navegando en páginas web políticas, dejando de lado el trabajo. La mejor manera de asegurarse de que los trabajadores están utilizando adecuadamente su tiempo es creando y haciendo cumplir una política referida al uso de Internet, iPods, etc., afirma Gerber.

“Se debe tener cuidado porque este país se basa en la libertad de expresión.” La charla de advertencia durante una campaña, sostiene Jones, es diferente a que una empresa opte por prohibir un programa de televisión determinado, y destaca que “limitar la libertad de expresión es peligroso en los Estados Unidos”.

“Todo debe hacerse de forma equilibrada y con respeto”, añade. “Hay que intentar inculcar el sentido del decoro y el del equilibrio y estar atento a todo lo que sucede antes de las elecciones”.

Acceso a la noticia: http://www.hreonline.com/HRE/story.jsp?storyId=7983790&query=politics

Acceso a blog sobre el despido de la mujer de Alabama: http://www.slate.com/id/2106714

* Fransch, Kristen, B. “Debating Politics at Work”. Human Resource Executive Online, 02/11/2006. (Artículo consultado on line: 12/12/2006)

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