Fausto Miguélez, catedrático de Sociología de la UAB: "Las capas medias están perdiendo peso en el nervio central de la estructura social, donde reside el poder y el estatus, aunque no lo pierden en los privilegios que derivan de su posición laboral."

Con frecuencia se alude a la crisis de las capas medias para señalar la profundidad de la crisis de la estructura social en las sociedades desarrolladas derivada de los grandes cambios en la economía, en el trabajo, en el Estado del bienestar. Siempre ha sido difícil definir esas capas y lo es, por tanto, hablar de su crisis actual. Con todo, he aquí algunas ideas para el debate.

En primer lugar creo que es adecuado diferenciar entre capas medias tradicionales y capas medias modernas. Las primeras constituyen el conjunto de los pequeños empresarios, con pocos asalariados o en negocio familiar, que han constituido una parte importante del sistema productivo de nuestras sociedades hasta hace poco. Las segundas son aquellos sectores cuyos recursos fundamentales -´capital´, según otras terminologías- son sus propios conocimientos y preparación.

Estas últimas han tenido un importantísimo crecimiento en las sociedades modernas. Por ejemplo, en la estructura ocupacional española actual, el 18,5% de todos los ocupados son profesionales superiores y el 12,3% son técnicos medios, proporciones de gran importancia si consideremos capas medias ambos grupos o sólo el primero. En estos colectivos, las diferencias internas son también importantes, según se trate de asalariados o no asalariados, del sector público o privado.

Hay pocas dudas de que las capas medias tradicionales están en franco declive económico o cuando menos de poder social. Las ´empresas red´, las grandes cadenas de distribución, comerciales y de servicios, las nuevas formas de venta y de consumo están eliminando a muchos pequeños propietarios y, cuando no es así, los están convirtiendo en meros satélites de los primeros. Cierto que las políticas europeas de empleo intentan impulsar el autoempleo, pero la ´mortandad´ económica de muchos de estos autoempleados es alta o con frecuencia se convierten en ´autónomos dependientes´ de una empresa grande. La magnitud de la crisis se percibe en su reproducción: los hijos de los pequeños propietarios tradicionales desertan en masa de los negocios de sus mayores.

¿Pero hay también crisis en las modernas capas medias? La primera respuesta que sugiere esta pregunta es que su espectacular crecimiento ha reducido indudablemente su posición privilegiada de equilibrio y de mediación entre las clases tradicionales de la sociedad industrial y, por tanto, ha debilitado su poder social. Los gestores de la política y de las políticas, de la opinión pública, de los servicios a las empresas y las personas, los organizadores de la producción y del empleo se han multiplicado, diversificado y segmentado internamente. Es una segmentación y una difuminación de su papel y de su poder. Esta es la gran crisis de las capas medias en una sociedad que se polariza, acentuándose el poder de las grandes corporaciones aún por encima de muchos países, aunque se multipliquen las instituciones de participación.

Pero las cosas son más complejas en el terreno del consumo y de las condiciones de vida, donde se configurarían hoy las grandes desigualdades. Ciertos sectores de las capas medias han sido golpeados por la crisis del empleo y por la disminución de los recursos públicos, lo que ha debilitado su capacidad adquisitiva. En el primer caso están muchos gestores y técnicos altos y medios de empresas medianas que ven debilitada su competitividad, o de grandes empresas que se deslocalizan; en el segundo tenemos a los profesionales y técnicos que prestan sus servicios en la Administración y en los servicios públicos.

Por otro lado, en las sociedades modernas el consumo se ha universalizado: muchos tienen acceso a consumos de alto simbolismo otrora privilegio de estas capas medias: viajar, tener segunda residencia, automóvil, ocio y consumo superfluo. Pero si miramos las cosas con más precisión, el consumo se ha universalizado al tiempo que se ha segmentado también: hay viajes y viajes, hay restaurantes caros y baratos, hay automóviles potentes y utilitarios, hay residencias y casitas, y así sucesivamente. Las capas medias siguen siendo grandes clientes del segmento alto del consumo, siguen teniendo privilegios en una aparente ´proletarización´ de las formas de vida. Pero aunque están ahí, las diferencias son menos visibles, lo que debilita su posición de estatus.

En suma, las capas medias están perdiendo peso en el nervio central de la estructura social, donde reside el poder y el estatus, aunque no lo pierden en los privilegios que derivan de su posición laboral. Pero, mirando hacia el futuro, estos privilegios de las capas medias modernas podrían ser el canto del cisne. Su reproducción como capas medias está en grave riesgo. Sus hijos no obtienen los puestos de privilegio que ellos tuvieron. Hay mucha competitividad, al tiempo que se difunde en toda la sociedad la precariedad de los empleos.

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