Factores como el bienestar y la calidad de vida ganan terreno a los indicadores económicos para medir aspectos como el nivel de vida y de satisfacción. El Índice de Desarrollo Humano de la ONU mide, por ejemplo, la esperanza de vida y la alfabetización.

Es hora de admitir que la vida no sólo es dinero, y que no sólo nos preocupa el PIB, sino también en el Bienestar General. Se trata de la belleza de nuestro entorno, de la calidad de nuestra cultura y sobre todo de la fuerza de nuestras relaciones. Pertenecer a alguien y a algún lugar produce una satisfacción profunda. ' El discurso no es de ningún ideólogo de la contracultura, sino del líder del Partido Conservador británico, David Cameron, que comparó en mayo pasado todo un índice económico con algo en principio intangible como la felicidad.

Los economistas renunciaron hace décadas a formalizar un cálculo, pero desde que en 2002 un psicólogo, Daniel Kahneman, recibió el Nobel de Economía por investigar cómo evalúan los individuos sus ganancias y sus pérdidas, han ido apareciendo nuevos rankings de felicidad de la mano de economistas, psicólogos y sociólogos.

Su objetivo es encontrar una referencia política que sustituya a la renta per cápita. El Índice de Desarrollo Humano de la ONU, inspirado en las ideas por Amartya Sen (Nobel de Economía en 1998), es el más exitoso intento de crear un indicador social además de económico. Incluye el índice de alfabetización y la esperanza de vida. La crítica principal que se le hace es que incluye en su cálculo el propio PIB, por lo que ambos índices están muy correlacionados, y los países industrializados copan los primeros puestos.

Que el gasto sanitario sea indicativo directo del desarrollo también está en discusión. Daniel Jover Torregrosa, cofundador de la ONG Promocions, considera que 'el consumo de tranquilizantes, que en Francia supera el 3% ', es más bien sinónimo de enfermedades. 'La medicina debe apostar por la prevención '. El consumo excesivo también es objeto de su censura: 'Un importante porcentaje de los regalos navideños se devuelven. Da igual si los necesitas o no. La prosperidad económica se ha convertido en un fin ', resume, 'en lugar de en un medio para lograr la felicidad. '

Para compensar este sesgo material el propio Amartya Sen ha propuesto tener en cuenta también las capacidades o derechos de los ciudadanos, como la propiedad, el voto, o la igualdad de género, preguntando a los encuestados en cuánto dinero las valoran. 'Se trata de evaluar no sólo la vida que tienen sino la cantidad y la calidad de las vidas que podrían tener ', explica Rebeca Echávarri, profesora de Economía de la Universidad Pública de Navarra (UPN). 'Pero a los economistas les cuesta aceptar todo aquello que no tenga un precio '.

Más lejos aún llegan los que pretenden medir la calidad de vida de las generaciones futuras, evaluando la sostenibilidad ambiental. En esa línea va el Happy Life Index, del gabinete de estudios británico New Economics Foundation.

En el otro extremo del laberinto están los psicólogos, que creen que la mejor manera de medir la felicidad son las encuestas en las que cada individuo valora su propio bienestar. Esta subjetividad es la que plantea más dudas a los economistas. Juan Franco Pueyo, decano de la Facultad de Económicas de la UPN, proyecta sus dudas en la semántica. 'El bienestar es algo social, tiene que ver con el gasto en civismo, con la responsabilidad social de las empresas, y me parece interesante que se mida. La felicidad no se puede medir, porque es algo individual. '

La satisfacción subjetiva

El psicólogo Carmelo Vázquez, que ha colaborado indirectamente con Kahneman, prefiere también hablar de bienestar, pero por otros motivos: el término felicidad lo considera 'más filosófico, menos científico ', e incluso prefiere el de satisfacción al de bienestar, 'que parece más transitorio, más hedónico '.

¿Pero se puede medir realmente la satisfacción -o lo que sea- individual? Los psicólogos creen que sí. 'El término subjetividad está mal visto; eso puede tener sentido cuando lo que valora un individuo son los sentimientos de otro, pero cuando lo que valora son los suyos propios, sigue siendo subjetivo pero eso es precisamente lo que le da valor ', explica Vázquez.

Las encuestas sobre satisfacción preguntan directamente a la persona si se siente 'muy, bastante, poco o nada satisfecha ', o piden que se valore el grado de bienestar del 1 al 10. Vázquez destaca que las respuestas tienden a estar por encima del 5, lo que atribuye a que la gente tiende a creerse más feliz que desgraciada, por pura supervivencia.

En el caso de que se pueda medir la felicidad, ¿se pueden comparar los valores de unos países con otros, con la idea de encontrar un patrón, unos factores generales que indiquen felicidad? Amartya Sen considera que el índice de felicidad no debe calcularse de la misma forma en todos los países, porque valores como la religión o la familia tienen más peso en unos que en otros.

Los psicólogos, sin embargo, dicen haber encontrado valores que favorecen el bienestar, aunque reconocen también algunas dificultades en la comparación. La principal es que decir que uno es feliz no está igualmente valorado en unos lugares y en otros; en los individualistas está mal visto no serlo, porque se considera un fracaso personal, mientras que donde se da más valor a lo colectivo, como China y Japón, los encuestados tienden a disimular su bienestar.

Lo que casi nadie discute ya es que la búsqueda de la felicidad en el dinero está agotada en muchos países del mundo, como resumía hace unas semanas un editorial de la revista The Economist: 'El capitalismo puede enriquecerte, y te da libertad para ser tan desgraciado como quieras. Pedirle más sería demasiado '.

El precio de lo social

El Índice de Desarrollo Humano de la ONU nació hace 14 años con la idea de contrapesar la hegemonía del producto interior bruto. Desarrollado por el economista paquistaní Mahbub ul Haq, en su cálculo tiene en cuenta la esperanza de vida, el índice de alfabetización, la tasa bruta combinada de matriculación en los distintos niveles educativos, y el propio PIB.

El informe refleja desde su creación una mejora sostenida en todo el mundo, a excepción del África subsahariana. Los países con un índice por debajo de 0,5 se consideran subdesarrollados; 31 países cumplen dicha condición, de los cuales 29 están en África. Es la única región donde ha disminuido la esperanza de vida desde 1993.

Los que tienen por encima de 0,8 se consideran muy desarrollados, y entre ellos predominan los occidentales.

La lista consta de 177 de los 192 miembros de la ONU, puesto que algunos eligen no participar en él o no aportan los datos necesarios (Serbia, Montenegro y Taiwán entre ellos). Noruega lleva desde 2001 en el primer puesto, que antes estuvo ocupado por Canadá.

La huella en el ambiente

A primera vista, el Índice del Planeta Feliz (Happy Planet Index) parece estar al revés -si se exceptúa a los países subsaharianos, que se acumulan en la parte baja de la lista. Estados Unidos aparece en la posición 150, mientras que Vanuatu (119 en el Índice de Desarrollo Humano) se lleva el primer puesto.

El truco es que este ranking, creado por el gabinete de estudios británico socialdemócrata New Economics Foundation, tiene en cuenta el impacto en el medio ambiente (en el suyo y en el de otros países), además de su esperanza de vida y su bienestar subjetivo (procedente de encuestas como el World Values Survey, una de las referencias en el entorno científico). Mide, por tanto, la sostenibilidad del bienestar.

El impacto medioambiental es mayor cuanto más contamina un país, pero también cuantos más recursos naturales de otros Estados utiliza.

Los países del G-8 quedan bastante atrás, mientras que los países centroamericanos, y las islas en general (la propia República de Vanuatu es un archipiélago polinesio) quedan bastante bien clasificadas. España queda en un lugar intermedio, en el puesto número 87.

Acceso a: Happy Planet Index http://www.happyplanetindex.org/about.htm

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