El aumento de la natalidad que se había generado en los últimos años amenaza con estancarse. La falta de políticas familiares y de incentivos son algunas de las razones. Las causas que propiciaron el brusco descenso de 1995 no se han corregido.

El aumento de la natalidad experimentado en Catalunya desde 1995, el año en que nacieron menos niños en toda la historia de este país, está a punto de tocar techo ya que las razones sociales que lo propiciaron van a dar muy poco más de sí, coinciden demógrafos y expertos en atención maternoinfantil. La bonanza demográfica se agota sin que los factores que disuadieron la maternidad se hayan modificado. Francia, en cambio, ha demostrado que esa tendencia se puede invertir. Ya es el país de Europa con más fecundidad.

La llegada de inmigrantes jóvenes, padres de más de un 15% de los catalanes que tienen menos de 10 años, y la entrada en la treintena, edad de máxima maternidad, de las catalanas hijas del baby boom de los 70, las dos fuentes en que se apoyó el aumento de nacimientos en Catalunya, se extinguen.

"La mayor fecundidad atribuida a la inmigración ya ha subido todo lo que podía hacerlo, porque los extranjeros imitan rápidamente las costumbres de aquí y dejan de tener todos los hijos que en sus países de origen desearían", afirmó ayer Daniel Devolder, demógrafo y profesor de Economía en la Universitat Autónoma de Barcelona. "Las inmigrantes, que siempre son personas jóvenes, han aumentado la cifra de nacimientos, pero a medida que se estabilizan, lo que hacen en pocos años, tienen los mismos hijos por mujer que las nacidas aquí", coincidió Ramon Prats, responsable de la salud maternoinfantil en la Conselleria de Salut.

NO EXISTEN INCENTIVOS

En Catalunya, y en resto de España, no se ha diseñado una política familiar desde que se instauró la democracia, añadió el profesor Devolder. "No existen condiciones laborales, escolares, fiscales o económicas que incentiven la búsqueda de un hijo --dijo--, y tampoco no sabemos cómo reaccionarían las españolas si la Administración facilitara la maternidad".

Factores como el horario laboral flexible, la gratuidad de las guarderías o la reducción de impuestos por hijo nacido, puntualizó Devolder, no siempre son garantía inmediata de una mayor natalidad, como se constata en Gran Bretaña o Alemania, pero su ausencia convierte en un cúmulo de dificultades la idea de tener hijos.

El nivel de fecundidad femenina que permite en occidente un relevo generacional sostenible en términos biológicos, y que asegura el pago de las pensiones a las generaciones mayores, exige el nacimiento de 2,1 hijos por cada mujer en edad fértil. En el 2005, último año contabilizado por la Generalitat, ese indicador alcanzó los 1,43 hijos en Catalunya, lo que se tradujo en el nacimiento de 80.600 niños. En 1995 la tasa de fecundidad catalana cayó a 1,14 niños por mujer, la más baja del mundo.

Desde 1999, España ya no ocupa el último lugar en los índices de natalidad de Europa. La han superado Ucrania, Letonia y Polonia. "La inmigración y el baby boom de los 70 han aumentado las cifras de nacimientos, aunque, en realidad, la tasa de fecundidad (el número de hijos por cada mujer) no ha variado --sostiene Prats--. Los motivos económicos que disuaden de tener hijos afectan tanto a las catalanas de origen como a las extranjeras".

La reticencia con que algunas empresas aceptan, o incluso vetan, el embarazo de sus empleadas, la ausencia de horarios laborales compatibles con el cuidado de un niño y la evidente necesidad de las mujeres de mantener una actividad laboral, son factores que mantienen a España en esa peligrosa tesitura. Se trata de causas identificadas, ampliamente debatidas en los medios de comunicación, que, no obstante, están resultando inamovibles.

SOLAS Y SOLTERAS

El mapa demográfico ha experimentado otra variación sustancial: más de un 20% de la población femenina mayor de 40 años no ha tenido descendencia y, muy probablemente, ya no la tendrá. En 1995, eran un 10% las mujeres en edad fértil sin hijos.

La formación de una familia de modelo tradicional no es un elemento que influya en este fenómeno, o, al menos, así ha ocurrido en en Francia, donde a medida que se desplomaba la cifra de matrimonios --religiosos o laicos--, ha ido aumentando el número de nacimientos. Un 50% de los recién nacidos franceses del 2006 fueron hijos de parejas no casadas, una circunstancia que en 1970 afectó a un 6% de los niños.

Un factor, también con causa laboral, que sí incide en la reducción del número de nacimientos es la edad en que la mayoría de mujeres tienen el primer hijo. Si en los años 70, eso sucedía a los 25 años como media, ahora es excepcional el embarazo que se emprende antes de los 30, con excepción de las inmigrantes suramericanas.

"Para que las catalanas recuperen los índices de natalidad de hace 20 años, deberían empezar a tener sus hijos mucho antes de lo que lo hacen ahora --considera Devolder--. De otra forma, la edad marca la pauta y complica mucho la posibilidad de aumentar la familia".

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