La prejubilación alrededor de los 50 supone un alto porcentaje en España. Afecta al sistema de pensiones y a la productividad de las empresas. Éstas a menudo piden servicios de consultoría externa a sus ex empleados, lo que les beneficia económicamente.

Prejubilación no es sinónimo de inactividad. Las empresas piden cada vez más servicios de consultoría a ex empleados en la cincuentena

Casi la mitad de los españoles de entre 50 y 54 años ha dado carpetazo definitivo a su vida laboral. En opinión de muchos es un porcentaje excesivo que puede arrojar inquietud sobre los efectos de esta pérdida de capital humano y también sobre la sostenibilidad del sistema público de pensiones, a la vista del progresivo aumento de la esperanza de vida en nuestro país. El mercado laboral español ha rejuvenecido hasta el punto de que España es el país de los Quince con menos trabajadores al comienzo de la cincuentena, una circunstancia que se ha convertido en arma de doble filo, según expertos en recursos humanos.

'Es preocupante el elevado nivel de inactividad que se produce después de los 50 años. No sería tan grave que hubiera pocos activos, lo más preocupante es que los activos han pasado tempranamente a la inactividad con el consiguiente efecto negativo sobre la productividad ', señala Alfonso Jiménez, socio director de la consultora People Matters. 'Ahora es más complicado encontrar a jóvenes con los que sustituir por un salario más barato a los empleados más veteranos ', señala José Ignacio Arraiz, presidente de Hay Group. En este sentido, Alfonso Jiménez insiste en que 'en estos momentos no son planteables los modelos de prejubilación como lo pudieron ser en los años 80 y 90. Hoy ya no tienen sentido, al menos como método generalizado '.

De hecho, y después de la oleada de prejubilaciones impuesta por la consigna del ahorro de costes y la búsqueda de la eficiencia, comienza a observarse un fenómeno nuevo, el de los prejubilados que se reconvierten en consultores o trabajadores autónomos y que en algunos casos llegan incluso a prestar sus servicios en la misma empresa que decidió prescindir de ellos. Las razones tienen mucho que ver con la lógica empresarial, ya que para las empresas que deciden prejubilar a sus empleados de más edad puede resultar más interesante contar con el asesoramiento puntual de expertos en la materia, a modo de consejeros, y con un coste inferior al de tener a un alto ejecutivo en plantilla. 'Un asesor fuera de plantilla no genera obligaciones y se consigue mantener el capital humano a un coste más barato a corto plazo ', señala José Ignacio Arraiz.

Desde el lado del empleado de más de 50 años, estas tareas de asesoramiento son sin duda una brillante alternativa a la inactividad, aunque sólo estén al alcance de los más cualificados. Según explica Yolanda Gutiérrez, socia de recursos humanos de PricewaterhouseCoopers, el mantenimiento del vínculo con el mercado laboral más allá de los 50 años dependerá directamente del valor añadido que sea capaz de aportar el trabajador. 'El reingreso en el mercado laboral tradicional sí es más difícil. Pero existen otras fórmulas muy interesantes para personas con un elevado conocimiento del negocio y que aún nos cuesta ver en España ', añade Gutiérrez. Colaboraciones a tiempo parcial, ponencias en seminarios o participación en consejos consultivos en empresas son algunas de las opciones que demuestran que queda vida laboral más allá de la prejubilación.

'El trabajador consigue ser menos esclavo del día a día ', apunta la experta de PricewaterhouseCoopers, para quien las grandes compañías españolas que han recurrido a amplios planes de prejubilaciones, como Telefónica, Santander o BBVA, sí podrían haber perdido una valiosa mano de obra con una elevada cualificación. La gran mayoría de los altos ejecutivos prejubilados en estas compañías ha encontrado un rápido hueco en la gestión empresarial y en la consultoría.

Las 'prejubilaciones ' millonarias de la gran banca

Santander y BBVA son una fuente abundante de altos ejecutivos reconvertidos años después de su salida de estas entidades en consultores o en ejecutivos de otros sectores empresariales ajenos a la banca. La oleada de prejubilaciones de la gran banca coincidió con agitadas luchas de poder y con profundas reorganizaciones de estas entidades, al margen, en todo caso, del objetivo de ahorro de costes que determina los planes de prejubilación del empleado raso.

El ejemplo más polémico fue el del ex consejero delegado del entonces BSCH, Ángel Corcóstegui, que dejó el banco a los 51 años con una prejubilación sin precedente de 108 millones de euros que acabó en los tribunales. Corcóstegui ha puesto en marcha junto con Baldomero Falcones, otro ex directivo de BSCH, el fondo de capital riesgo Magnum Industrial Partners.

José Luis del Valle, ex director financiero de Santander, es ahora director de estrategia de Iberdrola. José María Caínzos, ex vicepresidente de BBVA, preside el Comité de Normas Profesionales del Instituto de Consejeros-Administradores y participó en la elaboración del Código Conthe.

Falta de cualificación, la otra cara de la moneda

El lado más ingrato del mercado laboral en la cincuentena queda para los empleados sin cualificación. El grado de ocupación en la franja de edad entre 55 y 64 años es mucho más elevado entre los empleados con una formación alta, llegando al 63,7%. Entre los ciudadanos con un grado de formación medio, la ocupación desciende a esa edad al 48% y se reduce al 32% para los trabajadores con un bajo nivel educativo, según los últimos datos disponibles de Eurostat. Los expertos reconocen que, a la hora de encontrar ocupaciones tras la prejubilación, la búsqueda resulta mucho más difícil para aquellos empleados sin cualificación.

A la ventaja de una elevada cualificación se suma además el hecho de que los altos cargos reciben una cuantía significativa en el momento de su prejubilación que les deja por tanto mayor margen financiero para abordar nuevos proyectos laborales.

En el caso de la banca, y según explican fuentes sindicales, los altos ejecutivos han recibido en el momento de su marcha el importe global de la prejubilación. A partir de ahí, el ex empleado asume el coste de la parte que le corresponde seguir pagando a la Seguridad Social hasta su jubilación, mientras que la empresa continúa abonando la suya. Si el prejubilado comienza a desarrollar otra actividad, debe comunicar a su antigua empresa que ya no debe asumir el pago que le corresponde por su cotización.

En numerosas ocasiones, el contrato de prejubilación establece además que el empleado no podrá desempeñar tareas que vayan en contra de los intereses de la compañía.

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