Lucy Kellaway, Financial Times: "La otra noche conocí a un joven que acababa de terminar sus estudios en Cambridge. Le pregunté qué quería hacer con su vida. Me miró fríamente y me dijo que ya le habían llovido ofertas de Goldman Sachs o Morgan Stanley."

La otra noche asistí a una fiesta y conocí a un joven que acababa de terminar sus estudios en Cambridge. Con cierta condescendencia, le pregunté qué quería hacer con su vida. Me miró fríamente y me dijo que ya le habían llovido ofertas de Goldman Sachs, Morgan Stanley, la BBC y McKinsey.

Ante la pregunta de cuál de los empleos pensaba aceptar, me respondió que el de McKinsey porque allí la competencia era mucho más cruda que en cualquiera de las otras empresas. Me sentí impresionada y deprimida al mismo tiempo. Su lógica, aunque mecánica, era aplastante. Si no se cuenta con una vocación concreta, el hecho de que haya mucha gente interesada en un puesto de trabajo siempre parece una mejor apuesta que un empleo que pocos desean.

Aun así, su actitud me parece un tanto taciturna. Yo recuerdo que decidí convertirme en periodista simplemente porque mis amigos más guays lo eran. También he preguntado a una amiga de mi edad experta en publicidad qué le llevó a elegir la profesión. "Porque me encantaban la ropa y los coches", me respondió. Su motivo parece aún más chapucero que el mío, aunque de hecho al final funcionó igual de bien. Todavía le gustan la ropa, los coches y el trabajo.

Muchos eligen su empleo porque les han rechazado en otros puestos. No hay nada de malo en ello, porque, de hecho, algunas de las carreras más brillantes han comenzado así. Aunque todos los motivos sean perfectamente válidos, lo cierto es que nadie mencionaríamos ninguno de ellos en una entrevista.

He echado un vistazo a la página web de McKinsey y esto es lo que, se supone, motiva a los jóvenes a interesarse por trabajar en la empresa: "Para ayudar a los líderes a hacer progresos sustanciales y duraderos". Mi prepotente amigo no mencionó nada de eso. Si me presentan a un recién licenciado que, después de leer algo así, todavía está interesado en la empresa, realmente pensaré que es raro, raro, raro.

Hay una gran diferencia entre lo que los aspirantes a un empleo quieren y lo que las empresas creen que deberían querer. En un esfuerzo por intentar salvar esa diferencia, Deloitte ha realizado investigaciones para ayudar a los bancos de EEUU a contratar lo que ellos denominan la Generación Y: los nacidos entre 1982 y 1993.

Su folleto lleva por título Gestión del Talento Generacional-Estrategias para atraer e involucrar a la generación Y a la banca de EEUU. Mi primera objeción es sobre el uso de la palabra "talento". El talento solía ser una excepción y ahora se utiliza para referirse a cualquier empleado. La mayor parte del "talento" que acabe trabajando en la banca de EEUU no tendrá ningún talento. Deloitte también ha elaborado una lista de cosas que, se supone, interesan a la Generación Y.

En primer lugar, parece que necesitan objetivos y encontrar sentido a lo que hacen. Sugerir, como hace Deloitte, que los bancos deberían "permitir que cada uno descubra lo que da sentido a su trabajo" es una de las peores ideas que he oído nunca. Si un trabajador quiere buscar una finalidad, debería hacerlo fuera del horario laboral.

En segundo lugar, parece que a la Generación Y le interesa tener contacto con mentores en la empresa. Lo dudo. El papel de un consejero sólo puede ser positivo cuando se produce la extraña casualidad de que dos personas llegan a congeniar.

En tercer lugar, a la Generación Y le gusta el entorno laboral rodeado de las últimas tecnologías. Cierto, aunque es evidente que no va a faltar tecnología que los mantenga ocupados.

En cuarto lugar, les interesa un mayor equilibrio entre trabajo y vida personal. ¿Seguro? Recuerdo que mi prepotente amigo estaba deseando incorporarse a un trabajo que le absorbería un total de 85 horas semanales.

Por último, a la Generación Y le interesan las "redes sociales abiertas en las que hay una comunicación honesta". No puedo hacer comentarios al respecto, porque no sé lo que significa la frase en cuestión.

En mi opinión, la Generación Y es igual que las anteriores, con la diferencia de que es más blanda y tiene menos experiencia. Como empleados, les interesa lo mismo que al resto: un buen salario, un trabajo interesante y el reconocimiento por lo que hacen. Las empresas que ofrezcan esto encontrarán gente con verdadero talento, jóvenes y no tanto.

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