La formalidad importa, pero se adapta a los tiempos. Los años de la burbuja tecnológica impusieron la moda informal en las empresas, pero la corbata ha vuelto con fuerza y, en algunos casos, lo ha hecho de forma espontánea

La formalidad importa, pero se adapta a los tiempos. Los años de la burbuja tecnológica impusieron la moda informal en las empresas, pero la corbata ha vuelto con fuerza y, en algunos casos - como en las reuniones del Círculo de Economía- , lo ha hecho de forma espontánea. Debate sobre un tema que levanta pasiones.

Hemos vuelto a la corbata", afirma tajante un portavoz del Círculo de Economía para definir el ambiente que se respira en las Jornadas de Economía que celebra esta institución en Sitges. En las primeras ediciones, celebradas en Lloret de Mar, el Círculo advertía a los asistentes que "no es necesario vestimenta formal" y animaba a crear un "ambiente distendido". En las últimas ediciones, sin embargo, el traje y la corbata han vuelto a llenar las salas. "Aunque el que no lleva corbata tampoco desentona", concluye.

La corbata ha vuelto después de años de valorización de la informalidad, de ruptura con las tradiciones, de enfatizar la espontaneidad asociada a la juventud y a la creatividad, máximos exponentes de la era internet. De aquellos años para acá - de cuando hasta los banqueros imitaban a los ejecutivos de las empresas . com aparcando la corbata- se ha pasado a una nueva era en la que la formalidad ha recuperado posiciones. Incluso los casual friday,esos viernes en los que se permite romper la norma vestimentaria en el seno de las empresas, deben cumplirse con mesura. O dicho a la manera de una consultora de recursos humanos: "El vestido informal de los viernes debe quedar limitado a pantalones chinos y camisas de tonos pastel".

¿Significa todo esto un regreso a la tradición? Para Rosa Collell, directora del Gran Teatre del Liceu - allí donde tradición y mundanidad chocan como las grandes placas tectónicas-, estamos ante un debate abierto. "Una institución pública, como es hoy el Liceu, debe ser cuidadosa al establecer barreras de entrada. El nuevo teatro quiso rejuvenecer el público de la ópera, y lo ha conseguido, y para ello quiso crear un ambiente más abierto". A su juicio, sin embargo, la juventud y la apertura no deberían estar reñidas con la corrección y "los casos extremos, que son casi anecdóticos, molestan a una parte de nuestros espectadores". ¿Son casos extremos esos espectadores que acuden en verano en bermudas al Gran Teatro? Ese es el debate.

En otras instituciones el debate parece cerrado de antemano. Es el caso del Círculo Ecuestre, de las pocas instituciones de Barcelona en las que exigen todavía americana y corbata a socios y acompañantes. "Somos un club privado empresarial", señala Antonio Basso, director del Ecuestre, que asegura que sus 1.900 socios se encuentran cómodos con esta indumentaria. En el Ecuestre la flexibilidad se limita al verano, "cuando permitimos entrar si se viste con americana pero sin corbata".

Fuera ya de la corbata y la indumentaria, los formalismos están en constante evolución. Víctor Clavell, director del hotel Arts y vicepresidente del grupo Ritz Carlton para Europa occidental señala que "debemos cambiar para adaptarnos a nuestros clientes". Este grupo, que gestiona 61 hoteles de superlujo en todo el mundo, ha cambiado las 20 reglas de servicio que aplicaban sus empleados por 12 "valores de prestación de servicios". De la obligación de coger el equipaje de sus huespedes, de acompañarles personalmente cuando preguntaban dónde se servía el desayuno o de responder con un "Sí, señor, con mucho gusto", a cualquiera de sus peticiones se ha pasado a la exigencia genérica de "satisfacer los deseos y las necesidades expresadas y no expresadas de nuestros huéspedes". "Nuestro cliente ha evolucionado", añade Clavell. "Antes eran mayoritariamente personas de 55 a 75 años, pero ahora tenemos veinteañeros, millonarios con tejanos. Por eso damos más flexibilidad a nuestros empleados para que se adapten a cada cliente, manteniendo la pasión por dar un buen servicio".

Clavell difiere en el regreso de la formalidad tradicional. "La sociedad evoluciona hacia la informalidad. El lujo se asociaba a lo antiguo y tradicional. Los uniformes, por ejemplo, parecían los de los empleados de las mansiones del siglo XVIII. En los restaurantes se valoraba un entorno silencioso en el que se oía el tintineo de la plata, con mesas muy separadas y un ambiente frío. Hoy un buen restaurante es más cálido y más bullicioso".

El debate sobre la cuestión arrecia incluso entre los políticos. El martes trascendió que el conseller de Governació, Joan Puigcercós, había instado a los altos cargos de su departamento a llevar corbata para "dar imagen". Puigcercós pertenece a ERC, partido que ha tenido en el Govern a Josep Bargalló, reputado y abanderado del sincorbatismo.¿Quién tiene razón? ¿Puigcercós o Bargalló?

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