La asociación Ona Nova camina hacia la reconversión en una empresa de inserción. Ha colocado ya a 10 mujeres. Nació como dinamizadora social y cultural, pero pronto se preocupó por dar trabajo a mujeres en la economía sumegida o que no trabajaban.

En el bar de la biblioteca Francesc Candel, en el barrio de la Marina de la Zona Franca, entra el sol a raudales. Está recién abierto y se asoma a un jardín oculto a los ojos de la mayoría, los de la antigua fábrica Phillips, a un paso de la plaza de Cerdà. Mari Carmen Llerena atiende la barra. Hace apenas dos semanas que ha empezado en ese trabajo. En el último año lo hizo en el horno Café i mes de la calle de la Mare de Déu del Port. Ambos promovidos por la asociación de mujeres del barrio, Ona Nova, que se ha convertido en una empresa de inserción laboral. Éste ha sido un giro bastante particular porque las asociaciones de mujeres suelen actuar como dinamizadoras más bien sociales y culturales. "Con esa voluntad nació, pero enseguida vimos que lo que preocupaba era el trabajo a mujeres de más de 45 años que estaban en la economía sumegida o que sencillamente no trabajaban", explican dos promotoras de la asociación, Dori García y Ana Montero.

La asociación se creó en 1998 en un barrio con un población de 38.000 personas y ahora se encuentra en fase de convertirse en una empresa de inserción laboral. Después de haber colocado a 10 mujeres.

Cuatro de estas mujeres, emigrantes, tras previa regularización de su situación en el país -trámites en los que la asociación les asesoró-, trabajan en el sector de la limpieza. Otras tres, en el horno de la calle de la Mare de Déu del Port y tres más en el café de la biblioteca Francesc Candel, después de que la asociación ganara el concurso público que convocó el Ayuntamiento.

Para Mari Carmen la experiencia es muy positiva. Se acerca a la cincuentena y ésa ha sido su manera de salir de la economía sumergida -era empleada del hogar pero sin contrato- y aflorar al mercado laboral. "Con 47 años y sólo 10 cotizados ves que tienes que espabilar de cara a la jubilación", explica mientras sirve cafés. "Cuesta a según qué edad y si no tienes formación, todavía más", añade. El trabajo que ha desarrollado esa asociación de mujeres se centra en dos colectivos: el de las de más de 45 años y el de las emigrantes porque son los dos grupos con más desventajas en el barrio de la Marina, que tiene oficialmente 28.000 personas aunque calculan que la cifra real es de 10.000 más.

En el proyecto se han involucrado también dos educadoras que explican los hábitos de trabajo, técnicas y también información de derechos y deberes.

Ona Nova ha optado por especializarse, como empresa de inserción laboral, en los servicios de proximidad, muchos de ellos de atención a las personas, pero también de barrio. "Cuando decidimos abrir el café de la calle de la Mare de Déu del Port nos dijeron que estábamos locas", explica Dori García. Vista comercial no les faltó porque no hay una sola panadería en lo que es el antiguo barrio del puerto y el trajín de clientes es constante.

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