Crece el asociacionismo y el papel de las 420.000 extranjeras que viven en Catalunya. Aunque se ha dicho que la mujer inmigrante es invisible, tiene un papel determinante tanto por su aportación económica como por ser un puente hacia la integración.

Crece el asociacionismo y el papel de las más de 420.000 extranjeras que viven en Catalunya. Servicio doméstico y cuidado de ancianos son 'nichos laborales ' casi exclusivos de mujeres inmigrantes. Surgen los primeros negocios étnicos, como las peluquerías de mujeres dominicanas.

Acostumbrados a las imágenes de las pateras y los portavoces masculinos de los colectivos de extranjeros, tendemos a visualizar la inmigración como si fuera cosa de hombres. Nada más lejos, no sólo existe casi un equilibro cuantitativo (45% de mujeres entre los inmigrantes en Catalunya; 46% en España), sino que la mujer inmigrante empieza a tener cada vez más protagonismo, como baluarte económico de la familia pero también como elemento clave en los procesos de integración a través de la escuela o el barrio, donde interviene mucho más que los hombres. Incluso se detecta entre las mujeres latinoamericanas la proliferación de negocios étnicos, como las peluquerías, que son una especialización de las mujeres dominicanas.

Ser mujer, trabajadora y emigrante se ha considerado como una triple discriminación. "Pero es también su fortaleza", dice Betty Puerto, psicóloga y coordinadora del proyecto Mujeres Palante del colectivo Maloka por Colombia. Y añade: "Las mujeres que emigran son muy emprendedoras, apuestan por la vida y el futuro, sueñan con construir un mundo diferente y no tienen vergüenza en realizar trabajos inferiores a sus capacidades, ellas rompen lo que llamo la burbuja del sin futuro que atenaza a otras mujeres y las familias que han quedado en los países de origen". Sólo en Catalunya son 420.471, pero muchas veces son "invisibles" porque no tienen tiempo para reunirse ni para participar en actos sociales, debido a las largas jornadas de trabajo, especialmente en el servicio doméstico o cuidado de ancianos, dos nichos laborales casi exclusivos de mujeres inmigrantes. Y aun así sacan tiempo de sus horas libres o días festivos para participar en asociaciones, matricularse en cursillos o ir a reuniones del AMPA.

Lorenzo Cachón, profesor de la Universidad Complutense, considera que uno de los rasgos relevantes de la inmigración en toda España es que es muy joven y con una alta proporción de mujeres. "Esta feminización es muy diferente según países de origen. Es mayor entre los originarios de Latinoamérica (54% son mujeres) y mucho menor entre los originarios de África (33%)", ha escrito en Inmigrantes. El continente móvil (Vanguardia Dossier, n. º 22). Hay nacionalidades de claro predominio de mujeres, como República Dominicana, Brasil, Rusia o Filipinas. El incremento de la demanda de mano de obra doméstica, tanto para el cuidado de los hijos por la progresiva incorporación de la mujer autóctona al trabajo, como de ancianos, por el progresivo envejecimiento de la población, justifica esa demanda. Y explican que haya cambiado también el perfil de las mujeres inmigrantes extranjeras. Las primeras que llegaron venían a estudiar (africanas, latinoamericanas), pedían asilo (latinoamericanas) o llegaban por reagrupación familiar (africanas). A partir de los años noventa, muchas mujeres toman la decisión de marchar de su país por cuestiones económicas e inician procesos migratorios de características distintas.

Laura Oso, socióloga de la Universidad de A Coruña, asegura que la latinoamericanización de la inmigración, favorecida por la religión y el idioma, ha supuesto un mayor peso de las mujeres. Las mujeres han tomado la iniciativa, han viajado solas y durante un tiempo han enviado dinero a sus familias. Al cabo de un tiempo, por reagrupación familiar, han traído a sus maridos e hijos. Eso explica que en 1996 un 60,8% de los extranjeros latinoamericanos fueran mujeres y que en el 2005 ya sólo fueran un 53,9%. Este proceso se ha dado también en otros países del sur de Europa.

El resto de la inmigración es masculina, excepto en el caso de los colectivos ruso, ucraniano y filipino. Y la presencia de mujeres es testimonial entre la inmigración procedente de Pakistán (11%), India (20%) o los países del África negra, y baja en el Magreb. En esos países el proceso es a la inversa: primero llegan los hombres y luego traen a sus mujeres.

En 1996 entre los marroquíes sólo había un 32% de mujeres y ahora representan ya el 36%.

La situación de las mujeres procedentes de países de tradición islámica es más difícil. Huma Jamshed, licenciada en Químicas, que lleva diez años en España y es responsable de la Associació Cultural, Educativa y Sòcio-Operativa de Dones Paquistaneses (Acesop), asegura que "ya sea por la religión o por la cultura, siempre topamos con resistencias para ser libres". En Catalunya hay tres mil mujeres pakistaníes pero sólo 300 se acercan a su asociación. "Cuando las mujeres llegan aquí, sus padres o sus maridos no las dejan salir para que no pierdan la cultura, por eso en la asociación enseñamos además del castellano y catalán, el urdu y la cultura de Pakistán para que los hombres no tengan esa excusa. Ellos sólo nos dejarían salir para ir al médico o hablar con el maestro, no para ir al bar o al cine".

Remei Sipi y Mariel Araya han escrito en Les dones migrades que "cuando se menciona el concepto mujer inmigrada, la reacción general es pensar en mujeres que llevan pañuelo (burka),que sufren opresión continuamente, que somos las pobres,que no sabemos expresarnos. Esta victimización después se ve reflejada en las políticas públicas de protección. El caso más flagrante es la situación de mujeres que trabamos en el servicio doméstico y en el trabajo sexual". La toma de conciencia y la decisión de asociarse es imparable, si bien es un proceso lento y generalmente el asociacionismo se fragmenta según los orígenes. Incluso existe cierta competencia por ese espacio de solidaridad con las ONG. Aun así se han consolidado grupos de mujeres de distintas procedencias en asociaciones mixtas (como en Ibn Batuta) y asociaciones sólo de mujeres (E´Waiso Ipola, de guineanas, Musu Kafo, de gambianas, Amistat de Dones Filipines...). Remei Sipi, portavoz también de E´Waiso Ipola, dice que "el verdadero vehículo de la integración está en manos de las mujeres". Su presencia en asociaciones es aún minoritaria pero se encuentran en parques, mercados o escuelas, intercambian información y conocen la existencia de cursos formativos.

Laura Oso ha estudiado cómo las las mujeres dominicanas han abierto negocios de peluquería en Madrid (también en Barcelona, pero menos) y han convertido el barrio de Cuatro Caminos en un enclave étnico con negocios propios (bares, agencias de viajes, locutorios, tiendas de ropa, tintorerías, panaderías...). Y lo mismo sucede con las venezolanas y argentinas en Galicia, con negocios de artesanía y tiendas de franquicia. "La economía étnica demuestra que no estamos ante una inmigración temporal, aunque sea minoritaria. Por eso digo que estamos ante una feminización del discurso sobre la inmigración más que ante la feminización de la inmigración en sí misma".

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