Entrevista de "La Contra" de La Vanguardia a Laurent Quintreau, publicista y sindicalista: "Su obsesión es ir siempre a más y su parámetro son los rendimientos. Viven continuamente amenazados por el fracaso, así que viven presos del pánico."

Tengo 40 años. Nací en Poitiers y vivo en París. Tengo pareja y un bebé. Licenciado en Humanidades, creativo en una multinacional de publicidad y coordinador sindical. En Francia la clase media no tiene poder de decisión, lo tienen la empresa y sus iguales: los políticos. Creo que la energía está por todas partes y es palpable

- ¿Muchos años tratando con multinacionales?

- Trabajando en una y, como director creativo, acudiendo durante años a las reuniones de otras multinacionales.

- ¿Y?

- Es un mundo darwiniano, el de la predación, en el que sobrevive el más fuerte, el que se adapta mejor al sistema y es capaz de soportar más. Es el perfil de un neurótico.

- Entiendo, ¿y qué debemos saber los sin cargo sobre las neurosis de los directivos?

- Es muy simple, su obsesión es ir siempre a más y su parámetro son los rendimientos. Viven continuamente amenazados por el fracaso, así que viven presos del pánico.

- ¿Cuáles son los arquetipos de ese mundo?

- Una multinacional es como un bestiario: el seductor, la ejecutiva madre de familia estresada, el dominador, el jefe que humilla a sus inferiores y que a la vez es humillado por su superior, el perverso, la mujer de poder.

- Más que a arquetipos suena a caricatura.

- Cualquiera que haya estado en un comité de dirección sabe de qué hablo. En las reuniones nadie escucha, pero cada uno ha establecido un diálogo interno en el que critica a los otros desde sus más bajos sentimientos provocados por su miedo y sus frustraciones.

- Ese interés obsesivo por ser líderes del sector ¿es una enfermedad?

- Es una enfermedad y es contagiosa. Vivimos en la época del superlativo, la marca es lo importante, el contenido es secundario.

- ¿Se da un cierto desprecio de los con cargo hacia los sin cargo?

- Si pudieran, todas las empresas funcionarían con becarios. La organización laboral actual es aberrante porque es elitista y excluyente. Vivimos en un universo deshumanizante que exalta el individualismo y reduce a las personas a nada, a variable de ajuste social,ya conoce ese vocabulario...

- Sí, suena horrible formar parte de la masa salarial.

- Por un lado está la lógica económica y, por el otro, la lógica humana, que hoy no parecen compatibles: por eso es tan habitual que el asalariado se sienta como una cosa.

- Ciertas actitudes y comportamientos de los jefes ponen en evidencia sus miserias, ¿lo saben y se sienten en falso?

- Hay una parte que se da cuenta, y ésos son los perversos, los que hacen daño y disfrutan con ello. Pero en conjunto lo que hay es una ceguera que impide a los directivos ver que son parte de un sistema, se sienten distintos porque su sentimiento es de poder.

- ¿Los con cargo desprecian el trabajo de los sin cargo?

- El problema es que los asalariados sin primas son intercambiables porque lo importante no es la calidad sino la rapidez.

- Regla que también afecta a los con cargo.

- Sí, por eso los altos ejecutivos lo que intentan es sacar el máximo provecho en el mínimo tiempo sin fijarse en qué ni a quién se cargan por el camino. Hay que entender que hoy la economía lo es todo, que las finanzas gobiernan la vida de la gente.

- ¿El infierno es un juego de negociaciones?

- Sí, en el que debes ceder una parte de tu humanidad, así que el sufrimiento está garantizado. Pero dentro de cada uno de nosotros están todos los sufrimientos del mundo, y aprender a vivir es aprender a sufrir.

- ¿Cuál es su propuesta ante este mundo laboral tan estimulante?

- Democratizar las empresas nos liberaría a todos, empezando por los cargos directivos que viven sin apoyo real dentro de la empresa porque todo es un juego de intereses. A ellos también les convendría un contrapoder constructivo que genere un mayor caudal de ideas y soluciones, las decisiones serían más fáciles y, seguramente, más acertadas.

- ¿A un mundo empresarial de egos rabiosos le corresponden sindicatos más rabiosos todavía?

- En eso estamos: en una guerra de poderes, de sindicatos ofendidos. Sería bueno contar con sindicatos realistas, lúcidos, que conocieran las necesidades reales de la empresa y propusieran soluciones. Citando a Dante se trataría de dejar de vernos como depredadores y depredados, y pasar a vernos como cooperadores.

- ¿Hay alternativa fuera del sistema?

- A nivel colectivo tenemos la opción de organizarnos para cooperar y para crear un núcleo vivo y eficaz de contraposición al sistema. Y a nivel individual tenemos la posibilidad de marcar distancias con la empresa, que no nos afecte, evitar el pánico y optar por una neutralidad crítica.

- Eso te puede llevar de cabeza al cinismo.

- Ésa es la gran cuestión. Kant decía que lo que caracteriza al ser humano es su insociable sociabilidad. El pánico en el que todos andamos inmersos provoca que todo sea extremadamente importante; mientras que el cinismo es la otra cara de la moneda.

- ¿Cuál es su tercera vía?

- Mi propuesta es ser consciente de estar vivo de la manera más ingenua posible. Ser idiota me parece una buena respuesta a esa propuesta de extremos. La idiotez es un ejercicio interesante que consiste en reconocerse muy simple y mirar de nuevo, recuperar la conciencia de la infancia.

- Si no quieres marginarte, ¿cómo sobrevivir en la selva empresarial?

- En primer lugar se trata de conocer las reglas del juego y en segundo lugar aprender a decir no. Si todos supiéramos decir no, las cosas serían distintas en las empresas, porque si algo caracteriza al sistema capitalista es la falta de límites, el devorar y devorar. Decir no es establecer unos límites. No a trabajar a destajo, no a renunciar a la vida.


IDIOCIA

Con humor, este publicista francés hace un retrato certero de las relaciones y las neurosis del mundo empresarial. ´Margen bruto´ (El Aleph) transcurre en una reunión de cargos directivos de una multinacional en proceso de reorganización. Los personajes, el lenguaje y los tics son fácilmente reconocibles por cualquier asalariado. Un libro divertido que deja cierto regusto amargo, demasiadas miserias. "Vivimos en un universo deshumanizante que exalta el individualismo y reduce a las personas a nada, a variables de ajuste social. El hombre está vacío de sí mismo". Para salvarse en ese infierno de devoradores y devorados que compara con el de Dante propone el misticismo, la conciencia de que la vida está en otra parte y un toque de idiotez.

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