Es el entrenador-gurú, dispuesto a mezclar emoción y confianza para alcanzar el triunfo. Como seleccionador nacional de baloncesto, 'Pepu ' Hernández aplicó con éxito esta receta en el Mundial de Japón de 2006 y ahora la 'exporta ' al mundo empresarial.

Va a contracorriente. No concibe el deporte como un sacrificio, ni le gusta el modelo de entrenador Míster Látigo. El director general de la selección española de baloncesto, José Vicente Hernández (Madrid, 1958), conocido como Pepu, prefiere hablar de equipo, resta importancia a los individualismos, considera estrellas a todos sus jugadores y aspira a que éstos se formen más allá del baloncesto.

"El deporte nunca debería ser un sacrificio, ni para el jugador, ni para el aficionado, que no puede vivirlo con estrés", afirma el seleccionador nacional de baloncesto. "Como entrenador, yo soy parte de la programación, del desarrollo y del resultado".

La vida de Pepu Hernández ha cambiado desde hace poco más de siete meses. Ahora, corre de reunión en reunión, de conferencia en conferencia, como el ejecutivo más estresado de la Bolsa de Madrid.

"A veces, creo que estoy aceptando demasiados compromisos, pero me cuesta decir que no y me gusta todo lo que hago", aclara Hernández, que añade: "No me atrevo a teorizar sobre deporte, ¡como para teorizar sobre otras cosas!"

Maestro del liderazgo

Desde que la selección española de baloncesto ganó, bajo su batuta, el Mundial de Japón en agosto de 2006, Pepu Hernández ha destapado una nueva faceta: la de orador como gurú del liderazgo y del trabajo en equipo.

Pero el entrenador es reacio a admitir el interés de su personaje desde el punto de vista de management. "Yo creo que no puedo hablar de liderazgo; incluso mi forma de ser me lo impide", mantiene.

Hernández ya había participado antes en algunas charlas de PricewaterhouseCoopers y Adecco. "Me está gustando porque siempre me ha interesado el tema de la comunicación", reconoce el entrenador, que empezó a estudiar Ciencias de la Información, pero lo abandonó "porque me gustaba la profesión, pero no la facultad".

Para Pepu Hernández, desarrollar su vena como conferenciante ha resultado, además, un nuevo reto profesional. "Quería saber si era capaz de decir cosas con contenido y si tenía capacidad para exponerlas", explica Hernández. "Digo lo que quiero decir porque sigo hablando de baloncesto", añade.

De este deporte, lo sabe todo. Hernández creció en el centro madrileño Ramiro de Maeztu, donde "el baloncesto y el colegio están tremendamente unidos", aclara Hernández.

De este centro de enseñanza depende el equipo de baloncesto Estudiantes, que juega en la Liga ACB. "Los profesores del Ramiro y los ex jugadores son quienes más me han enseñado en la vida", reconoce.

En el Estudiantes, Pepu ha sido entrenador, con mayor o menor responsabilidad (desde la cantera a ayudante de entrenador y entrenador principal), entre 1973 y 2006.

¿Qué tiene que aportar un entrenador de baloncesto al mundo empresarial? Su particular visión de gestión de equipos y del liderazgo. "El grupo, muchas veces, se autogestiona. Lo que tiene que hacer un gestor, quien dirige el grupo, es dar facilidades para que surjan las emociones".

Pero la autogestión de un equipo, sea deportivo o empresarial, es todo un deporte de riesgo, porque depende de cómo sean los miembros del grupo y de su cohesión.

Pepu recuerda que "la autogestión no significa anarquía; sino que hay que provocarla, con unas líneas de trabajo, con sugerencias al grupo y con la puesta en común de las ideas de todos. Siempre hay que pensar que estás trabajando con gente inteligente".

Hernández cree que igual que hay tendencias en el estilo de gestión de los directivos, también existen en el de los entrenadores. "Hay formas de actuar de los ejecutivos que estuvieron de moda en un momento dado y que, ahora, ya no se llevan. Lo mismo pasa con los entrenadores. A mí, la tendencia de Míster Látigo no me gusta; pero tampoco la del entrenador que es amigo de los jugadores y que no impone una disciplina básica, que siempre debe existir", señala Pepu.

En su manual de gestión, reinan tres palabras: respeto, compromiso y confianza, conceptos que guiaron al equipo a ganar el Mundial, no sólo en la cancha, sino también en el vestuario y durante todo el proceso de preparación. "Todos los jugadores tienen que sentirse importantes, saber que pueden colaborar y ayudar cuando se necesite", asegura.

Y a este cóctel se le suma un ingrediente más: la emoción. "Emociones hay en todas las competiciones, igual que el objetivo de ganar, pero puedes tener buena voluntad, y si sólo hay un jugador que lo hace bien, no hay un buen resultado", recuerda.

El orador

Este estilo de gestión es lo que Pepu enseña a los directivos en las jornadas que imparte; por ejemplo, en foros de la empresa de trabajo temporal Adecco o en el congreso anual de socios de la consultora Accenture.

El entrenador de la selección nacional, que tiene un caché de 35.000 euros como conferenciante, desarrolla esta faceta profesional a través de YouFirst, una compañía de patrocinios y representación deportivos.

En estas conferencias, muestra un vídeo de los partidos de la selección, con el que explica el trabajo que todo el equipo realiza. Mientras el público se fija en las grandes jugadas, Hernández desvela la importancia del trabajo en defensa o el bloqueo de algunos jugadores para que al final una sola persona enceste.

¿Cómo se gestiona a las estrellas? "Para mí, todos los miembros de mi equipo son estrellas porque tienen talento deportivo y personalidad, y eso es una garantía", apunta.

En Japón, el equipo español contaba con grandes figuras como Pau Gasol –elegido mejor jugador del mundial de 2006–, Jorge Garbajosa, José Manuel Calderón y Sergio Rodríguez –todos ellos jugadores de la NBA–.

Pero, para su entrenador, lo que llevó al equipo español a lo más alto del podio fue "la unión y la amistad de los jugadores, que han pasado juntos por muchas fases. Eso les hizo llegar a una química especial", explica Hernández.

Esa química fue clave para superar las adversidades en el Mundial. Sobre todo, una: la lesión de Pau Gasol en la semifinal, en la que España ganó a Argentina. "Buscábamos ese momento especial que todos los jugadores sueñan que va a aparecer".

Y apareció, primero en forma de desolación del equipo, que vio cómo Gasol se perdía la gran final. "Cuando ganamos a Argentina, entré al vestuario y todos estaban callados, prácticamente llorando. Pero era porque su amigo Pau se perdía el partido".

Pepu, que no comunicó a los jugadores hasta que terminó el partido de la final que su padre había fallecido en España ese mismo día, tuvo que hacerles ver que el Mundial seguía adelante sin Gasol, pero con el resto del equipo, que se creció en esa situación de crisis.

Con todo, el entrenador reconoce el papel de Gasol como líder. "Es un fuera de serie como jugador. Pero, además, es bueno tenerlo en el equipo, porque genera integración, ambición y ganas; él consigue aglutinar todo eso", señala su entrenador.

La selección también tuvo que enfrentarse en el Mundial a la presión mediática. "La presión dentro del grupo es positiva; te hace trabajar mejor", señala.

Pero, ¿fueron a por el oro desde el principio? "La verdad es que sí, aunque si de salida dices el oro, cualquier otra cosa es decepcionante", señala Pepu. “Pero creo que hasta nos hubieran perdonado no ganar la medalla de oro”, afirma Pepu con una sonrisa. Su próxima parada es el Europeo de Baloncesto, que se celebrará en España el próximo septiembre.

Ciberencuesta: ¿Crees que recetas como la de 'Pepu ' Hernández se pueden aplicar en tu organización? http://www.factorhuma.org/participa/ciberenquesta.php

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