Los economistas del Fondo Monetario Internacional admiten en su último informe lo que hasta ahora era sólo una intuición: en las dos últimas décadas, la globalización económica ha contribuido a que los salarios se queden con un trozo de tarta más pequeño.

Con reticencias, los economistas del Fondo Monetario Internacional admiten en su último informe lo que hasta ahora era sólo una intuición: en las dos últimas décadas, la globalización económica, al facilitar una mayor oferta de trabajo, ha contribuido a que los salarios se queden con un trozo de tarta más pequeño.

Por vez primera desde que viene hablándose de globalización económica (a principios de los noventa del pasado siglo), los economistas del Fondo Monetario Internacional (FMI) reconocen, en el capítulo quinto de sus Perspectivas sobre la economía mundial - que sirve tradicionalmente para abrir las reuniones de primavera de la institución-, que "la globalización del trabajo" en el mundo, en las dos últimas décadas "ha afectado negativamente a la participación de los salarios en el total de la renta de las economías avanzadas".

El estudio y sus conclusiones (www. imf. org) coinciden con el debate - y las angustias que proporciona a los trabajadores de los países avanzados- sobre la creciente globalización económica, la menguante soberanía política de los gobiernos y las crecientes diferencias de rentas, con más de dos tercios de la población activa pasando apuros para llegar a fin de mes. La fragilidad del empleo coincide con el temor a las deslocalizaciones de empresas a países con salarios bajos y a las importaciones a precios que desafían cualquier competencia (pagada en euros). Y forma parte - junto a la inmigración- del cuerpo central de las preocupaciones electorales en los países desarrollados desde hace años. La campaña electoral francesa es un exponente claro - y también la larga precampaña recaudadora para las presidenciales en EE. UU.

El interés del trabajo radica en la metodología utilizada para medir el incremento de la oferta global de empleo "después de la apertura de China, India y los países del bloque del Este". Para hacerlo, adoptan el "enfoque de ponderar la población activa de cada país en función del peso de sus exportaciones en el PIB". Así, "la oferta de trabajo global se cuadruplicó entre 1980 y el 2005, con la mayor parte del aumento registrándose a partir de 1990. El este de Asia aportó la mitad del incremento". Esos centenares de millones de trabajadores eran poco cualificados (no universitarios), "pero la oferta relativa de trabajadores con estudios universitarios creció alrededor de un 50%, debido principalmente a las economías avanzadas, pero también a China".

Los economistas de la institución avanzan que la tendencia se prolongará hasta el 2050, cuando "según las Naciones Unidas, la población en edad de trabajar habrá aumentado otro 40% (o podría incluso doblarse)". El estudio recuerda que la "teoría del comercio tradicional clásica prevé que la integración de esos países en la economía mundial ejercerá una presión a la baja sobre los salarios de los trabajadores de las economías avanzadas. Por ello, la parte de la renta nacional recibida por los salarios debería declinar". No en vano, la oferta de empleo ha crecido mucho más rápido que la demanda.

Esta descripción de los efectos de la globalización sobre los trabajadores de los países ricos queda muy matizada después de la larga enumeración de sus ventajas: "Las oportunidades de exportación se han expandido considerablemente, se ha creado acceso a bienes importados más baratos y ha permitido que las empresas sean más eficientes, aumentando la productividad y la producción y contribuyendo al aumento de las compensaciones salariales reales". La tendencia generalizada en las economías avanzadas a la pérdida del peso de los salarios en la renta nacional no es ajena a ciertas diferencias entre las economías anglosajonas, menos afectadas, y las de Europa continental y Japón, más perjudicadas al ser "menos flexibles". Y, en cualquier caso, observa el FMI "el rápido cambio tecnológico ha tenido un mayor impacto" en la pérdida de peso de los salarios en el PIB y la globalización y las deslocalizaciones empresariales han afectado más negativamente a los trabajadores cualificados.


Por una ligera depreciación del dólar

El primer mensaje de política económica de las reuniones de primavera del FMI y del Banco Mundial, que empiezan el lunes en Washington, fue dirigido el jueves en dirección de los mercados de divisas. Una depreciación ligera del dólar permitiría reducir "sin sacudidas" los desequilibrios externos (déficit norteamericano y excedentes de China y Japón) que sufre la economía mundial, según afirma la institución en sus Perspectivas sobre la economía mundial.

Esta sugerencia choca frontalmente con el discurso de los dos principales candidatos a las presidenciales francesas, Nicolas Sarkozy y Ségolène Royal, culpando a la apreciación del euro de una parte de los problemas de la economía francesa.

El FMI considera limitado el riesgo de una propagación mundial de la desaceleración en EE. UU. siempre que éste responda al retroceso del mercado inmobiliario. "Una depreciación real del dólar y una apreciación real de las monedas de los países que registran excedentes corrientes podrían facilitar la reducción de estos desequilibrios", añade el FMI. Según sus cálculos, una "depreciación real del dólar inferior al 10% podría generar una reducción del déficit comercial de EE. UU. de un punto del PIB". El déficit norteamericano ronda el 6% del PIB, una cuarta parte del cual corresponde a China.

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