Los inmigrantes han dado flexibilidad al mercado de trabajo, pero también han provocado un efecto no deseado. En la construcción se ha optado por no innovar porque hay personal barato y se pueden mantener métodos de trabajo artesanales.

Los inmigrantes han sido un elemento clave del crecimiento económico de los últimos años. Han dado flexibilidad al mercado de trabajo, pero también han provocado un efecto no deseado. En la construcción se ha optado por no innovar porque hay personal barato y se pueden mantener métodos de trabajo artesanales.

Líder en crecimiento y en creación de empleo, pero a la cola en innovación y productividad. Ésta es la paradoja de la construcción, el sector que más se ha beneficiado de la entrada de mano de obra inmigrante. "Los inmigrantes han reducido la presión sobre los costes y ahora la construcción lleva prácticamente diez años de retraso en innovación", dice Juan Gallostra, director general de JG Ingenieros, especializada en sistemas para la construcción.

Son casi 377.000 en España los extranjeros empleados en la construcción, y en Catalunya la cifra alcanza los 79.000, un 28% del total. Su llegada ha sido fundamental para el crecimiento económico de los últimos años, pero indirectamente han provocado un efecto no deseado. "La inmigración está retrasando la reconversión en algunos sectores, entre ellos la construcción, manteniendo engañosamente unos costes laborales unitarios en el corto plazo menores a los que corresponderían por hora trabajada según los salarios de los autóctonos", advierte Guillem López Casasnovas, catedrático de Economía de la Universitat Pompeu Fabra.

En la construcción la mayor parte de los extranjeros se dedican a los trabajos menos cualificados, lo que, según Gallostra, está manteniendo algunos sistemas que en otros países europeos hace tiempo que están en desuso. "Es uno de los sectores en los que menos se ha innovado: en gran medida se continúa construyendo con procesos y productos artesanales, como por ejemplo la ejecución de paredes exteriores con ladrillos y cemento, colocados uno a uno", explica. Rafael Romero, presidente de la Cambra Oficial de Contractistes d´Obres de Catalunya (CCOC), reconoce ese retraso y, aunque destaca que la culpa no hay que atribuirla a los inmigrantes, admite que "se tiende a automatizar cuando hay presión en el mercado laboral". Un ejemplo: "el pladur se empezó a generalizar porque faltaban yeseros". Y hay más: "¿Por qué cada vez se coloca más parquet y menos terrazo? Porque hay más gente que sabe hacerlo y es más rápido". El alicatado de baños y cocinas es otra tarea que, según Romero, tenderán a desaparecer si el sector camina hacia lo que se va imponiendo en Europa: "Hay que construir módulos en talleres, que es donde se puede controlar bien la calidad, y luego ensamblarlos." El paradigma sería la constructora danesa NCC, que ha demostrado que con sólo cuatro personas puede levantar una casa de tres plantas.

En definitiva, los técnicos del sector opinan que, ante el encarecimiento de la mano de obra autóctona, los inmigrantes son los que están permitiendo mantener todas aquellas tareas que implican la colocación de piezas una a una. Respecto a su capacitación profesional, Jordi Gual, director del servicio de estudios de La Caixa, destaca que "los inmigrantes tienen un enorme potencial de mejora en su productividad, porque los que han venido son los más emprendedores".

Rafael Romero también insiste en que es posible mejorar la productividad del sector, que hoy es dos veces inferior a la del Reino Unido, si se implica toda la cadena, desde el diseño (arquitecto), al promotor, el constructor y los suministradores de materiales. De momento, en formación profesional el sector está en el furgón de cola: sólo el 1,9% de los alumnos de la formación reglada, el 7,5% de la ocupacional y el 3,5% de la formación continua.

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