Entrevista de La Vanguardia a Jeff Wacker, presidente adjunto de EDS: "En el futuro el ordenador será proactivo y nos ayudará en nuestro esfuerzo laboral. Identificará la información que necesitamos incluso antes de que nosotros se la preguntemos."

El ordenador dejará de ser una herramienta para convertirse en un asistente.
Las remuneraciones despenderán de las mejoras que cada uno sabrá aplicar al sistema de producción.

La profesión de Jeff Wacker es la de futurista corporativo. Este gurú de las nuevas tecnologías, alto cargo de la empresa de externalización EDS, se dedica a investigar cómo será la empresa en las próximas décadas a raíz del impacto de la innovación. La mejora de la productividad, asignatura pendiente de la economía española, pasa necesariamente por un cambio en las formas de trabajar y en establecer nuevas relaciones entre las máquinas y el ser humano.

¿Qué se podrá hacer con la tecnología del futuro?

Las tecnologías de la información se están convirtiendo en parte de nuestras vidas. Su implantación supuso primero una revolución en los negocios. Luego se extendió a los hogares: los ordenadores entraron en las casas, los consumidores empezaron a sustituir sus calculadoras y sus máquinas de escribir. Lo que vivimos ahora es internet y la conexión entre los ordenadores que nos permite compartir contenidos. La próxima ola será aún más dirigida hacia el consumidor, pero será menos visible.

¿En qué sentido?

Tendré a mi coche que sin que yo ni siquiera me entere se pondrá en contacto con el fabricante, para comprobar de que no hay averías. Mi móvil servirá para todo. Será mi yo digital. Así, mis latidos, mi tensión arterial, se transmitirán en tiempo real al centro médico. Podré hablar con el póster de la calle que anuncia el concierto de Mozart y comprar la entrada conectando el aparato con el cartel publicitario. Por lo general, entraremos en la era de la conciencia de la ubicación. Significa que con mi móvil no sólo podré saber cuál es el restaurante más cercano, sino comprobar si tienen sitio y qué tienen de menú. Será posible que mi ordenador detecte en un aeropuerto a otro, cuyo usuario trabaja para una compañía similar o tiene mis mismos intereses y que nos pongamos en contacto y cenemos juntos. La tecnología estará en todas partes y tendrá capacidad sensorial, para oír y ver. ¡Hasta en los tapones de las botellas de agua!

¿Qué problemas supone este nuevo entorno?

Uno de los mayores desafíos es la energía. El chip necesita baterías, electricidad. Pero ya se están desarrollando nanotecnologías que permiten alimentar un aparato a través de las vibraciones de la voz. Hasta el aire acondicionado, que produce ondas, podrá también cargar chips. El otro reto es la tutela de la privacidad. Habrá que tener la posibilidad de poner filtros de protección y de removerlos cuando queramos. O que incluso el ordenador lo haga de forma automática, que sepa cuando no quiero ser molestado. También está el problema del coste. Al comienzo el uso de esta tecnología será caro. Entre 2008 y 2012 habrá un consumo limitado. A partir de entonces los precios bajarán y habrá un boom.

¿Qué pasará en el mundo de los negocios?

Hasta ahora la tecnología proporcionaba un instrumento para que el trabajador accediera a lo que quisiera hacer. Pero no le explicaba cuál es la mejor manera para llevar a cabo la tarea. En el futuro el ordenador se convertirá en un asistente. El PC será proactivo y nos ayudará en nuestro esfuerzo laboral. Identificará la información que necesitamos incluso antes de que nosotros se la preguntemos. No perderemos tiempo en detalles. Esto aumentará la productividad. Y el paso siguiente será el flujo de gestión automático.

¿Qué es esto?

Me explico. Si contrato a un nuevo empleado, tengo que enviar un correo al encargado de la seguridad para que le facilite el acceso al edificio. En el futuro, no tendré que dedicar tiempo a esta incidencia, sino que lo harán las máquinas solas.

¿Cuál será entonces el papel del ser humano?

La automatización siempre ha sustituido a los hombres. Pero no los ha eliminado. Ahora las máquinas construyen el producto, pero la aportación del ser humano seguirá siendo fundamental, no tanto en hacer el proceso, sino en gestionar las máquinas que elaboran dicho proceso. De hecho, en la actualidad, el Boeing 777 lo pilota un ordenador y el comandante controla la máquina. En la empresa, el papel del ser humano será el de la creación, de la innovación y de saber adaptar el sistema a los cambios.

Habrá que cambiar la gestión de las empresas...

Ya no habrá que pagar a los empleados según la cantidad de producto, sino de acuerdo con las mejoras que habrán sido capaces de introducir en el sistema. De la misma manera que una compañía puede formar a los empleados para hacer tareas rutinarias, es posible enseñarles a ser innovadores. Así, en el futuro trabajaremos en equipo, sin respetar un horario, en función de un objetivo. Algunos trabajos como el comercial, tienen aspectos que sólo pueden desarrollar los humanos, porque las relaciones personales, en el momento de negociar una venta, son muy importantes. En cambio, muchas tareas administrativas, frecuentes en la administración pública pero también en el sector financiero, serán monopolio de las máquinas.

¿Qué es lo que una empresa no tiene que hacer?

Simular. Crear modelos de negocios abstractos en laboratorios con fórmulas matemáticas es un error, porque la inteligencia artificial es un gran fracaso. En cambio, la vía adecuada es estudiar los otros modelos de negocios en sus respectivas condiciones, ver cuáles son las nuestras y adaptarlos entonces a estas exigencias.

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