En la cultura empresarial no se acepta el estrés del directivo, lo que dificulta su tratamiento. Aunque cuando un directivo va al médico lo hace por malestar físico, a menudo se trata de estrés o ansiedad. Hay técnicas para combatir este mal del s.XXI.

Los directivos que acuden a la consulta siempre lo hacen por un motivo físico. Habitualmente es por el dolor de espalda, se quejan de las vértebras que les impiden jugar a golf o hablan de insomnio... En definitiva, intuyen su problema como médico, y por ello muchos ya vienen automedicados. A medida que cogen confianza van explicando aspectos de su vida y aparecen con claridad cuadros de ansiedad o estrés. Acostumbran a ser personas con responsabilidad elevada en la empresa, obligadas a tomar decisiones constantes y a vivir siempre en situación de máximo rendimiento". El doctor Antoni Tramullas, jefe del equipo médico de Sports Medicine

Barcelona,centro especializado en medicina deportiva, establece un paralelismo entre los problemas que afectan a deportisstas de élite y directivos. así como en su tratamiento, aunque cree que los directivos esconden su estrés, "porque no está bien visto", Por ello, "si no se sienten enfermos no vienen y se quedan con el ya me pasará y la automedicación, lo que es muy peligroso..."

Efectivamente, el estrés está mal visto en la cultura de las organizaciones. "En Europa hay un problema de raíz, que es la similitud que establecemos entre psicología y enfermedad. Por ello, nuestras empresas no son proclives a reconocer que sus directivos están sometidos a una tensión elevada, que puede derivar en males mayores. Muchos de ellos lo pasan muy mal, ya que no pueden explicar su problema a nadie, porque el entorno no lo permite y no les queda más remedio que buscar mecanismos adaptativos", explica Ceferí Soler, director del Departamento de recursos humanos de Esade, quien añade, "tan alto es el secretismo, que ninguna escuela de negocios del mundo realiza seminarios sobre prevención del estrés...". Curioso, porque la Agencia Europea para la Salud y el Trabajo estima que "prácticamente uno de cada tres trabajadores europeos padece estrés en el trabajo" y alerta que "provoca la pérdida de millones de días laborales al año", para concluir que "son demasiadas las víctimas que sufren en silencio y demasiadas también las empresas que no se dan cuenta de que el estrés puede incidir en su rendimiento económico".

Cambios en el trabajo

Steven Poulsen, profesor asistente del Iese y director del Centro Internacional del Trabajo y la Familia recurre a la historia para explicar el cambio que se ha producido en el trabajo. "En el mundo occidental, ya hay más gente que trabaja con la mente que con el cuerpo", dice y define a los ejecutivos como "los soldados de la guerra capitalista que tienen una obsesión constante: tomar decisiones". Cita tres motivos que generan tensión continua.

La sobrecarga de información: siempre hay miedo de no haber tenido en cuenta toda la información necesaria; la conectividad, es decir, ver como la información viaja muy deprisa y cae rápidamente en manos de la competencia, y pensar "¿cómo la puedo aprovechar antes?". "Es como el ajedrez, dice, no juegas contra una persona sino contra un ordenador". Y , por último, está la impredictibilidad. "Hay tantos elementos conectados entre sí que una causa local puede generar un efecto a 10.000 kilómetros, el efecto mariposa...Todo ello aplicado al directivo significa una presión mental continua. Además, cree que debe saberlo todo y antes que nadie. No ve límites en ello. Su problema ya no es gestionar el tiempo, sino saber a qué debe decir que no. Y para ello es necesario tener un filtro que le ayude a que entre la información de una forma organizada".

Cruzar la frontera

Veamos otra forma de plantearlo. Es obvio que un alud de información o de sensaciones es imposible de digerir. Por ello, "hay que hacer un esfuerzo y priorizar las necesidades. El estrés positivo es bueno para trabajar bien. Pero no es fácil saber acotar la frontera del óptimo cuando tienes presión por los cuatro costados. El objetivo está en ser capaz de gestionar lo importante, no solamente lo urgente. Desgraciadamente, hay muchos directivos a quienes el día a día se los come y se han convertido en meros apagafuegos,dejando la gestión a sus segundos", comenta Luis Perea, asesor de salud de Sports Medicine Barcelona.

Si se es capaz de priorizar y ordenar los propios actos, los efectos son positivos. "La tensión positiva es un buen instrumento para el trabajo. Significa que ordeno los pensamientos y eso me estimula, porque soy capaz de dominar mi agenda y puedo dividir el tiempo entre la reflexión y la acción", comenta Soler , quien admite que en algunas profesiones resulta casi imposible dominar la propia agenda, por el mando total que generan los factores externos, citando a médicos, enfermeras, maestros y policías. "En estas profesiones no pueden dominar su agenda y eso lleva al burn-out (quemarse). Los directivos que no son capaces de adecuarse a las presiones del trabajo y son dominados por factores exógenos, caen en una situación parecida, el estrés negativo", prosigue. Realmente, la evolución de las organizaciones, en busca de una mayor democratización y participación de todos los empleados, no ayuda a mejorar la tensión a que están sometidos los directivos, ya que ésta aumenta de forma progresiva. Así ocurre, por ejemplo, en aquellas empresas en que la evaluación del directivo es de 360 º , es decir, que desde arriba hasta abajo, todos opinan sobre su actuación, cómo comunica, su forma de afrontar los problemas, su estilo de liderazgo...

¿Qué hacer cuando se atraviesa la frontera del estrés positivo y se cae al lado oscuro?Lo importante es ponerse en manos de profesionales, aunque sea por la vía del problema médico -como veíamos antes-que deriva de esta situación. Para el profesor Poulsen, son necesarias dos fases para superarlo: desconexión y meditación. "Hay que enseñar a los ejecutivos a relajarse, pero no sólo físicamente. Lo único que he visto que funciona para desconectar es la meditación. Y no hay que ir a religiones exóticas, todas las culturas la incorporan. Simplemente tenemos que insertarla en el siglo XXI".

Tratamiento global

Tramullas y Perea apuestan por un tratamiento global para tratar esta situación. "El éxito en el tratamiento se consigue solamente aplicando un mix de disciplinas y no haciendo sólo ejercicio físico o aplicando coaching psicológico por separado. Ambas son complementarias y ayudan al éxito final". El programa que utilizan en Sports Medicine incluye un planteamiento global con apartados diferentes: ejercicio físico, hábitos alimentarios correctos y nutrición, así como una parte psicológica que integra una serie de sesiones personalizadas de coaching,en las que prima "una terapia cognitiva y en las que se enseña al cliente aspectos tales como la capacidad de delegar, la priorización en el ámbito profesional y familiar, técnicas de relajación...". En definitiva, comentan, "seguimos tres reglas básicas: pensar de dentro hacia afuera; ser proactivo y fijarse el objetivo de acabar el programa. Cada persona nace con un crédito de salud ilimitado. Pero lo vamos gastando y si no lo dosificamos podemos acabar en números rojos". Dado que el estrés es un gran depresor inmunológico, la disminución de rendimiento o la baja por migrañas, problemas estomacales, insomnios... están aseguradas.

Para evitar llegar a una situación límite plantean la importancia de tener un asesor de salud que "haga un traje a medida a cada paciente y le enseñe a usarlo", al tiempo que observan que "no es coherente tener un nivel 10 intelectual para afrontar problemas y sólo un nivel 2 de autoconocimiento en términos de salud. Debe ser educado en ello".


Deportistas de elite y altos cargos

El doctor Antoni Tramullas plantea una serie de similitudes entre las tensiones que deben soportar los deportistas de élite y los altos ejecutivos. A grandes rasgos, subraya que ambos colectivos deben tomar a menudo decisiones importantes y muy rápidas; asimismo están obligados a mantener un rendimiento elevado de forma continuada; tienen también un desgaste psicofísico continuo y elevado; en ambos hay un cierto temor ´escénico´de desenvolverse ante el público; también ambos, después de una dura jornada, tienen problemas para conciliar el sueño... Como diferencias más importantes, Tramullas señala que, mientras los deportistas tienen un equipo de profesionales pendientes de su salud, los ejecutivos están solos. También apunta que mientras algunos ejecutivos se automedican con fármacos para mantener la forma, en los deportistas resulta imposible, puesto que están sujetos a controles estrictos. Y, por último, dice que "los deportistas saben priorizar sus necesidades mejor".

El profesor Poulsen plantea algunas diferencias más que tener en cuenta. Por ejemplo, "en los futbolistas hay rotaciones para paliar el agotamiento, mientras que en los ejecutivos priva el síndrome de ´no´delegación, que ya en sí mismo presupone fatiga". "¿Cómo relaja lamente el ejecutivo?", se pregunta. "Mientras hace ejercicio, sigue pensando en su problema, ¿cómo desconectar su cerebro? El deportista puede intercalar períodos de más esfuerzo y más descanso de forma dosificada, pero el ejecutivo, no. A más trabajo, siempre hay menos descanso. Y a más presión, un deportista puede explotar -como hizo Eto´o ante la prensa hace poco -y no pasa nada. En un ejecutivo es impensable. La emoción tiene más ´escapes´en unos que en otros".


Curva óptima del estrés

Según la ley de Yerkes-Dobson, los rendimientos se optimizan a medida que aumenta la activación emocional hasta llegar a un punto máximo (estrés positivo), a partir del cual, cualquier incremento o activación exagerada coloca al organismo en el umbral del fracaso adaptativo. En definitiva, a partir de este punto, los incrementos de ansiedad resultan disfuncionales (estrés negativo)

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