La lipoatrofia semicircular se ha convertido en un descomunal enigma para médicos, científicos y responsables sanitarios, tanto de la Generalitat como de la OMS. Los expertos no saben por qué el brote se declara ahora y en edificios muy distintos.

Un sendero hundido, de trazo circular, sobre la redondez grasa de los muslos, casi siempre de las mujeres, el accidente laboral (así se ha descrito en la sede de Gas Natural) definido como lipoatrofia semicircular, se ha convertido en un descomunal enigma para médicos, científicos y responsables sanitarios, tanto de la Generalitat como de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La curiosa alteración indolora pero fea, detectada en el último trimestre en 340 técnicos de oficina de tres de los edificios más inteligentes de Barcelona, se ha atribuido a unos hipotéticos factores que no explican por qué está sucediendo ahora y no hace uno, dos o cinco años en inmuebles similares, o por qué razón surge, en un mismo mes, en edificios nuevos --el de Gas Natural o la Torre Agbar-- y también en antiguos --las sedes de la Caixa--, diseñados con criterios y materiales distintos.

UN BROTE INVERNAL

La única suposición que aporta un plus de lógica, en la que coinciden dermatólogos y algunos técnicos de la Generalitat, es sometida a múltiples cautelas, dada la imposibilidad de que sea confirmada con datos irrefutables. Se trata de la explicación que atribuye este brote de lipoatrofia --así lo ha calificado la Agencia de Salud Pública de Barcelona (ASPB) por el número de afectados-- a la inusual cálida temperatura del pasado invierno y a la atípica baja humedad registrada en la estación que debía ser fría, brumosa y lluviosa.

El resto de posibles factores causales citados, entre los que figura la alta electricidad estática acumulada sobre las moquetas de inmuebles muy tecnificados, o la sequedad ambiental del interior de edificios compactos, no desvelan por sí solos el enigma de por qué llega ahora y de forma tan masiva una lipodistrofia que nunca antes había sido detectada en nadie más en España. Así lo reconocen expertos próximos al equipo que han constituido la Conselleria de Treball y la ASPB para desvelar el misterio de la alteración lipídica, atender a los afectados e intentar mantener bajo control el tema.

"Los edificios afectados fueron diseñados partiendo de la premisa de que en Barcelona siempre hay humedad, y en niveles elevados durante los meses fríos --explica un investigador del fenómeno, que pide anonimato--. Lo que ha ocurrido este invierno está fuera de lo previsto: el ambiente ha estado atípicamente seco en la calle y, en los edificios con mucho cableado, el cuerpo de los empleados se ha cargado de forma exagerada de electricidad estática".

Esa carga eléctrica, prosigue, se ha ido desprendiendo al tocar la mesa de trabajo con las piernas, un gesto imperceptible que puede haber causando unos "microtraumatismos" sobre los muslos, justo en el punto en que coinciden con el escritorio, hasta convertirse en auténticas hendiduras sin grasa. La mayoría de afectados sufre la lipoatrofia en la zona de la pierna que dista 72 centímetros del suelo, el tramo que se golpea al ocupar una mesa de altura estandar. "La electricidad estática destruye los adipocitos (células que contienen la grasa) a partir de esos golpes en los muslos", explican.

SIN PRECEDENTES

Toda esta teoría, no obstante, se pierde en una curiosa nebulosa: no existe literatura científica, nacional o internacional, que dé cuenta de casos similares, con excepción de la aportada por un banco de Bruselas que entre 1995 y el 2004 llegó a acumular 800 afectados. Ningún especialista español ha visto a lesionados por lipoatrofia antes del actual episodio.

"Nadie, de todos los centros de investigación del mundo que hemos rastreado en busca de precedentes, sabe nada de lipoatrofia semicircular. Ni idea", reconoce un alto cargo del equipo constituido por la Generalitat para este caso.

Otro dato curioso lo aportan los dermatólogos, los especialistas que estos días deberían estar atendiendo a los afectados por la lesión lipídica de Barcelona. "Estamos sorprendidos porque de esas 340 personas que se dice sufren la lipoatrofia, solo dos o tres han sido diagnosticados por un dermatólogo --afirma Vicente García-Patos, responsable de dermatología en el Hospital de Vall d 'Hebron--. Muchos de mis colegas opinan que se trata de una farsa, de un episodio de histeria colectiva que excede los límites médicos".

El doctor García-Patos asegura que ninguno de sus colegas en los hospitales del Mar, Sant Pau, Bellvitge o Can Ruti han atendido a afectados por lipodistrofia semicircular. "Nos gustaría ver a esas personas y certificar qué es lo que sufren --añade--. Es posible que intervengan factores psicosomáticos".

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