Entrevista de "La Contra" de La Vanguardia a Manuel Balcells, Profesor del IESE: "Si preguntas lo que es la felicidad a una persona una vez no sirve, pero si lo preguntas a miles de personas durante años, es una investigación seria. Y la hemos hecho."

Tengo 40 años: cuando tenía 12 estaba todo el día jugando y no he dejado de tener 12 años. Soy soltero, católico practicante y apolítico. La mayor parte de todas las decisiones de compra se toman para impresionar a los demás y después nos buscamos excusas: yo me he montado un superdespacho en el IESE para chinchar a mis colegas

- Qué es la felicidad?

- Lo que la gente responde a la pregunta: ¿se considera usted muy feliz, feliz, poco feliz o nada feliz?

- ¡Eso es trampa!

- Es pura ciencia social. La felicidad es lo que la gente cree que es. Si haces esa pregunta a una persona una vez no sirve, pero si la planteas a miles de personas durante años, es una investigación seria. Y la hemos hecho.

- Explíquenos.

- Investigamos las circunstancias de miles de personas: sus relaciones, profesión, ingresos y consumo y las relacionamos con esas respuestas. Para empezar, la satisfacción profesional se logra cuando existe proporción entre lo que eres capaz de hacer y lo que haces.

- Tiene su lógica.

- La carrera profesional ideal debería ser como un camino de sudokus cada vez un poquito más difíciles, pero nunca irresolubles.

- Desafíos que reten sin llegar a derrotar.

- Después están las relaciones sociales y afectivas: familia y amigos son un bien básico y fundamental que nos causa felicidad independientemente de nuestros ingresos.

- Gracias a Dios.

- Pero lo más sorprendente lo hemos descubierto al relacionar el dinero que la gente gana y gasta con la felicidad que obtiene.

- Sorpréndanos.

- La economía tradicional consideraba todos los bienes como básicos, y para nosotros, en cambio, existe una enorme diferencia entre la felicidad que proporcionan los bienes básicos y los adaptativos.

- A saber.

- Un bien básico satisface una necesidad objetiva y genera siempre la misma cantidad de satisfacción; en cambio, un bien adaptativo proporciona una satisfacción subjetiva y variable según las propias expectativas y las referencias.

- Por ejemplo.

- Tener un coche es un bien básico, pero cuando pasas del Panda al Porsche, lo conviertes en un bien adaptativo.

- Los atascos son iguales para ambos.

- Un Panda puede proporcionarte mucha satisfacción y un Porsche muy poca... si lo comparas con el Maserati del vecino.

- ¿Se puede ser feliz aunque no te envidien?

- Vivimos pendientes de lo que los demás piensan de nosotros, pero los demás están demasiado preocupados por lo que tú piensas de ellos para fijarse en ti. En fin, que tú te compras el cuatro por cuatro para quedar bien y, en realidad, a la gente le importa un pepino tu cuatro por cuatro.

- Uno puede comprárselo para sí mismo.

- Solemos engañarnos al respecto: nos convencemos de que lo compramos porque lo necesitamos, cuando la causa profunda a menudo es impresionar al vecino. En cualquier caso, la satisfacción o la insatisfacción siempre se obtiene en el momento del incremento o decremento de estatus: después se diluye.

- El aumento de sueldo alegra el primer día.

- Y si te toca el gordo, igual: a los cuatro días, te has acostumbrado a tus nuevos millones y ya envidias a tus nuevos vecinos, que tienen más... ¡Incluso puedes llegar a sentirte más pobre que antes del gordo!

- Mejor me quedo en mi barrio.

- Eso sería lo más inteligente. El otro problema es nuestra incapacidad de racionalizar las proyecciones. Creemos que el nuevo coche nos reportará tanta satisfacción durante los próximos cinco años como durante los primeros cinco días, y no. En general, es más feliz quien edifica su felicidad sobre los bienes básicos y posterga los adaptativos.

- ¿Cuánto necesito para ser feliz?

- 11.300 euros anuales.

- ¿Lo demás es vicio y tontería?

- Esa cantidad satisfaría todas nuestras necesidades básicas; lo demás es adaptativo.

- ¿Podemos planificar la felicidad?

- Absolutamente. Yo lo hago de acuerdo con nuestra ecuación: relaciona nuestra capacidad de adaptación con el incremento de riqueza y la comparación con los otros.

- ¿Cómo funciona?

- Usted ingresa 100 y cree que el resto de su vida ese dinero le va a dar la felicidad 20 que siente el primer día, pero en realidad al cabo de un año sólo ha obtenido un 1. Si hubiera planificado su felicidad racionalmente con esta ecuación, hubiera obtenido un 7.

- ¿La desgracia también es planificable?

- Las pérdidas de patrimonio y estatus se notan el doble que las ganancias. La bajada de nivel genera el doble de insatisfacción que la subida de satisfacción. En este caso, la proyección de expectativas funciona al revés...

- Al principio duele mucho y luego, cuando te acostumbras, ves que no es para tanto.

- Acabas adaptándote a la triste situación más rápido de lo que habías previsto.

- Empecemos, pues, a planificarnos.

- Yo soy un obseso de la planificación y así consigo más felicidad por menos dinero y esfuerzo. Soy una máquina de no retrasar las cosas. Anticipar lo malo es inteligente; también lo es dilatar la gratificación.

- Hacer durar el postre.

- La lección es que deberíamos programar racionalmente en el tiempo la gratificación que nos reportan nuestros ingresos.

- Por ejemplo.

- Si gana la lotería o un mero aumento de sueldo, no haga todas las mejoras de golpe y gradúe su incremento de satisfacción.

- Espero unos días a comprar el Rolls.

- Lo mejor es ir subiendo poco a poco de nivel sin cambiar las referencias anteriores. Siga en su barrio de siempre con sus amigos de siempre y se sentirá mucho más afortunado con menos. En el barrio pijo, el suertudo al que le tocó de la lotería sólo es un pijo más.


E L C A R A M E L O

Daniel Goleman me explicó que puedes adivinar qué hará en la vida un niño de cinco años si le das un caramelo y le prometes: "Nene: si mañana no te lo has comido, te daré dos". "Los niños que serán delincuentes - auguraba- están entre los incapaces de no comérselo en seguida". El estudio de Baucells, del IESE, y Rakes Sarin, de la Universidad de California (UCLA), cuantifica ahora esa capacidad humana de planificar el esfuerzo y su gratificación más allá del instinto y de la proyección subjetiva en el futuro de lo que sentimos en cada momento. Con su rigurosa "ecuación de la felicidad" imponen la razón sobre la obsesión por lo que los demás piensan de nosotros y sobre el error de pensar que la ilusión de estrenar coche o casa va a durar tanto como ellos.

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