Superar los 7 millones en tan poco tiempo -en el 2000 la población catalana estaba en 6 millones- ha sido fruto de la situación de crecimiento excepcional que vive nuestro país. Pero, como todo lo extraordinario, este fenómeno migratorio tiene un límite.

Hace 20 años sólo a unos pocos se les pasaba por la cabeza que Catalunya llegaría a los siete millones de habitantes antes del 2010. La cifra, que hoy es una realidad y va en aumento, aparecía en las proyecciones de población consideradas más "exageradas" y si se ha alcanzado ha sido por la llegada de inmigrantes.

Así lo explicó la catedrática de Geografía Humana de la Universitat Autònoma de Barcelona Anna Cabré durante la conferencia La immigració: una oportunitat pel progrés de l´empresa, que organizó el miércoles en Barcelona la Fundació Empresa i Progrés. Superar la barrera de los siete millones en tan poco tiempo -en el 2000 la población catalana estaba en seis millones- ha sido fruto de "la situación de crecimiento excepcional que viven Catalunya y España", añadió Cabré. Pero, como todo lo que es extraordinario, este fenómeno tiene un límite.

"Durante unos años esta tendencia seguirá y es posible que para el 2015 lleguemos a los 8 millones de habitantes. Sin embargo, este ritmo de crecimiento no durará para siempre y prevemos que a partir ese año la llegada de inmigrantes y, por lo tanto, el ritmo de crecimiento, empiece a bajar", afirmó Cabré. El vehículo de la inmigración pasará de quinta marcha a tercera, pero no entrará en punto muerto y seguirá su viaje hacia delante.

Cabré incidió en la idea de que "la inmigración no parará a no ser que haya un cambio de situación económica muy marcado, aunque no vendrán tantas personas como ahora". Los motivos de este posible cambio en los procesos migratorios son múltiples y para que llegue a ocurrir debe producirse una recesión económica, algo difícil de prever, según explicó Antonio Argandoña, profesor de Economía de la Escuela de Negocios IESE, en la misma conferencia.

Más allá de una tendencia, el dato que lanzó Cabré es un aviso, afirmó Argandoña. "De este modo nos damos cuenta de que no podemos resolver nuestros problemas de envejecimiento con la llegada de inmigrantes", dijo. Este especialista en macroeconomía se refirió a la creencia de que "con la llegada de extranjeros se solucionaría el tema de las pensiones, y no es así porque tarde o temprano, quizás a partir del 2015, dejarán de venir con la intensidad actual". El mercado de trabajo y la propia economía española estarán entonces obligados a reajustarse, "tal como ha sucedido los últimos años con el aumento de inmigrantes".

Para el conjunto de la sociedad, los cambios que ha provocado la llegada de extranjeros han sido positivos, aseguró Argandoña. "Han salido ganando los propios inmigrantes, los empresarios -sobre todo ellos- y los trabajadores nativos cualificados", dijo. En cambio, para los no cualificados la presencia de personas con menos recursos y dispuestas a trabajar en peores condiciones ha supuesto "un problema, por la competencia en el trabajo, que ha llevado a una moderación salarial, aunque los estudios demuestran que el impacto no ha sido demasiado importante", añadió el experto.

Ahora, y a la espera de que la situación cambie la próxima década, quedan varias asignaturas pendientes respecto a la inmigración, "como revalorizar su aportación, ya que el saldo de su presencia para los presupuestos generales del Estado ha sido positivo", afirmó Argandoña. Una ley de inmigración comunitaria sería otro punto que tratar, ya que, apuntaron todos los ponentes, el fenómeno no sólo incumbe a España. Cuando dejen de venir aquí con tal intensidad cruzarán los Pirineos y se irán en busca de otro país con más oportunidades.

Acceso a página web de Fundació Empresa i Progrés: http://www.empresaiprogres.net

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