La ética empresarial ya no puede ser solo un instrumento de 'marketing '. Cobra fuerza el control de los proveedores para evitar atropellos a los derechos humanos o al medio ambiente.

La marea negra del golfo de México ha manchado gravemente a la petrolera BP en su imagen y en su bolsillo. Walt Street está al acecho y los dividendos van a encoger. Las empresas ya han aprendido que hay determinados deslices que salen caros. Le ocurrió a Nike cuando se supo a nivel planetario que los balones que vendía los cosían manos infantiles en países remotos donde los niños no tienen ni una pelota para jugar. Y las esclavas condiciones laborales de miles de trabajadores que surten los mercados occidentales llenan páginas de Internet para desdoro de algunas potentes multinacionales.

Esas prácticas no tocan a su fin, pero muchos coinciden ya en que el asunto empieza a tomarse en serio: la responsabilidad social corporativa (RSC) es un nuevo modelo empresarial que tiene en cuenta los impactos que sus actividades generan entre sus clientes, empleados, sobre el medioambiente y la sociedad en general, y procura amortiguarlos o erradicarlos.

En los últimos años, muchas empresas abordaron la RSC como parte de su estrategia en marketing. Y por tanto trataron de vender sus mensajes apoyando causas diversas y dando donativos. Pero hoy la responsabilidad de una empresa se mide por sus acciones en su propio negocio antes que por su altruismo. A BP ahora le servirá de poco el dinero invertido en presumir de verde o de solidaria, porque lo que se le exigía sobre todo era saber evitar y controlar el vertido.

Es difícil despertar a los líderes políticos y meter en vereda a los grandes negocios transnacionales. Las ONG tienen prisa y no les falta razón. "Llevamos 15 años hablando de sostenibilidad y mira cómo tenemos las costas. Llevamos 12 años hablando de bombillas de bajo consumo, pero aquí hay temas más serios, corrupción, esclavitud, graves problemas laborales, falta de transparencia", critica Orencio Vázquez, del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa, donde se agrupan organizaciones representativas de la sociedad civil.

Pero también hay ya experiencias a considerar tanto en el sector privado como en el público. En el hospital Virgen de las Nieves de Granada, los pacientes desayunan y meriendan productos del comercio justo. En Toledo, el mobiliario urbano que financia la Diputación viene de bosques sostenibles. Los jardineros del Ayuntamiento de Barcelona llevan un uniforme que garantiza que los que lo confeccionaron lo hicieron bajo condiciones laborales éticas y, además, buena parte del algodón con que se hicieron procedía de agricultura ecológica.

Son solo algunos ejemplos que proporciona David Comet, de la organización de comercio justo Ideas (Iniciativa de Economía Alternativa y Solidaria). "Las compras y contratos de la Administración pública suponen el 16% del PIB europeo. Si todo ello se regulara, la incidencia en el equilibrio económico y social sería brutal. Las compras responsables deben ser una estrategia política, la Administración podría conseguir que muchas empresas suministradoras cambiaran si así se lo pidieran como condición para trabajar con ellas", explica Comet.

Una directiva europea que España hizo suya en 2008 sobre contratación en el sector público permite cierta pluralidad de criterios para adjudicar los contratos y las compras, no solo la ventaja económica.

En el sector privado, tres de cada cuatro euros del gasto se gestionan en los departamentos de compras, por tanto, intervenir desde esas secciones es vital para cambiar ciertas prácticas entre los proveedores habituales, para modificar aspectos de la cadena de producción que pueden ser lesivos para los derechos laborales e incluso humanos. ¿Están las empresas dispuestas a hacer esto? ¿Por qué lo hacen? "La responsabilidad social corporativa no es una opción, nadie se plantea ya ir con un coche sin seguro, pues esto es lo mismo. La RSC es el nuevo contrato social del siglo XXI", dice Juan José Jiménez, presidente de la Asociación Española de Profesionales de Compras, Contratación y Aprovisionamientos (Aerce).

Los últimos años, muchas empresas han incorporado políticas de RSC que sabían a poco, pero que se publicitaban con gran bombo, más que iniciativas éticas sonaban a estrategias de imagen. "Hay mucho de marketing", reconoce Jiménez, "porque lo que se hace hay que venderlo, pero también es cierto que ahora algunas grandes empresas se preocupan por que sus proveedores respeten algunos criterios y tienen auditorías para controlarlo". ¿Por qué? Se citan siempre dos razones principales: reputación y beneficios. "Si compras un coche barato puede que te gastes mucho después en gasolina y, por otro lado, meter la pata puede tener un coste altísimo", asegura Jiménez, que pone el ejemplo de Nike.

Para que el mecanismo de la fama y el prestigio de una marca arrastre a las empresas a hacer limpieza entre sus proveedores se necesita que los consumidores estén informados, porque de eso dependerá el temor al castigo en el mercado. "Los consumidores no tienen mucha información. Las empresas publican sus memorias de sostenibilidad, por ejemplo, pero claro, son todas estupendas. Pero los aspectos relacionados con los derechos humanos no deberían quedar al arbitrio del mercado", dice Orencio Vázquez, del Observatorio de la RSC.

En el sector textil y en el de la electrónica los aspectos de responsabilidad social son muy visibles porque las multinacionales externalizan mucho esta producción. La Federación Setem ha organizado una exitosa campaña, Ropa Limpia, para incidir en las condiciones laborales del sector textil deslocalizado. Queda mucho por hacer, pero ya hay también alguna buena práctica.

El caso de Inditex ha sido paradigmático: en 2007 la empresa firmó un acuerdo marco internacional para garantizar los derechos laborales de miles de personas que trabajan en su producción en unos 1.500 talleres repartidos por todo el mundo. "A pesar de las auditorías es difícil controlar que esos derechos se cumplen, por eso los sindicatos de aquellos países deben estar al tanto y señalar las incidencias", dice el sindicalista de CC OO Isidor Boix, que participó en aquellos acuerdos. El ejemplo que subraya Boix pone de manifiesto cómo la actuación correcta de una multinacional puede contribuir decisivamente a mejorar las condiciones sindicales de todo un país: "En Perú se había ido despidiendo a los sucesivos representantes sindicales, hasta 90 personas, de uno de los talleres que trabajaban para Inditex. Hasta allí se desplazaron el responsable de RSC de la empresa textil y el secretario general de la Federación Sindical Internacional. Todos los trabajadores fueron readmitidos y el asunto tuvo una alta repercusión en el mundo sindical de Perú", relata Boix, quien señala que este acuerdo es el único internacional en el ámbito del textil que existe.

Boix cree que las empresas empiezan a tomarse estos asuntos en serio. "Ya no estamos en el momento de los debates académicos, ni por una cuestión de puro marketing. Existe ya una corriente entre las empresas, saben que con estas cosas no se pueden hacer bromas y van adquiriendo estos compromisos aunque sea de forma unilateral; voluntaria, dicen ellos", afirma Boix.

El problema no es, sin embargo, sencillo. "Cuando se pone orden en algunos países para que las cosas discurran por los cauces adecuados, algunas empresas se van a otros países; por eso, muchos países miran para otro lado, porque, después de todo, son muchos puestos de trabajo", sostiene Orencio Vázquez. "Pero sí, ya hay algunas empresas que están favoreciendo los cambios laborales de ciertas zonas", añade.

La otra pata del asunto es la rentabilidad y hay algunas experiencias que demuestran que ciertas estrategias cívicas ahorran a la empresa y les ganan clientes.

La cadena hotelera NH tiene 700 proveedores homologados, es decir, que han firmado el código ético que requiere la política de responsabilidad social de la empresa. Sobre derechos humanos, prácticas laborales, medioambiente, ética en el negocio. Y los más grandes de todos ellos se reúnen bajo el Club NH Sostenible, donde discuten cómo mejorar muchos aspectos. Pedro Martínez Campanero, director corporativo de Compras, explica algunas de las cosas que han ido cambiando: "Todos los plásticos en nuestros hoteles son biodegradables, desde el peine o los bolígrafos a los botecitos de gel, champú, cremas. Si una bolsa de plástico tarda 100 años en desaparecer del medioambiente, estos plásticos lo harán en siete u ocho años y son inofensivos", dice. NH tiene 400 hoteles en 25 países. Han cambiado un millón de bombillas por las de bajo consumo, los grifos han incorporado un dispositivo que reduce el chorro de agua sin que se note y ahorra un 35% del consumo, los minibares de las habitaciones gastan un 15% menos de energía y algunos de sus hoteles tienen paneles solares o recogen el agua de la lluvia para distintos usos. "En energía hemos reducido un 5,4%, en agua un 9,2%, en basura un 12,5% y en emisiones de carbono un 7,6%", cuenta Campanero. "Queremos llegar a un 20% en 2012. Creo que la sostenibilidad es un buen negocio y eso nos llevará al consumo responsable, han de ir de la mano. No hay por qué sentirse mal porque producir energía con paneles solares sea un buen negocio", añade.

En NH llegan hasta el detalle de que han reducido las entregas de cerveza Mahou a dos veces por semana en lugar de cinco. Los transportes también contaminan. Es una cuestión de organizarse, afirman.

En casos como este de NH, una buena campaña de publicidad puede atraer clientes comprometidos con la misma causa. Otras empresas han optado por implicar directamente a esos clientes. Lo hace Caja Navarra, que se presenta a sí misma como pionera en banca cívica. ¿Qué quieren decir con esto? La responsabilidad social en este caso se mide, sobre todo, en la relación que se mantiene con el cliente. "Aquí les informamos a cada uno del dinero que ganamos con ellos, con el ahorro que depositan en nuestra entidad", comienza José Manuel Jiménez Zaracaín, director de compras de la financiera. "Les damos a elegir entre los proyectos presentados para la inversión en obra social a cuál quieren destinar su dinero y, por otro lado, a esas entidades que presentan proyectos les pedimos que rindan cuentas a los clientes que les han elegido", dice. Las inversiones de Caja Navarra también pasan el filtro de sus clientes, que eligen el proyecto que esté más acorde a sus inquietudes. Más de un 70% de los clientes participa. Jiménez Zaracaín también menciona varias iniciativas medioambientales que han puesto en marcha: dispositivos inteligentes que desconectan los aparatos que ya no se están usando, papel reciclado, reducción de comunicaciones por carta...

Así pues, medioambiente, derechos laborales y humanos. Y un tercer detalle: la gobernabilidad de las propias empresas. ¿Cuánto cobran los directivos y cuánto los obreros? Pensiones, primas. ¿Dónde se pagan los impuestos? ¿Cómo se trata a los empleados? ¿En cuántos paraísos fiscales veranean estas empresas? Eso también es responsabilidad social corporativa. Auspiciado por la ONU, existe un pacto social al que pueden adscribirse voluntariamente las empresas que observen las normas de RSC. "España es el país que más firmantes tiene de este pacto, y uno de los que más memorias de sostenibilidad presenta. Los europeos nos miran asombrados", concluye con ironía risueña Orencio Vázquez.


Los cinco principios que rigen la RSC

El Observatorio de la Responsabilidad Social Corporativa, donde se agrupan ONG y entidades sociales, ha definido cinco principios de la RSC. Son estos:

  • Carácter global: La RSC afecta a todas las áreas de negocio de la empresa y sus participadas, así como a todas las áreas geográficas en donde desarrollen su actividad. Afecta, por tanto, a toda la cadena de valor necesaria para el desarrollo de la actividad, prestación del servicio o producción del bien.
  • Ética. La RSC comporta compromisos éticos objetivos que se convierten de esta manera en obligación para quien los contrae.
  • Impactos. La RSC se manifiesta en los impactos que genera la actividad empresarial en el ámbito social, medioambiental y económico.
  • Expectativas. La RSC se orienta a la satisfacción e información de las expectativas y necesidades de los grupos de interés.
  • Normas. Han de cumplirse la legislación vigente y las normas internacionales (OIT, Declaración Universal de los Derechos Humanos...).

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