Desde hace un tiempo, consorcios como Daimler AG o Siemens reconocen el lado positivo del fracaso -porque conocen el lado negativo de la ambición directiva- y apuntan a sus ejecutivos a tareas de voluntariado social para mejorar sus competencias sociales.

El ingeniero, en Cáritas; la creativa publicitaria, en un orfanato; el director bancario, en una cárcel de mujeres; el controller, en un centro de ayuda a drogadictos; el ejecutivo de un consorcio energético, acompañando a ancianos en sus últimas horas. Desde hace un tiempo, consorcios como Daimler AG o Siemens reconocen el lado positivo del fracaso -porque conocen el lado negativo de la ambición directiva- y apuntan a sus ejecutivos a tareas de voluntariado social para mejorar sus competencias sociales, poner a examen sus escalas de valores, eliminar prejuicios, pensar de una manera más diferenciada e incrementar su sensibilidad.

Se trata de ofrecerles la oportunidad de interrumpir por un breve periodo de tiempo sus brillantes biografías y ayudarles a mirar la vida desde muy abajo, a confrontarles con el sufrimiento y a relacionarse directamente con personas en situaciones difíciles. Las agencias especializadas en voluntariado corporativo cobran entre 1.800 y 1.900 euros por una práctica de una semana. Los proyectos de cooperación con asociaciones sociales y benéficas se integran ya en los programas de formación para ejecutivos de las empresas europeas.

Solos frente a la crisis

Parav Dieter Schöffmann, jefe de la agencia de comunicación VIS a VIS GmbH, de Colonia, la situación actual del corporate volunteering en Europa es similar a la del patrocinio social de principios de los noventa. En Alemania, un puñado de empresas lo ofrecen. No tanto por imagen como para que sus ejecutivos aprendan a manejar mejor sus emociones y descubran su propio potencial.

DaimlerChrysler o Siemens, que han importado este concepto de la cultura económica estadounidense, afirman que permite mejorar la competencia social, los recursos comunicativos y la capacidad para resolver conflictos. Daimler lo llama Cambio de página. Y Switch es la práctica social que ofrece Siemens desde 1999, en cooperación con la Oficina de Asuntos Sociales de Múnich.

Se trata de situaciones reales, en las que los ejecutivos asumen el rol de auxiliares en un espacio social desconocido. Suelen estar solos y deben resolver situaciones de crisis. Aunque los candidatos pueden elegir dónde prefieren trabajar, se les recomienda que intervengan en el ámbito social que más reparos les genere. Según Dieter Schöffmann, las impresiones obtenidas en los servicios sociales, brindando por ejemplo ayuda a la gente sin techo o a jóvenes drogadictas que viven de la prostitución, marcan más profundamente que los seminarios convencionales.

El consorcio energético alemán Deutsche BP propone a sus ejecutivos acompañar a ancianos en su agonía. Claudia Braun, su portavoz, afirma que estas experiencias 'permiten reflexionar y recuperar la visión de la realidad '. Para Braun, quien optó por trabajar durante unos días en un colegio para discapacitados, se trata también de palpar que hay otros mundos, con personas que viven y piensan de otra forma.

'The business of business is business ', afirmaba el premio Nobel Milton Friedman. 'Pero hoy casi todas las grandes empresas estadounidenses disponen de un departamento para corporate citizenship y consideran que el voluntariado corporativo no es un asunto privado sino que forma parte de la cultura empresarial ', dice Albrecht Prinz von Croy, del diario económico Handelsblatt.

En Alemania, de los 1.900 euros que cobran las agencias especializadas, transfieren unos 600 a las organizaciones. Además de asesorar a los candidatos, preparan y organizan sus prácticas y, finalmente, evalúan los resultados.

Un valor en alza llamado humildad

'Aprender de la vulnerabilidad significa para muchos directivos aceptar que no todo puede ser siempre éxito y que a menudo la tensión por los resultados deshumaniza ', dice el psicólogo laboral Iñaki Piñuel, profesor de recursos humanos de la Universidad de Alcalá de Henares y autor de Neomanagement. Jefes tóxicos y sus víctimas (Aguilar).

'No es verdad que todo el mundo quiera a los vencedores ', dice Alexandra Borchardt, columnista de economía del diario Süddeutsche Zeitung. Es más, 'los brillantes sunnyboys y sunnygirls en los puestos directivos de la economía y la política, los trepas brillantes que, sin tomarse un respiro, pasan de ser portavoces de la clase a consejeros delegados provocan recelo ', añade.

Desde la prensa, muchos analistas reclaman el retorno a la humildad. No sólo porque las debilidades proyectan la imagen de que equivocarse es normal y por el respeto que gana el perdedor que avanza sino porque 'es positivo para las empresas '. Borchardt afirma incluso que los ejecutivos deberían fracasar de vez en cuando. No es envidia, dice, sino desconfianza. 'Porque estos tipos pueden ser saneadores de talento, oradores excelentes, versados malabaristas de las finanzas; pero nadie querría competir con ellos por un plaza en el bote salvavidas cuando el barco se hunde. '

Para los teóricos del management, no es casualidad que en la segunda mitad del siglo XX surgieran grandes políticos y empresarios en Alemania. 'Quienes crecieron en el tiempo de la posguerra experimentaron carencias, privaciones, pérdidas, humillaciones o incluso sentimientos de culpa que les hicieron vulnerables ', concluye Borchardt.

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