Tras diez años de laborismo, el Reino Unido cuenta con más de cinco millones de parados "disimulados". Los británicos han desarrollado una picaresca "latina" a la hora de recuperar el máximo posible de lo que pagan en impuestos.

Oficialmente, el índice de desempleo en el Reino Unido es de un raquítico 5,5%, pero en realidad la cifra es un espejismo que oculta o disimula los cinco millones y medio de personas en edad de trabajar que, o bien no encuentran empleo o, como sucede en la inmensa mayoría de los casos, vive del Estado a través del medio centenar de diferentes tipos de ayudas. Un 39% de los hogares, según un informe oficial que se acaba de publicar, cobra algún tipo de subsidio, incluido un significativo número de familias con ingresos de cien mil euros anuales - el tope a partir del cual ya no se puede solicitar asistencia estatal- que reclaman ayudas de naturaleza tan variada como créditos fiscales, paro, pagas por maternidad, viudedad o descuentos en los impuestos municipales o el canon de televisión.

Los británicos han desarrollado una picaresca latina a la hora de torear al Estado y recuperar el máximo posible de lo que pagan en impuestos. Los directos permanecen congelados desde la llegada del Labour al poder hace una década, pero los indirectos se han disparado y las sanciones de todo los tipos se han convertido en una fuente fundamental de ingresos no presupuestados. "Hasta no hace mucho tiempo, solicitar ayudas era visto como un comportamiento de clase baja, impensable para la gente bien, pero hoy en día ya nadie se corta un pelo y dice tonto el último",afirma significativamente el sociólogo Andrew Bowyer, de la Queens University.

El Estado gastó el año pasado 79.000 millones de libras esterlinas (unos 120.000 millones de euros) en ayudas sociales. entre las que los subsidios de enfermedad e invalidez (23.190 millones de euros), los pisos de subvención oficial (21.250 millones de euros) y, en fin. los créditos fiscales (19.000 millones de euros) destacan como las partidas más costosas, seguidas de los cheques semanales a quienes alegan carecer de recursos para vivir dignamente (13.825 millones de euros).

"El Gobierno laborista llegó al poder proclamando que acabaría con la cultura de la dependencia, pero ha sido cómplice en el incremento de los subsidios porque le ha ayudado a tapar agujeros y aparentar que todo el mundo trabaja", se lamenta la economista Margaret Wade. "El Estado gasta más en subsidios que en educación, sanidad y lucha contra la delincuencia, lo cual es una aberración".

Un estudio del grupo de centroderecha Reform, partidario de llevar las privatizaciones a sus máximas consecuencias, asegura que los parados británicos son los que menos incentivos tienen para reincorporarse al mercado laboral de la UE, ya que las ayudas sociales son tantas - 51- y tan variadas - los lunes hay colas en las estafetas de correos para cobrar la semanada-, que trabajar cuesta literalmente dinero. "Ochocientas mil familias pierden en impuestos un 70% de la diferencia entre lo que se ingresa trabajando y no trabajando, casi medio millón pierde el 90% y 35.000 individuos salen perdiendo", asegura el informe.

Lo más preocupante es la facilidad con que el Estado concede las bajas por enfermedad - sobre todo por estrés, depresión y dolores de espalda, con un millón doscientos mil enfermos por un millón y medio de parados- y el enorme porcentaje de afectados que no vuelve a trabajar nunca porque considera que tiene mejor calidad de vida dependiendo de las ayudas estatales (81 euros semanales para un parado de larga duración y 110 para los enfermos). Es el país de la Unión Europa después de Polonia con más incapacitados y cada vez más jóvenes (un 53%, menos de 49 años), lo cual crea unas cifras artificialmente bajas de paro.

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