Pertenecer a una comunidad de graduados en instituciones de prestigio es un valor que perdura toda la vida profesional. En busca de talento, las empresas se subastan a quienes acreditan haber asistido a universidades de renombre.

Pertenecer a una comunidad de graduados en instituciones de prestigio es un valor que perdura toda la vida profesional. En busca de talento, las empresas se subastan a quienes acreditan haber asistido a universidades de renombre mundial, los cuales aportan glamour a la nómina de cualquier multinacional.

'Tener un título de Cambridge en el currículo se valora. Gracias a ello, logré un puesto en un despacho de peso ', expresa el británico Patti Richards, quien trabaja en Madrid para el bufete Gómez-Acebo & Pombo Abogados. Richards señala que ingresar en Cambridge no resultó fácil, ya que para ello tuvo que pasar duras pruebas académicas y presentar un expediente brillante.

Adam Austerfield, director de proyectos de la LSE, cuenta una historia semejante. Austerfield obtuvo un máster en Economía Política en la escuela de Negocios de Londres (LSE). 'Sabía que el acceso iba a ser difícil porque me informé del nivel de los docentes y de la calidad de enseñanza que adquieren los alumnos, pero me preparé muy bien para entrar. Estaba seguro de que tener el respaldo de un curso en esa institución iba a ser muy útil durante mi vida profesional ', reflexiona.

Pero la presencia de un graduado en una institución de relumbrón no acaba en la obtención de un diploma. El sentido de pertenencia va más allá. Los ex alumnos se reúnen y forman asociaciones con diferentes propósitos, desde estrechar lazos sociales y establecer contactos, hasta los que se mueven por causas filantrópicas.

La universidad de Harvard tiene una de las hermandades más reconocidas, la logia Harvard AF & AM, en la que un selecto grupo de 400 miembros se junta cada cierto tiempo para departir. El colectivo está restringido a personas del círculo de Harvard (sólo se aceptan alumnos o empleados) y nunca hace llamamientos en busca de nuevos socios, sino que los interesados deben expresar su deseo de ingresar.

Entre los requisitos establecidos está declarar la creencia en un Ser Supremo. Además, deben tener un 'buen carácter demostrable '. Más allá de estas pruebas, el candidato ha de contar con un padrino y tres miembros votarán a puerta cerrada si es admitido o no. De salir bien librado, el nuevo miembro es iniciado inmediatamente y le es asignado un mentor, quien le guiará en los primeros pasos. Pero la ceremonia no queda ahí: los ex colegiales usan las togas y birretes de graduados en el transcurso de las reuniones.

Según datos del sitio web de la logia de Harvard, la suma de las donaciones de sus miembros suponen unos 1.000 millones de dólares al año. Y estas aportaciones son dirigidas a pequeñas organizaciones, como el hospital de quemados Shriner 's, o al centro Scottish Rite para disléxicos, entre otras.

Otra de las hermandades conocidas es la Sociedad Cambridge, un selecto club cuyos socios cuentan con descuentos en establecimientos, programas de intercambio estudiantil para sus hijos, viajes organizados por todo el planeta, una revista bianual o información constante y actualizada a través de correo electrónico.

La vida social, información actualizada sobre el campus y las actividades para mantener el contacto son los principales ejes sobre los que giran las convocatorias de ex alumnos. Éstos ven en cada encuentro la oportunidad de conocer gente que, en un futuro, les pueda ayudar a entablar una nueva relación de negocios.

Adam Austerfield, graduado del LSE, se reúne cada cierto tiempo con los más de 900 miembros que tiene la asociación de ex graduados de LSE que hay en España. Este profesional confirma los buenos contactos sociales que se pueden establecer en dichas citas. Sin embargo, ahonda en el hecho de que también se busca el bienestar de aquellas personas que requieran de su ayuda y por ello se crea un fondo para otorgar becas o hacer donaciones a entidades que las necesiten.

La cuota que pagan los ex alumnos de LSE es tan asequible como 20 euros anuales, un valor insignificante para los ejecutivos de grandes conglomerados. El resto corre a cargo de la voluntad de cada uno. En todo caso, estos hombres y mujeres no dudan a la hora de contribuir: muchos reconocen que amasan fortunas gracias a su capacidad, pero también al respaldo de tener en el currículo el nombre de una institución de prestigio.

Las sociedades de ex compañeros más poderosas

Harvard Lodge. La Logia Masónica de Harvard fue fundada en 1922 (la primera de EE UU) y está formada por 400 miembros, que donan en total entre tres y cuatro millones de dólares al día, lo que supone 1.000 millones de dólares al año (www.harvardlodge.com)

Cambridge Society. Sus miembros pagan entre 26 y 35 euros anuales. Tiene 200 divisiones, entre ellas, en Madrid, Málaga y Barcelona. La madrileña se reúne dos veces al mes.

Massachussetts Institute of Technology (MIT) Alumni Association. La inscripción es gratuita y da acceso a asesoramiento profesional, a descuentos y a viajes coordinados por profesores de la Universidad, como uno a la India previsto para este otoño. El objetivo es que los ex alumnos apoyen, como voluntarios o mediante donaciones, a la Universidad.

Oxford University Society. La pertenencia es de pleno derecho y automática para todos los estudiantes. Tiene 160 sucursales por el mundo, organiza viajes para ver la regatas contra Cambridge o el torneo Varsity de rugby, así como catas de vinos y otras actividades culturales. El programa Amigos y Benefactores de Oxford canaliza las donaciones.

Stanford Alumni. Fundada en 1892, tiene 80.000 socios. Además de una revista, ofrece redes profesionales, oportunidades de voluntariado, acontecimientos multiculturales y programas de estudio y viajes a lo largo del mundo.

Alumni Navarrenses, de la Universidad de Navarra, funciona desde 1992 y pertenecen a ella 22.000 de los 130.000 antiguos alumnos. Pueden integrarse en ella tantos estudiantes (por 10 euros anuales), como graduados (los tres primeros años, 30 euros, y a partir de entonces, 50). Tiene 26 agrupaciones territoriales en España y otras tantas en el extranjero. Este año ha realizado 88 actividades.

Antiguos Alumnos del IESE tiene 11.000 miembros, de los 30.000 que han pasado por la escuela, aunque su directora, María Puig, afirma mantener el contacto con el 94% de ellos. El número de participantes en las actividades es de 20.500 al año, aunque en ese dato están incluidas las personas que repiten. Nació en 1959 y es la más antigua de España. Tiene ocho divisiones regionales en España y 29 en el mundo (México, Brasil, China y Japón incluidos). La cuota anual es de 380 euros, y comparte algunos servicios con Alumni Navarrenses.

Esade Alumni tiene 11.000 socios repartidos por 55 países, que pagan 175 euros al año. Funciona desde 1989 y sus actividades convocan a 13.000 personas (repetidas incluidas). Sus reuniones anuales juntan a 2.000 personas. Tiene 10 chapters en España y 19 en el resto del mundo.

La Asociación de Antiguos Alumnos del Instituto de Empresa cuenta con 12.000 miembros de los 35.000 que han pasado por sus cursos, que pagan 160 euros anuales. Su conferencia anual reúne a 2.000 personas cada otoño. Fue creada en 1982 y está presente en 85 ciudades.

La Asociación de Amigos de la Universidad Politécnica de Cataluña tiene 3.600 socios que pagan 25 euros al año, de los cuales 1.200 son activos. Forman parte de una bolsa de empleo que incluye a 300 empresas, que pagan 200 euros por pertenecer a ella. Tienen una comunidad en las redes de internet Neurona y eConozco. Bajo su cobertura se agrupan las asociaciones de cada facultad, que organizan las reuniones de antiguos alumnos.

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