La profesión de enfermería, al igual que otros oficios dedicados a cuidar a personas, no está de moda, tiene poco prestigio entre la juventud y se paga mal, tres razones que explican el déficit de ese personal que sufren los hospitales catalanes.

La profesión de enfermería, al igual que otros oficios dedicados a cuidar a personas, no está de moda, tiene poco prestigio entre la juventud y se paga mal, tres razones que explican el creciente déficit de ese personal que sufren los hospitales catalanes. La escasez, cifrada en la actualidad en casi un millar de personas, coincide con un fenómeno que se inició hacia el 2000 y nadie logra detener: cerca de 450 enfermeras catalanas son contratadas cada año en otros países de la UE --Reino Unido, Italia y Francia-- donde se las aprecia más, acceden a contratos estables, les pagan mejor y tienen más protagonismo asistencial que aquí.

La pérdida de enfermeras cualificadas coincide, además, con el incesante aumento de población que experimenta Catalunya, que se traduce invariablemente en una creciente demanda de atención en centros de asistencia primaria y hospitales. Ante este panorama, el personal de enfermería catalán, formado en escuelas de apreciado nivel dentro de la UE, vuelve a reclamar que la Administración le autorice desarrollar funciones que, aseguran, aligerarían la presión asistencial de los centros y haría más gratificante su trabajo.

"Tenemos formación para hacer muchas más funciones de las que atendemos --afirma Mariona Creus, presidenta del Col.legi d 'Infermeria de Barcelona (CIB), que agrupa a 34.000 de las 40.000 enfermeras catalanas--. El sistema sanitario se beneficiaría si pudiéramos ejercerlas".

EL TALONARIO

La atención de enfermos en su domicilio, los consejos para frenar la hipertensión, las dietas antiobesidad o la sugerencia del ejercicio conveniente a cada edad, funciones que ya asume enfermería, se ven coartadas cuando necesitan administrar una pomada, un calmante, un analgésico o unos pañales para incontinencia urinaria. "Todos esos productos, que están financiados por la sanidad pública, solo puede recetarlos un médico --afirma Creus--. Cada vez que uno de los enfermos que vamos a ver a su casa necesita un paquete de pañales, hemos de buscar a un médico que nos firme la receta. Es absurdo pero real".

Para que una enfermera pudiera recetar legalmente material de curas sujeto a financiación pública sería necesario modificar la ley española del medicamento, algo que el CIB ha solicitado de forma reiterada y que siempre choca con la oposición de los colegios de médicos. "La enfermera quiere recetar todo lo que forma parte de sus funciones, que son el cuidado y observación de los pacientes", afirma Creus. "Nos tienen relegados, estamos muy desaprovechados porque el talonario de recetas es una propiedad de los médicos --interviene el enfermero Alfons Díez, que ejerce en un CAP de Argentona (Maresme)--. No podemos trabajar con libertad".

Otro factor que explica la huida de enfermeras hacia otros países de la UE es la poca estabilidad laboral que ofrece el sistema sanitario catalán: en el 2006, el 24% de las ofertas de trabajo que canalizó el CIB eran indefinidas y el 52% proponían suplencias de semanas. Así, las enfermeras se siguen yendo.

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