"Ceda su mes de vacaciones y nosotros le financiamos uno más para que pueda prestar asistencia sanitaria en el hospital de Mabesseneh, en Sierra Leona." Es el acuerdo que desde 2005 mantiene el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona con su plantilla.

Un hospital catalán descubre en la cooperación una forma de combatir el desgaste de sus profesionales. Prestar asistencia dos meses en Sierra Leona les incentiva.

Ceda su mes de vacaciones y nosotros le financiamos uno más para que pueda prestar asistencia sanitaria en el hospital de Mabesseneh, en Sierra Leona. Es el acuerdo que desde 2005 mantiene el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona con su plantilla. Desde entonces, más de 40 miembros del personal médico y de enfermería de este centro pediátrico han viajado a la población africana en apoyo del exiguo equipo sanitario local que atiende los problemas de salud de sus 1.500 habitantes y de parte de los 12.000 de la cercana Lunsar (el 45% menores de 14 años, cuya esperanza de vida ronda los 40 años) y, sobre todo, para colaborar en la formación de nuevos profesionales.

Lo insólito de este programa de cooperación es que sus efectos positivos no sólo se han dejado sentir en los más desfavorecidos. El espíritu solidario ha empapado la actividad de este hospital del primer mundo. «Ha creado muy buen ambiente y servido para favorecer la cohesión del personal», apunta la pediatra Ana Alarcón, una de las participantes. «Hemos comprobado que el profesional siente que su labor es útil. Es una fórmula para recuperar la ilusión por el trabajo», subraya Manuel del Castillo, gerente del centro.

APADRINAR TERAPIAS

Hasta tal punto ha sido un éxito, que la plantilla lo ha adoptado como algo propio: ahora existe lista de espera para viajar a Sierra Leona, el boca a boca ha favorecido que médicos de otros hospitales se hayan interesado por participar y se ha puesto en marcha, por iniciativa de los propios trabajadores del centro, un programa para costear las terapias de sus pacientes más lejanos.

Se trata del proyecto 'Apadrina un tratamiento '. Un donativo de 20 euros puede salvar a un niño de la malaria u otra de las enfermedades que diezman a la población infantil local: el 28% muere antes de cumplir los cinco años. La situación de pobreza es alarmante; los ingresos medios son 18 euros al mes, lo que que cuestan tres días de estancia en el hospital. «Por esta razón, no llevan a los niños al centro hasta que están muy mal. El objetivo es que ninguno deje de acudir por falta de medios económicos», explica Fernando Aguiló, responsable del proyecto y miembro de la orden Hermanos de San Juan de Dios (propietaria de ambos centros), que sirvió como médico durante 20 años en África.

En su opinión, una de las cosas más positivas del programa de hermanamiento entre ambos hospitales ha sido la respuesta en el centro de Barcelona. «La gente colabora no sólo viajando a Mabesseneh, sino apoyando la actividad desde aquí. Desde los que atienden las consultas de telemedicina, a los técnicos del laboratorio cuando se les pide una prueba, hasta los que recaudan donativos. Todo el mundo ha respondido aún cuando les haya supuesto una sobrecarga de trabajo», afirma.

«Es un choque profesional y cultural muy importante. Te hace valorar más la medicina que realizamos aquí. Regresé enamorada de mi profesión», confiesa la doctora Alarcón. A su compañera Carmen Domínguez, enfermera, la primera visita a África le dejó sabor a poco y ha repetido. «Es una oportunidad de hacer cooperación teniendo mucho apoyo. Además, como el programa es continuado, puedes comprobar la utilidad de lo que haces, ver que sirve, algo que no tienes cuando participas en acciones de emergencia».

Más mujeres que hombres -la pediatría es una disciplina altamente feminizada-, jóvenes y también profesionales que llevan muchos años en el hospital: no hay un perfil definido de voluntario. «Debe ir quien quiera realmente hacerlo. Tampoco se debe dar una visión idílica, porque la carga de trabajo es impresionante comparada con la de aquí», matiza Ana Alarcón.

En Mabesseneh cinco médicos (incluido el visitante) atienden las 100 camas con que cuenta el centro. En el hospital de Barcelona, trabajan 300 para 300 camas. «Hay más galenos que en todo Sierra Leona, allí se preguntan qué hacemos con tanta gente», señala del Castillo.

Los colaboradores viven en un edificio adjunto al hospital, empiezan a visitar a los enfermos a las ocho de la mañana, luego pasan consulta a una media de 30 o 40 pacientes al día, comen y por la tarde revisan los resultados de las pruebas y visitan a los ingresados más graves. Tras la cena, una nueva ronda por el hospital y se turnan las guardias con el pediatra local.

La historia del centro africano se remonta a 1967, cuando la orden religiosa se hizo cargo de un hospital rural de 30 camas. En 1995 había crecido hasta convertirse en un complejo con 194, pero en 1998 sufre los efectos de la guerra civil y es destruido en dos ocasiones por la guerrilla rebelde. En 2002, el establecimiento, completamente destrozado, es devuelto a los hermanos, que abren un dispensario y rehabilitan una parte. En 2005, con sólo dos médicos locales para atender 90 camas, se inicia el proyecto de hermanamiento con el hospital Sant Joan de Déu de Barcelona. «El patrocinio y desarrollo del programa obedece a que la institución retoma la solidaridad como un objetivo propio», puntualiza Aguiló.

«Había un déficit de estructura, de recursos humanos y económicos, de equipamientos, de protocolos médicos y de organización interna. Nuestra misión es ayudar a que el día de mañana sea un hospital autónomo», añade el religioso.

La falta de personal y de formación son dos de los problemas más acuciantes. «La idea es formar profesionales allí, con los recursos disponibles a nivel local, porque aquí lo harían con una tecnología que nunca van a poder aplicar. Además, a veces, les envían equipos de segunda mano que no saben utilizar y debemos ir y enseñarles cómo hacerlo», agrega Aguiló.

Al menos una enfermera y un médico de Barcelona se turnan cada dos meses en Sierra Leona. Gracias a las donaciones de particulares y empresas, el hospital catalán paga su viaje, gastos de visado y 'regala ' un mes de permiso pagado. El africano les ofrece la comida y el alojamiento. Ellos ceden su mes de vacaciones a cambio de una inyección de entusiasmo profesional.


Turismo rural y asistencia en el mismo paquete

Multitud de profesionales sanitarios españoles sienten la llamada de la solidaridad e intentan trabajar en proyectos de cooperación internacional en países en vías de desarrollo. Pero muchos de ellos ven frustradas sus expectativas por los requisitos (conocimiento de idiomas o experiencia previa) que exigen las organizaciones que se dedican a esta actividad de forma profesional. Para otros, con responsabilidades familiares, desplazarse en periodo laboral o solicitar permisos sin sueldo es inasumible.

Pero existen fórmulas menos gravosas profesional y personalmente para dar salida a esas inquietudes. Un ejemplo es el del programa 'Vacaciones Solidarias ' de la Fundación para el Desarrollo de la Enfermería (FUDEN). Los participantes se costean un mes de estancia (entre junio y noviembre) en un país latinoamericano (Nicaragua, República Dominicana y Cuba) en su periodo de descanso profesional. Durante tres semanas colaboran con los enfermeros locales y la última la dedican a hacer turismo rural por el país.

«Es un intercambio de experiencias. Nosotros les enseñamos lo que podemos y ellos nos muestran su trabajo», explica la enfermera Sonia Franco, de 27 años, que tras concluir la especialidad de Obstetricia y Ginecología en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, se desplazó el pasado mes de junio a Nicaragua. «Estuve en el hospital de Masaya y también hice mucho trabajo de campo con campañas de vacunación a niños y embarazadas», señala.

La prueba le ha resultado «enriquecedora», a pesar de dura adaptación a las precarias condiciones locales -«dormíamos en albergues, usábamos letrinas y la luz y el agua se iban constantemente»- y las molestias ocasionadas por el cambio de alimentación y las enfermedades endémicas en la región: dengue, parásitos intestinales, diarreas... «Representa un crecimiento a nivel profesional. No es lo mismo hacer un parto con la tecnología disponible en el Gregorio Marañón que con los escasos recursos que hay allí. Cuando llegué tenían un dispositivo para hacer el registro cardiotocográfico del feto [la monitorización] que les había llegado por una donación internacional, pero no lo usaban porque nadie sabía cómo hacerlo. Me preguntaron si yo podría enseñarles y lo desempaquetamos. Enseguida aprendieron», relata la joven, que quiere enfocar su futuro profesional hacia la cooperación sanitaria internacional. «Es una forma de tomar contacto», dice.

Por ello, no duda en recomendar la experiencia. «Tanto a la enfermera que lleva 20 años en el mismo servicio del hospital y que quiere cambiar algo, como a los que acaban de empezar, a los que también les irá bien conocer qué ocurre en otros países. Es una forma de ayudar, pero también de valorar lo mucho que tenemos».

El programa 'Vacaciones Solidarias ' se inició en 2005. Más de mil enfermeros se han interesado en participar desde entonces. Finalmente, 140 con un mínimo de cinco años de experiencia han podido viajar a sus destinos temporales.

Acceso a página web del Hospital Sant Joan de Déu: http://www.hsjdbcn.org

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