Cuarenta personas han sido las elegidas para hacer "deroombing" en un hotel de Madrid, primera iniciativa internacional que facilita a los más estresados la oportunidad de destrozar a martillazos todas las dependencias de un establecimiento.

Cuarenta personas han sido finalmente las elegidas para hacer "deroombing" en un hotel de Madrid, primera iniciativa internacional que facilita a los más estresados la oportunidad de destrozar a martillazos todas las dependencias de un establecimiento que aprovecha así para rehabilitarlo.

El grupo de candidatos para realizar las pruebas de selección era muy heterogéneo, desde jóvenes de "veintitantos" estresados por seguir viviendo en casa de sus padres, hasta taxistas "hartos de la M-30", ex fumadores "con el mono", y ejecutivos de mediana edad, abrumados por un exceso de responsabilidad laboral.

Para llegar a formar la cuadrilla de "deroombadores", los solicitantes han tenido que pasar tres tipos de pruebas: una física, en la que golpeaban un "punching ball" con forma de jefe mientras gritaban el motivo de su estrés; una médica, con la toma de la tensión y el pulso, y una psicológica.

De cada 6 candidatos se escogían 4, basándose principalmente en la última prueba, que consistía en la valoración de las situaciones más estresantes que han padecido, como desempleo, época de exámenes, préstamos, hipotecas, infidelidad, exceso de trabajo e incluso preparación de vacaciones.

Mientras que los no seleccionados eran invitados a desayunar y obsequiados con un "regalito", los elegidos eran distribuidos por el hotel para comenzar a destrozar "todo lo que encuentren a su paso, excepto suelos y ventanas", tal y como les instruían los organizadores.

Entre los "deroombadores" seleccionados estaba Ignacio, agobiado por la compra de una vivienda; Jorge, desempleado y a punto de ser padre, y Sergio, con trabajos distintos.

Al acabar la actividad, en la que se ha destrozado todo el mobiliario de la primera planta, el hall y el bar, los seleccionados acusaban el cansancio, aunque según Julio, de 38 años, estaba mejor que al principio y auguraba que iba a llegar "como un guante a la oficina".

"Ha sido una experiencia muy buena, aunque no cambiaría mi trabajo por el de derrumbador", afirmaba Ignacio. Los 40 elegidos han sido ayudados por albañiles en los trabajos más complicados que necesitaron de herramienta profesional. "Desestresar no sé, pero cansar le aseguro que cansa", dijo a Efe uno de los albañiles encargados.

Enrique Tellechea, director de marca de la cadena de hoteles que ha organizado esta iniciativa, ha explicado a EFE que "el objetivo de NH se ha conseguido: queríamos que la gente se divirtiera, no ahorrarnos la mano de obra porque el desastre organizado deberá ser arreglado después por profesionales".

Acceso a la página web de la iniciativa de NH Hoteles: http://www.nh-hoteles.com/nh/deroombing

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