Equipos cada vez más escépticos y difíciles de gestionar y altos directivos que no creen en la función de RH porque no creen en las personas. Estos son los dos obstáculos con los que chocan cada día los profesionales de la dirección de personas.

Estos son los dos obstáculos con los que chocan cada día los profesionales de la dirección de personas y que les llevan a refugiarse en aportaciones tradicionales como la administración de personal en lugar de centrarse en funciones más estratégicas.

Al hilo de las tendencias recogidas en el último informe Cranfield, hablábamos en un anterior artículo sobre los espejismos que se producen en la función de RH cuando los profesionales, dejándonos llevar por la moda, el afán de protagonismo o, sencillamente, por la buena voluntad, nos lanzamos a desarrollar proyectos innovadores sin haber explorado el campo ni medido nuestras fuerzas y, sobre todo, sin haber cuidado el asentamiento de lo logrado en las áreas más tradicionales de nuestro quehacer, cuyo valor no necesita demostración. Actuamos así como el explorador que, en el desierto, abandona su oasis seguro y se interna en las dunas, a la búsqueda de una ilusión, sin preparar bien la ruta ni asegurar el camino de vuelta.

Publicado en el número 14 de la revista, de junio de 2007

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