La productividad del sector público y privado de la economía española era prácticamente idéntico en 1980, pero en los últimos años la brecha ha aumentado. Además, España presenta la menor productividad del factor trabajo de las grandes economías europeas.

Los empleados públicos no sólo son menos productivos que los del sector privado. También se sitúan por debajo de los funcionarios de los grandes países europeos y de los de EEUU. Su impacto ya es sensible en el PIB.

El sector público no se ha adaptado a la realidad de la economía española. “Los datos muestran que el nivel de la productividad del sector público y privado de la economía era prácticamente idéntico en 1980, en torno a 24.000 euros de 1995 [tomando como valor estable el que hubiesen tenido en ese año los euros]”, señalan los expertos Manuel Balmaseda y Ángel Melguizo, ambos integrados en el departamento de estudios del BBVA en el momento de realizarse las investigaciones de este trabajo. “Sin embargo, su evolución desde entonces ha sido significativamente diferente”, añaden los autores del informe, recogido por el Círculo de Empresarios.

Así, en 2003, último año del que se han podido plasmar datos cerrados en el estudio, “la productividad del sector privado superó los 35.000 euros de 1995 por empleado (un aumento del 49% en el periodo [desde 1980]), mientras que la del sector público no llegaba a los 28.000 (reflejando un aumento del 16%)”.

La conclusión final es que “la productividad del sector privado ha aumentado en este periodo 35 puntos porcentuales más que la del sector público”. La divergencia es aún más llamativa si se toma como base de la comparación la productividad de la rama de Administración Pública y Defensa, donde sólo se ha conseguido un incremento de un 13% en los últimos 25 años.

Panorama internacional

El análisis de los expertos no mejora si se toma como baremo de comparación el ejemplo internacional. En el estudio se chequea el comportamiento de las grandes economía europeas (Alemania, Francia, Italia y Reino Unido, así como de la UE-15 y de Estados Unidos). El resultado final revela que “en esta muestra de países, España es el que registra un menor nivel de la productividad del factor trabajo”, eso sí, en este caso, tanto para los empleados públicos como para los privados.

“En suma, la economía española tiene que enfrentarse al reto de la productividad”, concluyen Balmaseda y Melguizo, este último, actualmenten la Oficina Económica de La Moncloa. Porque “si la productividad del sector público hubiera evolucionado en 2003 igual que la del sector privado, el PIB de la economía española habría sido un 4,7% superior (lo que equivale a 27.000 millones de euros)”, de nuevo medidos en el valor de los euros a fecha de 1995. Y “si la productividad del sector público español hubiera sido igual a la media de los sectores públicos de la UE-15, el PIB de España sería un 5,7% superior al actual (más de 32.000 millones de euros), también en valor de 1995, explican los expertos.

Los autores han tomado como base de todos estos cálculos los datos recogidos por el Groningen Growth and Development Center (GGDC), y, más en concreto, de su 60-Industry Database para el conjunto de países desarrollados entre 1979 y 2003. Y los cálculos se han efectuado analizando directamente la evolución del valor añadido de los servicios públicos por empleado.

Los dos autores asumen que este tipo de cálculos no están exentos de cautelas. Especialmente porque “muchas de sus actividades [del sector público] no son cuantificables, como la diplomacia, la justicia o la defensa. Además, incluso en aquellos casos en que se puede cuantificar habitualmente no se puede convertir en valor añadido al ser <> y no disponerse de la variable de precios, lo que distorsiona el análisis de la productividad”.

Recetas

Balmaseda y Melguizo lanzan una serie de recetas para paliar el problema de la productividad del sector público. Y, entre ellas, destaca “la introducción de <> (objetivos, contratación de personal, incentivos y presupuestación entre otros”, porque “los beneficios se obtienen de la liberalización de la actividad productiva, no de su privatización”.

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