Muchos profesionales trabajan en verano, pero sus hijos tienen tres meses de vacaciones escolares. ¿Qué hacer entonces? Hay empresas que ofrecen actividades como guarderías, cursos o campamentos para que los padres salven esta situación.

Los angelitos tienen casi tres meses y medio de vacaciones de verano. Once semanas, este año. Todo un reto a la imaginación, la capacidad de gestión del tiempo y el bolsillo de cualquier familia en la que trabajen el padre y la madre.

Hay empresas que, en mayor o menor medida, ayudan a sus empleados durante este periodo en el que sus hijos no tienen colegio.

Pedro Giménez es empleado de Caja Madrid. Tiene dos niñas de quince y diez años y una mujer que también trabaja. La hija mayor de Giménez ha estado la primera quincena de julio en Port Aine, un campamento en los Pirineos, donde ha podido practicar actividades deportivas como el rafting, la escalada y las marchas. La más pequeña también ha disfrutado de un campamento, pero más cerca de casa, en la provincia de Madrid. "Intentamos dejarlas con familiares, pero al final no siempre puedes y es mucho tiempo. En mi empresa me facilitan que acudan a campamentos de verano, subvencionados en parte, y con mucha seguridad en cuanto a la seriedad del servicio".

Días sin cole

Estas actividades se enmarcan en lo que Caja Madrid llama Días sin cole, un programa pensado para que los hijos de empleados en edades entre tres y diecisiete años tengan opciones de ocio durante las vacaciones escolares. El año pasado mil cuatrocientos hijos de trabajadores disfrutaron de estas actividades. Caja Madrid subvenciona, como media, el veintisiete por ciento del precio de una plaza en estos campamentos, que pueden ser de muy diversa clase: nacionales, internacionales, de una semana o quincena, urbanos, residenciales, etcétera. La entidad reserva un número de plazas determinado para sus empleados en numerosos campamentos, pero no son exclusivos para este colectivo.

Los trabajadores del Santander utilizan esta misma fórmula para el disfrute de los hijos de sus trabajadores. Tienen campamentos y guardería. Isabel García trabaja en los servicios centrales que esta entidad tiene en Boadilla del Monte (Madrid), y conoce bien el funcionamiento de estos dos centros, pues sus hijos han hecho uso de ellos desde edades muy tempranas. El mayor de García inauguró la guardería; fue uno de los primeros en tener plaza cuando ésta abrió. Hoy tiene cuatro años y disfruta del campamento que el banco organiza en el mismo pueblo madrileño.

"Salgo temprano con mis dos hijos a la oficina. La pequeña, de dos años, se queda en la guardería, donde también dejo a su hermano hasta que lo vengan a recoger en autobús para llevarle al campamento. El niño regresa a las seis de la tarde, y permanece con su hermana en la guardería hasta las siete, cuando cierra. Entonces, recojo a los dos". García habla con devoción de este servicio: "Es un lujo poder salir de mi casa con ellos hasta el centro de trabajo. Pero, además, tengo la garantía de que los profesionales que trabajan allí cuentan con la cualificación necesaria". La guardería que el Santander tiene en su ciudad financiera de Boadilla del Monte está abierta todo el año.

Por otro lado, los empleados que trabajan en los bloques logísticos de Mercadona en Barcelona, Alicante y Sevilla, los destinados al almacenaje y la distribución, también se benefician de un servicio de guardería durante todos los meses de verano. En este caso es totalmente gratuito y da servicio a los padres con niños de hasta tres años de edad.

También gratuitos son los talleres de verano que ofrece Telefónica, otra compañía que organiza actividades para los hijos de sus profesionales. Además, cuentan con campamentos de quince días y cursos de inglés para los niños con programas de estancia en familias en Reino Unido, Irlanda y Estados Unidos.

Pero no todas las medidas para poder atender a los hijos durante los meses de vacaciones se resumen en campamentos y guarderías. Coral González, directora de recursos humanos de Sanitas, explica la estrategia fundamental que aplica su empresa: "Ofrecemos la posibilidad de solicitar una excedencia estival para el cuidado de los niños menores de catorce años durante las vacaciones escolares". Esta medida está pensada para el colectivo de atención al cliente y desde que se ha puesto en marcha se han acogido a ella el 18 por ciento de estos profesionales, "todos ellos mujeres", confiesa González.

La mujer resuelve

En la mujer sigue recayendo el mayor peso de la organización familiar. En este sentido, es muy ilustrativo el dato que ofrece Alberto García, director general de Más Vida Red, una empresa que proporciona servicios de conciliación a los empleados de las compañías que les contratan. "En los cinco años que llevamos en el mercado hemos notado un ligero avance en la población masculina que ahora se empieza a preocupar más por los temas de sus hijos. Aunque el ochenta por ciento de las consultas que recibimos para buscar campamentos o un canguro, la realizan las mujeres".

Más Vida Red tiene como clientes a cuarenta mil empleados de ochenta grandes empresas, entre ellas PricewatherhouseCoopers, KPMG, Ernst & Young, Unilever, Alcatel, Merril Lynch, Pelayo, Motorola, etcétera.

Las empresas que contratan estos servicios ponen a disposición de sus empleados a un número de teléfono para que realicen sus solicitudes y les subvencionan una parte de su coste. "Les proporcionamos un canguro si, por ejemplo, están de vacaciones en la playa y quieren salir por la noche. Ahora, en verano, tenemos muchas consultas para buscar los mejores campamentos atendiendo a las características que nos piden", destaca García, quien añade que tienen servicios gratuitos de consulta a médicos, psicólogos, etcétera.

Almudena González, gerente de PricewaterhouseCoopers, lleva varios años haciendo uso del servicio de Más Vida Red que le ofrece su empresa. Tiene dos hijos de cuatro y siete años. Tanto ella como su marido trabajan hasta tarde, así que ha contratado a una persona para que lleve a los niños a unos campamentos durante el día y los recoja. "Antes los dejaba en casa con una canguro, pero se aburrían mucho. Ahora les inscribo a campamentos de día, de manera que por la noche duermen en casa".

Estos esfuerzos empresariales no solucionan todos los casos, pero ayudan. Aunque no tanto como los abuelos, que suelen ser el recurso más habitual.

Si no hay abuelos, el dinero también ayuda

Raquel Martínez tiene una hija de ocho años, Sara, y nadie con quien dejarla. Ni durante el curso ni en verano. Está divorciada y su marido vive en otra ciudad, fuera de Madrid. En su trabajo de secretaria de dirección tiene un mes de vacaciones, jornada continua de mañana, y mucha comprensión, pero... ¿quién se queda con su hija cuando no hay colegio y ella trabaja? El reto no es sencillo pero, al menos este verano, ya ha encontrado soluciones.

Lo cuenta como si fuera un juego de estrategia, un problema de física cuántica o un puzle de cinco mil piezas que ha conseguido solucionar ella sola. "Mi primera opción fue solicitar una de las plazas en los colegios de verano que sortean las juntas municipales de Madrid". Le concedieron una plaza del 15 al 30 de julio, de la que ahora disfruta Sara. Entra a las 7,30 horas y sale a las 15,30 horas. Allí desayuna, come, y participa en talleres de manualidades. Por todo ello tiene que pagar cincuenta euros. Una ganga comparada con los ciento ochenta euros que ha pagado por los cinco días que su hija asistió al campamento de verano de Faunia. Pues antes del colegio de verano en el que está ahora, Sara estuvo en un campamento en Faunia la última semana de junio. En él entraba a las siete y media de la mañana y salía a las cuatro de la tarde. "Sólo pudo estar cinco días, pues los talleres se repetían cada semana". Y, después de Faunia, en la primera quincena de julio, Sara disfrutó de las actividades de una escuela de música, con juegos de coreografía, teatro, globoflexia; de 7, 30 de la mañana hasta las 15, 30. Lo que a Martínez le ha costado docientos euros. "Si tienes mucho dinero, se solucionan antes las cosas", sentencia Martínez.

Las empresas ponen de su parte

Caja Madrid: Subvenciona campamentos para los hijos de sus empleados de edades entre tres y diecisiete años. Estos pueden ser urbanos, para regresar a dormir a casa cada día; residenciales por toda España; y en el extranjero, para aprender inglés en Gran Bretaña, Irlanda y Malta.

Santander: Cuenta con una guardería subvencionada y organiza campamentos de verano para los hijos de sus empleados. Mercadona: Tiene una guardería gratuita para hijos de empleados hasta tres años que trabajan en sus edificios de distribución y almacenaje. Telefónica: Se subvencionan cursos de inglés en Irlanda, Inglaterra y Estados Unidos y campamentos de verano de quince días, para niños de entre tres años y diecisiete. También tiene talleres de verano gratuitos para niños de seis a doce años.

Sanitas: Se puede solicitar un mes de excedencia durante el verano para cuidar a hijos menores de catorce años. Al empleado se le suspende de sueldo, pero este tiempo sigue contando para el resto de los efecto laborales, como el de antigüedad. Esta medida está pensada para el colectivo de atención telefónica.

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