El Día del Trabajo en EE UU coincide con el fin de las vacaciones. Tiene un bajo carácter reivindicativo, aunque el panorama laboral del país no sea el ideal. Mientras los ciudadanos sin cobertura médica aumentan, los ingresos de las familias disminuyen.

El primer lunes de septiembre se celebra en EE UU el Día del Trabajo. La fiesta laboral pasa a un segundo plano por el hecho de que también se considera el último día del verano. El fin de las vacaciones. Así pues se espera que hoy haya mucho movimiento en estaciones de trenes, autopistas y aeropuertos. En las calles va a ser difícil encontrar muchas manifestaciones como las del Primero de Mayo en Europa.

Y eso que las pancartas podrían ser llamativas. Bastaría con plasmar en ellas propuestas para tratar de dar la vuelta a los datos ofrecidos la semana pasada por la oficina del Censo, cuando hizo público su informe sobre los ingresos, la pobreza y la cobertura médica en 2006. De sus cifras se deduce que los cinco años de recuperación económica desde la breve recesión de 2001 apenas han servido para cambiar el paisaje social. Peor aún, hay tendencias a las que no se les consigue dar ni un pequeño alivio.

El caso más grave es el del seguro médico. El año pasado había en EE UU 47 millones de personas (15,7% de la población) que no tenían cobertura médica en un país en el que sólo el 27% de la población está atendida por el Estado (los muy pobres o los mayores de 65 años).

La cifra es llamativa, sobre todo porque en 2005 eran 2,2 millones menos los que engrosaban estas filas. En ellas hay muchos niños. El Censo dice que 8,7 millones, lo que refuerza un punto de ruptura de la tendencia a la baja que se registraba desde 1999 a 2004 en este particular y frágil segmento de población. En 2005 eran ocho millones los menores no asegurados.

La fuerte subida registrada por esta estadística es producto de los elevados incrementos de los costes médicos y las primas de las aseguradoras, que son caras para trabajadores y empresarios. A la vista de que la cuenta es difícil de cuadrar en las memorias anuales, muchas compañías no ofrecen, como antaño lo hacían, el seguro médico a sus trabajadores. En 2005, el 60,2% de los trabajadores recibía el seguro privado por parte de sus empresas. El año pasado la tendencia a la baja siguió y ya eran el 59,7% los afortunados.

Esto también ha repercutido negativamente en lo que a la estadística de los menores se refiere. Si a los empresarios no les sale la cuenta, a los padres tampoco. A ello se une un endurecimiento de los planes que Washington y los Estados tienen para asegurar a menores pobres y que ahora se va a endurecer más por parte del Gobierno federal.

Lo que no cambia mucho pese al crecimiento del PIB son los ingresos de las familias. El ingreso real medio fue de 48.201 dólares anuales, un 0,7% más que el año anterior. Los números por sí solos hablan de un segundo año consecutivo de incrementos. Adentrarse en ellos pone de manifiesto que esta pequeña subida se ha producido porque más miembros de las familias trabajan y lo hacen más horas. Los salarios, de hecho, han ido a la baja en los últimos tres años. Los ingresos siguen por debajo de los de 2001.

Los datos sobre la pobreza son modestamente esperanzadores y por primera vez ha caído porcentualmente. Del 12,6% de la población al 12,3%.

Otra cosa que no cambia es la diferencia entre quienes tienen más y menos. La mitad de los ingresos de los hogares los reciben el 20% de las familias más solventes del país. El 20% de las clases más bajas sólo disfruta del 3,4%.

Son datos de un quinto año de crecimiento. 2007 es de esperar que no traiga mejoras.

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