Para los jóvenes que tienen entre 10 y 20 años será más fácil emanciparse. Los nacidos entre mediados de los años 80 y de los 90 son dos millones menos que los venidos al mundo en el decenio inmediatamente anterior, lo que facilitará su inserción laboral.

Emanciparse en España será más sencillo en los próximos diez años de lo que lo ha sido en los últimos 15. Al menos es la previsión de los demógrafos, que se amparan para afirmarlo en la llegada de la primera generación vacía del siglo XX a la edad adulta. Así es como se denomina a los hijos de las generaciones que se caracterizan por un acusado descenso de la fecundidad, lo que provoca que su número total sea notablemente inferior a quienes formaban parte de la generación anterior. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en el 2006 residían en España 6.754.309 personas que tenían entre 20 y 29 años. En la franja inmediatamente anterior, quienes tenían entre 10 y 19 años, sólo figuraban 4.485.642 personas. Los 2.268.667 españoles que debían completar esa diferencia para consolidar una pirámide de población sostenible, sencillamente, no han nacido.

Aunque es en el año 1977 cuando se inicia le tendencia decreciente en el número de nacimientos, 1980 marca un hito importante al registrar por primera vez en muchos años menos de 600.000 recién nacidos. Desde entonces, cada año que pasa los nacimientos no dejan de reducirse hasta que en 1997 se invierte la tendencia y vuelven a crecer. La evolución positiva prosigue, habiéndose registrado el año pasado 466.371 recién nacidos, cifra comparable a la de 1984.

Quienes nacieron, pues, a comienzos de los ochenta alcanzan ahora la edad adulta y se enfrentan al complejo paso de emanciparse. Pertenecer a una generación vacía tiene sus ventajas, pero también sus inconvenientes.

Andreu Domingo, subdirector del Centre d´Estudis Demogràfics de la Universitat Autònoma de Barcelona, explica a La Vanguardia que ese descenso brusco de la fecundidad "ya está empezando a tener efectos". Y entre ellos destaca que ha hecho posible la llegada de un abultado número de inmigrantes jóvenes para incorporarse al pujante mercado laboral español porque aquí no hay mano de obra para cubrir esos empleos.

A pesar de la explosiva inmigración, la incorporación al mercado laboral debería ser a partir de ahora mucho más sencilla de lo que lo fue para quienes ahora tienen entre 30 y 40 años, hijos del final del baby boom, la última generación llena en España.

Miguel Ángel Troitiño, catedrático de Demografía de la Universidad Complutense de Madrid, matiza este aspecto. "Ahora trabaja el que quiere. Todos los jóvenes tienen fácil acceso a un empleo de verano, incluso a un trabajo estable. Otra cosa es alcanzar un puesto cualificado para el que se formaron con una buena remuneración. Eso sigue siendo complicado", señala el profesor de la facultad de Geografía e Historia de la Complutense.

Andreu Domingo apunta también al cambio en el modelo del "mercado matrimonial". El experto matiza que hasta ahora hemos tenido en España un modelo en el que había más mujeres que hombres. Eran ellos quienes de alguna forma escogían. Pero la primera generación vacía ha cambiado las tornas. Ya desde mediados de los años setenta han nacido en España menos mujeres que hombres.

Aunque en principio es una cuestión aleatoria, lo cierto es que desde entonces no ha habido un solo año en el que hayan nacido más niñas que niños. A eso se suma que el patrón habitual suele emparejar a hombres de una edad con mujeres de unos tres años menos. Esto es, los 278.000 españoles nacidos en 1981 deberán pelearse por encontrar pareja entre las 227.000 mujeres nacidas en 1984.

"Eso nunca había pasado", afirma Domingo, para quien la situación presagia una posición más dominante de las mujeres, augura un mal futuro para los hombres con una peor cualificación profesional y predispone la feminización de la inmigración de los próximos años. El subdirector del Centre d´Estudis Demogràfics entrevé en esta cuestión una posible fuente de conflicto con los inmigrantes. "No hay que olvidar que aunque se critique falsamente a los extranjeros por robar el empleo a los españoles, lo cierto es que las peleas se producen a la salida de las discotecas y no de las empresas", reflexiona el sociólogo.

Troitiño cree que el gran reto del futuro será precisamente integrar correctamente a los inmigrantes. Y añade que se debe trabajar ya para que los hijos de quienes llevan muchos años en España alcancen la universidad y se integren en un mercado laboral de mayor nivel formativo. "Sólo si lo conseguimos (integrarlos en puestos cualificados), evitaremos que suceda lo que está ocurriendo en las barriadas de las periferias metropolitanas francesas", advierte el demógrafo de la Complutense.

El catedrático de Economía Aplicada de la Universitat Autònoma de Barcelona Josep Oliver pronostica un buen futuro para quienes se licencien en los próximos años. En su opinión, ese agujero generacional les allanará el acceso a un mundo laboral estable que sólo recuerdan quienes ya han cumplido los 50 años.

"Cada año no entran en el mercado laboral las entre 400.000 y 700.000 personas que lo hacían antes, lo que nos aboca a vivir en los próximos 15 años una segunda oleada inmigratoria mucho más intensa que la primera", vaticina Oliver.

Si las previsiones del economista se cumplen, los miembros de esa generación vacía podrán escoger el empleo que más les guste, pero se verán en la tesitura de convivir con un porcentaje de inmigrantes impensable en la actualidad. "Creo que no hemos sido muy conscientes de las consecuencias que tendrá la decisión de no tener hijos", reflexiona el catedrático de la Universitat Autònoma.

Pero si los próximos años pueden traer problemas en el orden de provisión de mano de obra, Oliver anticipa que lo peor llegará a partir del año 2025. "La única manera de cubrir el agujero de fuerza productiva será incorporando a más mujeres al mercado laboral, retrasando la edad de la jubilación y con la llegada de más inmigrantes", opina el profesor Oliver.


LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA. PERFIL

Diecinueve años, trabajo y piso

MAITE GUTIÉRREZ

Yo siempre he sido una persona diferente a las demás, desde que tenía 14 años quería libertad, volar", dice Álex mientras se toma un té frío con limón en una mesa del restaurante donde trabaja, en Ripollet (Vallès Occidental). Ahora, con 19 años recién cumplidos, vuelve a marcar distancias con los de su edad. Aunque los demógrafos afirman que su generación tendrá menos problemas para encontrar trabajo y piso en un futuro, él se ha adelantado y desde octubre pasado ya vive solo. Desde la adolescencia, hace poco, tenía claro que su objetivo era ser independiente y lo ha conseguido.

La experiencia no le ha decepcionado, aunque ha tenido que esforzarse por adaptarse a su nueva vida. "Tienes que sacrificar tiempo y caprichos", explica como dando un manual de instrucciones. Tiempo, porque hay que trabajar para pagar el alquiler, limpiar, hacer la compra, planchar, entre otras cosas. Y caprichos, porque el sueldo no da para salir cada fin de semana, ir de cena o comprarse la mejor minicadena. "Con un único sueldo es imposible pagar un piso, aunque sea de alquiler, y llevar un ritmo de vida alto, a no ser que ganes mucho dinero", argumenta. La cosa se complica si además de trabajar se estudia. En esta situación, Álex cree que es casi imposible independizarse, "porque no podrás currar la jornada completa y ganarás menos". A no ser que se comparta piso, pero a Álex no le hace mucha gracia esta solución. Y eso que no le han faltado ofertas. Varios amigos querían que les alquilase una de las habitaciones que le sobran en su casa. "Pero no, mientras me llegue el dinero viviré solo".

Como el bachillerato no le acabó de gustar decidió dejarlo y pasarse al sector de los trabajadores. A él no le ha costado encontrar un empleo, y cree que hoy día nadie puede decir lo contrario. "Trabajo hay, pero ¿qué tipo de trabajo?". El problema, según él, "es que hay mucha gente que pide algo a su medida, yo lo veo en los de mi edad, hay poca cultura del esfuerzo", explica. "La cosa está en que tienes que elegir, si quieres una cosa tendrás que sacrificar otra, y yo prefiero más libertad y menos comodidad".

Aunque le gusta trabajar en el restaurante, no quiere quedarse estancado y empezará un curso de cocina en Barcelona. No está seguro de si su generación tendrá las cosas más fáciles en el futuro, pero lo que sí tiene claro es que quien se propone algo lo consigue.

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