El ayuno diario y la oración plantean cambios de horario en colegios y empresas en los que los 200.000 musulmanes catalanes estudian o trabajan. El Ramadán es uno de los pilares de su religión y llega a alterar la vida en las sociedades musulmanas.

Hoy, segundo día del mes del Ramadán, exactamente a las 20.06 horas, al ponerse el sol, se puede romper el ayuno. Es la hora señalada para que los 200.000 catalanes de origen musulmán, si han seguido el precepto del ayuno, puedan acabar el día con una gran comida en su casa o en la mezquita.

La abstinencia de comer, beber, fumar, pero también la de mantener relaciones sexuales durante el noveno mes del calendario islámico, es uno de los pilares de la religión musulmana y una forma de acceder a la dimensión espiritual de la vida. La importancia de esa práctica explica que llegue a alterar la vida en las sociedades musulmanas. En Catalunya y en España (donde hay un millón de musulmanes) se deja notar en algunos barrios.

INICIO ESCOLAR. Según el Corán es obligatorio seguir el Ramadán desde la pubertad, pero muchas familias anticipan el cumplimiento a sus hijos, aunque sólo sea parcialmente. Hay niños que sólo ayunan durante unos días. En los institutos hay alumnos que piden ser eximidos de educación física durante este mes o se ausentan el viernes para acudir a la oración del mediodía, la principal de la semana. De todos modos, "entre las 13 y las 15 horas tienen tiempo para ir a la oración y no es excusa para faltar al colegio", dice Mohamed Iqbal, portavoz de la asociación Camino de la Paz.

VACACIONES. Los musulmanes que tienen un trabajo estable en Europa y pueden escoger sus días de vacaciones aprovechan muchas veces para tomarlas durante el Ramadán para no tener problemas en su lugar de trabajo o para poder viajar a su país, ya que consideran que allí se celebra de forma más alegre y no deben hacerlo casi a escondidas. "Mejor este mes que ningún otro", explicaba un ciudadano pakistaní que el año pasado pudo hacer vacaciones pero este año no. Las colas de estos días en el consulado de Marruecos demuestran que un buen número de marroquíes residentes en Catalunya ha pedido permiso para ir a su país.

RESTAURANTES CERRADOS. En Argelia o Marruecos hay muchos restaurantes que cierran a mediodía durante el Ramadán por falta de clientes. En Catalunya, los restaurantes sirios, libaneses o indios tienen mayoría de clientes catalanes y están abiertos, y sólo algunos regentados por marroquíes en las calles Hospital o Robadors cierran a mediodía. La mayoría de los musulmanes prefieren "romper el ayuno" en su casa y hacen acopio de alimentos porque además suelen invitar a los amigos. La solidaridad es otra característica del Ramadán. Es habitual que en las mezquitas o incluso en restaurantes se ofrezca comida a las personas que no pueden pagársela.

SMS DE FELICITACIÓN. "Estos días es normal recibir SMS de felicitación por el inicio del Ramadán y desear los mejores augurios", explicaba Mohamed Chaib, diputado socialista. "Aquí no se vive con la misma solidaridad ni sentimiento de espiritualidad que en países musulmanes, pero se intenta crear un clima de apoyo", añade.

CELEBRACIONES ESPECIALES. Fàtima, de la asociación Ibn Batuta, explica que el año pasado organizaron un acto al aire libre en Trinitat Vella para compartir el final del Ramadán con sus vecinos. Este año se prepara otro acto similar en la rambla del Raval. Organizan también el X Torneo del Ramadán de futbol sala en el polideportivo Sant Pau.

Cambios de horario en el trabajo

En Marruecos muchos trabajadores de la industria, la construcción y del funcionariado modifican su horario durante el mes del Ramadán, generalmente para realizar una jornada intensiva de 7 de la mañana a 3 de la tarde. Se acaba antes para poder ir a casa, descansar y poder preparar la comida de la noche y acudir a una oración en una mezquita. En Catalunya, se sabe de peticiones individuales a empresas, pero pese a que los acuerdos de cooperación de 1992 establecían la obligación de dejar tiempo para la oración de los viernes, en la práctica pocos empresarios lo ceden.

Lo que no se percibe aquí es el caos de tráfico que se da en países musulmanes a la salida del trabajo y las prisas para llegar a casa, urgencias que provocan un aumento de los accidentes en esas horas previas a la puesta de sol. Cualquiera que ayer visitase el Raval, en ese primer día del Ramadán, podía darse cuenta de que había una tranquilidad absoluta. Sólo en la asociación Ibn Batuta, un cartel anunciaba un anticipo de la hora de cierre.

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