Hace siete años corría el riesgo de cierre. Pero ahora todo ha cambiado. La multinacional ha sustituido la fábrica de impresoras de bajo coste para montar en Catalunya un centro de excelencia tecnológica a escala mundial donde hay un 30% de extranjeros.

Pau Molinas tiene el pelo largo, un aire juvenil y poco tiempo a su disposición. Acaba de ser nombrado director de operaciones para el negocio de impresión gráfica digital de Hewlett-Packard (HP). Su área de competencia: el mundo. Su sede operativa: Sant Cugat.

Hace siete años hubiera sido difícil imaginar una cosa así. El centro de HP, fábrica de impresoras, ya no era competitivo. El Vallès Occidental ya no era conveniente en términos de costes. Una historia común a muchos sectores y países de la Vieja Europa. HP empezó entonces a trasladar la producción a Asia. Cerraron el centro de Bérgamo, en Italia; de Grenoble, en Francia; de Bristol, en Inglaterra. Sant Cugat iba a ser la próxima víctima.

Pero el centro vallesano se salvó de la quema. La firma estadounidense, al contar con unas instalaciones de primer nivel, optó por montar un centro de investigación y desarrollo de vanguardia. La localización era estratégica, incluso en términos logísticos. La proximidad con el mundo universitario también era un recurso que había que aprovechar. Y con la ciudad de Barcelona, un valor añadido capaz de atraer talentos. La reconversión no estuvo exenta de dificultades, pero el balance habla por sí solo: hoy hay más empleados que entonces. En 1985 había unas 35 personas, ahora hay más de 2.000.

Desde Sant Cugat se piensan y diseñan productos para la impresión de gran formato, un mercado de 3.000 millones de dólares al año. Se gestionan negocios ubicados en España, Israel y Estados Unidos.

Desde el centro catalán, hoy salen dos invenciones por semana, gracias a la aportación de más de 450 ingenieros. Al pasearse por las instalaciones del polígono de Can Sant Joan, rodeadas de césped y con una cancha de baloncesto, se respira un aire a campus universitario. Otras multinacionales tienen su sede aquí, en un espacio que podría ser California, Irlanda o Massachusetts.

Una de las claves, en términos de gestión laboral, ha sido sin duda la multiculturalidad. HP tiene plantas en California, Catalunya, Israel y Singapur que trabajan con el uso horario, las 24 horas del días. Para ello, se necesita a un tipo de plantilla muy flexible. Ésta es la nueva generación de trabajadores que se suele fichar hoy en día.

Así, casi el 30% de los empleados del centro de HP son extranjeros. En su gran mayoría, europeos, pero también estadounidenses y de otros países. Requisito indispensable: hablar un mínimo de tres idiomas. El rasgo común es la variedad de experiencias que cada uno aporta. De hecho, en su currículum nadie ha permanecido más de cinco años en la misma empresa y ninguno ha llevado a cabo la misma tarea por más de dos años seguidos. El resultado es que la nueva HP es una compañía joven: el promedio de edad es de tan solo 34 años.

Como es de suponer, esta Torre de Babel no es fácil de gestionar. Pau Molinas cuenta su experiencia: "Los israelíes suelen ser directos, pero poco asertivos. En cambio, los asiáticos dan muchos rodeos, nunca dicen que no de forma expresa". En el día a día, las formas de trabajar llegan a ser complejas, aunque enriquecedoras. "Los estadounidenses son muy estructurados, mientras que los españoles son más asertivos", indica.

El 90% de la plantilla son titulados universitarios y pese a que se critique a menudo el nivel de formación de los españoles (en cuanto a dominio de idiomas se refiere, por ejemplo), los que trabajan en la planta de Sant Cugat tienen en su mayoría un grado de formación elevado. Y algunos han decidido incluso cruzar el Atlántico para irse a la empresa madre en California. "También exportamos talentos desde España a los Estados Unidos", proclama Molinas.

Para completar su política laboral, HP organiza cada año una estancia de dos meses dirigida a unos 40 estudiantes. El programa se llama "la Universidad de las Ideas". Así se gana la batalla contra la deslocalización.

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