Las universidades del Reino Unido todavía no proporcionan el suficiente número de graduados con las habilidades verdaderamente necesarias para las empresas. ¿Deberían asumir las empresas parte de la culpa por esta carencia?

“Es como un disco rallado que no para de sonar”, afirma Rob Cuthbert, vice-rector de la University of the West of England (UWE). Y no es el único en llamar la atención sobre la interminable discusión entre las empresas y las universidades británicas sobre el estado de los conocimientos de los universitarios.

Estas discusiones vienen de antiguo. Ya en 1776, Adam Smith, el padre de la economía moderna se quejaba desde La Riqueza de las Naciones: “La mayor parte de lo que se enseña en las escuelas y universidades no es lo que se necesita para trabajar en las empresas.”

Estudios recientes han venido a intensificar el debate. Primero, el estudio Leitch 2006 (un reputado estudio llevado a cabo por el gobierno británico sobre las habilidades necesarias de la fuerza laboral británica) advertía de que los trabajos no especializados pronto desaparecerán del Reino Unido. Otra encuesta de la Asociación de Reclutadores de Universitarios, a principios de este año concluyó que, a pesar de que el número de titulados era de más del doble que la década anterior, el 55% de estos empleadores preveían futuros problemas para poder encontrar nuevos candidatos bien preparados.

Las universidades están siendo presionadas para alcanzar los objetivos marcados por el informe Leitch de tener un 40% de adultos con nivel educativo 4 (en Gran Bretaña, son las personas con licenciatura y algunas otras cualificaciones profesionales) para el año 2020. Mientras tanto, los licenciados compiten con estudiantes de China, Rusia y EE UU por los mejores trabajos. De todos modos, el estudio Leitch ha sido criticado por analistas de la City londinense por no tener en cuenta los niveles educativos más altos.

Otro estudio del Consejo de Aptitudes en Servicios Financieros de 2006 y 2007 también revelaron una preocupación creciente por “el desajuste entre los niveles de aptitudes del mercado de licenciados y las necesidades reales de las empresas”, así como una “grave escasez” de conocimientos altos en aritmética, lengua y cultura y prevención de riesgos, entre otros temas de menor especialización. Faye Chua, el responsable de esta última investigación, sostiene que el problema radica en que los estudiantes británicos no necesitan superar créditos de matemáticas para completar sus estudios, como sí se hace en EEUU o en otros países. “Cuando se licencien, puede que muchos ni siquiera hayan estudiado cálculo básico,” afirma. “Hay una amplio hueco entre las aptitudes aritméticas y matemáticas de los estudiantes del Reino Unido y de sus homólogos extranjeros.” El informe también apunta a que las universidades a veces son “opacas, insensibles y descoordinadas en su trato con las empresas”, y tienen pocos enlaces efectivos con sus respectivos sectores empresariales.

De acuerdo con Semta, el Consejo de Aptitudes del Sector de la Ciencia, la Ingeniería y la Tecnología Industrial, más del 15% de las empresas en estos sectores tienen dificultades para encontrar el talento que necesitan, particularmente en ingeniería mecánica (con un 43% de escasez de graduados), electrónica (con un 27%) e ingeniería eléctrica (22%). Además, cerca de la mitad aseguran que su necesidades han cambiado durante los últimos tres años, mientras que un 48% espera futuros cambios. No sorprende que las universidades pasen dificultades para mantener este ritmo. La culpa no es solo de estas últimas, que a menudo comprenden la situación demasiado tarde para cambiar, sino también de las escuelas y de la falta de recursos para ayudar a los estudiantes a desarrollar las habilidades prácticas esenciales para el trabajo clínico o el experimental que viene después.

Los propios licenciados empiezan a ser más conscientes de que necesitan desarrollar sus habilidades. Un tercio de los universitarios encuestados el año pasado por el CIPD (Chartered Institute of Personnel Development) afirmaron que si tuvieran la oportunidad, estudiarían otra cosa. De ellos, el 23% de los titulados de 2005 y el 16% de los de 2000 elegirían una carrera más técnica o científica.

Pero no sólo escasean los perfiles técnicos. Según el Consejo de Aptitudes en Servicios Financieros, otros conocimientos que les faltan a los licenciados son literatura, inquietud cultural, comunicación y habilidad comercial. Tracey Hahn, Directora General de liderazgo y gestión del talento, EMEA, en Merrill Lynch, explica que en otros países se saben utilizar mejor las habilidades en la práctica. También le preocupa la falta de experiencia laboral entre muchos licenciados del Reino Unido. Como consecuencia, el banco de inversiones –que pide que todos los licenciados que incorporan acrediten un segundo idioma– cada vez contrata a más empleados de China, Francia, India, Polonia y Rusia. A Hahn le impresiona especialmente el nivel de los empleados que contratan de la India. “IIT y IIM (los Institutos Indios de Tecnología y Gestión respectivamente) son muy selectivos y hacen trabajar duro, por lo que resulta muy fácil encontrar allí lo que buscamos,” afirma.

Stephen Isherwood, director de selección de Ernst&Young, sostiene que los licenciados de la Europa continental pueden empezar a ser productivos desde bien temprano. La empresa de contabilidad y auditoría ha empezado a seleccionar ya a candidatos que buscan su segundo empleo en el Reino Unido, porque estos sí se han “puesto al nivel de sus homólogos europeos” y cuentan con experiencia profesional.

A pesar de todas las críticas, existen proyectos innovadores como Teach First: consiste en un plan para reclutar a los mejores graduados antes de que entren en alguna empresa para que den clases durante dos años en escuelas de zonas deprimidas del país; resulta una forma de desarrollo profesional para estos licenciados y es muy valorado por las empresas a la que pueden ir más tarde.

Las universidades, por su parte, también están dando pasos para satisfacer las demandas de las empresas. Rob Cuthbert, de la UWE sostiene que las empresas “tienen una visión cortoplacista y a menudo son volátiles” en sus expectativas; deberían ser más claras respecto a lo que entienden por su necesidad de habilidades específicas. La UWE ha dirigido una investigación sobre las necesidades de las empresas, identificando una lista con las 10 habilidades principales y que divide cada habilidad en cuatro áreas temáticas. Ha pedido a las empresas que indiquen el nivel de competencia que esperan de un universitario el primer día, al cabo de seis meses y al cabo de un año en el mismo puesto. Este mismo mes, la UWE ha iniciado un programa para identificar las capacidades y necesidades de desarrollo de los estudiantes para contrastarla con los diez elementos de la lista anterior.

Aunque Cuthbert considera “perezosas” a las empresas que, como único filtro de talento, contratan solamente a estudiantes provenientes de unas universidades determinadas, la mayoría de las compañías de la City aún lo hacen, afirma Darius Norell, fundador de la revista universitaria Real World. Norell se queja de que las empresas son en parte responsables de la situación de la que se quejan por fijar un objetivo que obliga a los jóvenes a centrarse demasiado en el logro académico.

Cabe destacar que los estándares varían incluso entre departamentos dentro de cada universidad. Norell sostiene que una titulación no es un indicador fiable que garantice el éxito en el futuro trabajo. Tanto a Cuthbert como a Norell también les preocupan las consecuencias de una contratación selectiva a nivel social sobre la poca diversidad en el trabajo.

En respuesta a tales preocupaciones, empresas como Orange han empezado a cambiar sus procesos de selección de universitarios; empieza a buscar empleados con menor cualificación. En cambio, otros, como Ernst & Young, aún sostienen que un candidato de sobresaliente y con una carrera universitaria es más probable que cumpla los requisitos profesionales demandados.

La Universidad de Hertfordshire ha tomado una estrategia diferente. Fundada específicamente en su momento para proporcionar el talento que la histórica compañía aérea De Havilland necesitaba, se considera a sí misma una "universidad orientada a la empresa". Es la propietaria de una bolsa de trabajo que da acceso a más de 50.000 empresas del este de Inglaterra.

Empresas como Rolls-Royce reconocen abiertamente que los vínculos con las universidades son decisivos para desarrollar el talento que necesitan. Con 20 centros tecnológicos universitarios, que dirigen investigaciones y también proporcionan una fuente de talento, a los empleados titulados de la compañía automovilística también se les anima a impartir clases en las escuelas para estimular el interés de los niños por las ciencias.

Ged Leahy, Director de estrategia laboral y planificación de habilidades en Rolls-Royce, cree que las empresas deberían tomar responsabilidad por el desarrollo de habilidades desde la etapa escolar. "Creo que es ingenuo por parte de la industria pensar que los universitarios llegarán con determinadas habilidades cuando tienen tan poca experiencia laboral", opina. "Debe quedar claro el papel de las universidades y nosotros debemos estar preparados para adaptar a las personas al modo en el cual las necesitamos."

Los 10 competencias principales en la selección de licenciados

  • Motivación
  • Confianza
  • Resistencia
  • Iniciativa
  • Habilidades interpersonales
  • Inteligencia emocional
  • Mente abierta/sin prejuicios
  • Resolución de problemas
  • Trabajo en equipo
  • Independencia

Fuente: The University of the West of England (UWE).

Acceso a la noticia: http://www.peoplemanagement.co.uk/PM/Articles/degreesofseparation.htm

Acceso a Proyecto “First Teach”: http://www.teachfirst.org.uk

* Johnson, Rebecca. “Degrees of separation”. People Management Online, 06/09/2007. (Artículo consultado on line: 25/09/2007)

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