Francisco Loscos, Profesor del Departamento de Dirección de Recursos Humanos de ESADE: "Los datos conocidos esta semana sobre la caída del 5% de la tasa de natalidad en el 2009 abren una interesante reflexión sobre las causas que la han generado."

Los datos conocidos esta semana sobre la caída del 5% de la tasa de natalidad en el 2009 abren una interesante reflexión sobre las causas que la han generado. Por un lado, desde la perspectiva sociodemográfica se exponen criterios que tienen que ver con la disminución de nacidos de madres extranjeras, la reducción del número de mujeres en edad fértil y el descenso de enlaces matrimoniales. Por otro lado, la crisis y la elevadísima tasa de desempleo son las principales causas desde la vertiente económica.

Y ahora, desde algunos sectores, se incorpora una tercera perspectiva, la empresarial, y surge cual ave Fénix una nueva causa: la deficitaria conciliación de la vida personal y la profesional. Y se abre el telón de un apasionante debate... Siendo esa conciliación una cuestión absolutamente trascendente, ¿tiene un grado de criticidad tan importante como para incidir en la tasa de natalidad? Desde mi punto de vista, no. No conciliar tiene efectos perversos sobre las dinámicas sociales, pero no incide en la decisión más importante de la vida.

No obstante lo anterior, permítanme invitarles a una reflexión. La Asociación Europea de Dirección de Personas (EAPM) y el Boston Consulting Group realizan un estudio sobre las cuestiones más críticas que deberán abordar las empresas en Europa para poder competir en el futuro. Responden a ese estudio cerca de 1.500 directivos de casi 30 países, y el resultado es que la conciliación está en el top 5 de los factores críticos, junto a la gestión del talento y la gestión del cambio.

Por otro lado, las nuevas generaciones (la Y y la Z), entre otros considerandos, se niegan a vivir para trabajar y exigen a las empresas mejores horarios. Tienen como objetivo encontrar un equilibrio entre las facetas personal y profesional, y no están dispuestas a renunciar, a causa de los horarios de trabajo, a otras actividades y/o aficiones: familia, amigos, voluntariado, deporte... Lo anterior tiene una implicación absolutamente trascendente: en los procesos de toma de decisiones para trabajar en una u otra compañía, las perspectivas de conciliación de la vida personal y la profesional adquieren cada vez más peso como criterio de eligibilidad, en algunos casos superando ya a los clásicos del proyecto y el salario. La famosa guerra por el talento ha adquirido un nuevo factor que por lo que estamos viendo puede devenir absolutamente crítico.

Por lo tanto, con independencia de su no incidencia en los procesos de natalidad, lo que es absolutamente incontestable es la necesidad social y empresarial de acometer el reto de encontrar fórmulas que permitan construir escenarios inteligentes de conciliación, entendiendo por inteligentes que no solo no mermen la productividad sino que la incrementen, y que ese incremento no solo sea tangible sino que esté directamente correlacionado con las prácticas de conciliación. De no ser así, mucho me temo que la conciliación de la vida personal y la profesional seguirá siendo un excitante proyecto de investigación en el mundo académico, una bonita utopía en el mundo empresarial y un indicador multiusos para explicar con mayor o menor acierto algunas tendencias sociales.

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