Los lunes malditos, de resaca del fin de semana, y los viernes informales, dedicados ya en parte a preparar nuestros próximos días de ocio hacen que el rendimiento del trabajo se concentre de martes a jueves.

Ajustar los horarios laborales a esa horquilla podría ayudarnos, sin mayores esfuerzos, a rendir más.

Algunos días en el trabajo optamos por el 'presentismo ': nosotros hacemos acto de presencia, pero nuestra cabeza está ausente", señala Manuel Fidalgo, psicólogo del Centro Nacional de Condiciones de Trabajo. Los lunes es el día del "presentismo" por antonomasia, junto con algunos periodos puntuales como las vísperas de un puente o de las vacaciones.

Aunque no existen cifras sobre el rendimiento diario de los trabajadores, algunos datos apuntan que para trabajar no todos los días son iguales. Así, por ejemplo, el lunes sube el absentismo y empresas de sectores tan diversos como los supermercados o la automoción registran muchas llamadas de empleados que anuncian que se han puesto repentinamente enfermos. Los lunes también aumenta la probabilidad de sufrir un accidente u otro percance en el trabajo.

"Antes los días festivos eran días de descanso, de recuperación del desgaste físico de la semana. Ahora en cambio el ocio está tan estructurado y ´cansa´tanto como el trabajo", señala Carlos Obeso, director del Instituto de Estudios Laborales de Esade. Realizar una escapada por Europa en una low cost o atender los múltiples compromisos sociales, lúdicos o deportivos del fin de semana requiere a su vez un periodo de recuperación, el lunes. "En los trabajos más intelectuales el fin de semana ´desconectamos´. Y luego cuesta un poco volver a conectar", señala.

Según el estudio " La mala programación" realizado por los profesores Alex Bryson y John Forth, para la London School of Economics, los lunes los trabajadores necesitan "reorientarse" tras la pausa del fin de semana y están también poco motivados ante la lejanía del próximo día libre. Las horas dedicadas al trabajo y la motivación aumentan a partir del martes, ante la necesidad de terminar algunas tareas antes de dejar la oficina. El viernes, finalmente, la jornada laboral se reduce, oficial u oficiosamente y cada vez más es el primer día de ocio antes que en el último día laborable de la semana.

"Hace apenas 20 años la reivindicación de escuelas y empresas era implantar la semana inglesa -5 días laborables y ganar el sábado para el descanso. Hoy, en cambio, muchas empresas van hacia la semana de cuatro días", señala Obeso. Los viernes muchos empleados pasan temprano por la oficina y luego tienen "reuniones fuera del despacho" que los mantienen ilocalizables hasta el lunes. Los viernes también, a la dispersión mental que provoca preparar el fin de semana se une el cansancio físico por el esfuerzo de los días previos.

Según la LSE, la variabilidad del rendimiento según el día de la semana debería llevar a las empresas a cambiar los horarios de trabajo para ganar en productividad. Así, propone dar más flexibilidad a los trabajadores para que los organicen a su conveniencia y tratar de aumentar las horas de martes a jueves y de reducirlas en las proximidades del fin de semana. El estudio de la LSE propone también que el Gobierno, en tanto sea posible, traslade los días festivos para hacer que se disfruten en viernes.

Es debate sin embargo parece lejos de las empresas españolas, "que ni siquiera quieren asumir las implicaciones del ritmo diario de las personas y convocan reuniones a las 7 de la tarde, cuando todo el mundo está más cansado y resulta más difícil llegar a acuerdos o tomar decisiones", lamenta Hidalgo.

"Mariposa de sueño", decía el poeta. "Me gustas cuando callas porque estás como ausente". Sería lunes.

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