La Responsabilidad Social se está viendo impactada por la crisis, aunque los empresarios mantienen que es una realidad que cada vez gana más peso en su agenda. El Gobierno planea impulsar las alianzas público-privadas en cooperación al desarrollo.

La responsabilidad social corporativa (RSC) se está viendo impactada por la crisis, aunque los empresarios mantienen que es una realidad que cada vez gana más peso en su agenda estratégica. No en vano, ya son cerca de 1.000 organizaciones españolas las firmantes del pacto mundial impulsado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) como los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

"Las empresas han hecho un ejercicio interesante y responsable. Se han ido creyendo la responsabilidad social corporativa", asegura la secretaria de Estado de Cooperación, Soraya Rodríguez Ramos, quien considera que, en materia de cooperación internacional, "el sector privado tiene en marcha proyectos vinculados con la lucha contra la pobreza importantes, sobre todo en América Latina. Aunque el papel de las empresas en la política de cooperación está en una fase incipiente. No tenemos proyectos conjuntos que sean un referente". Y ese es precisamente uno de los objetivos que se ha trazado. "Tenemos que asociar al sector privado en nuestras actuaciones", añade.

De momento, de los programas que ejecuta la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), no llegan al 5% los que se realizan bajo el formato de alianza público-privada. Algo que tiene que cambiar, entre otras cosas, a la vista de la reducción presupuestaria de 800 millones de euros aprobada el mes pasado por el Gobierno para 2010 y 2011 en la ayuda oficial al desarrollo (AOD).

La secretaria de Estado está tratando de implicar en esta misión a las grandes empresas a través de la patronal CEOE y a las más pequeñas a través de la Confederación Empresarial Española de la Economía Social (CEPES). Eso sí, recalca que su intención no es en absoluto "abrir una ventanilla para las empresas, sino, al contrario, pedirles dinero". CEPES ha recogido el guante, declara su presidente, Juan Antonio Pedreño. "Las empresas de economía social somos un aliado natural para la cooperación al desarrollo y nuestro compromiso es reforzar las acciones. La responsabilidad social va a salir tocada de la crisis porque muchas compañías que se han aprovechado en los últimos años de que su marca vendía, ahora, en tiempos de dificultades, escurren el bulto. Nuestras 48.500 empresas, que generan más del 7% del PIB del país y 2,5 millones de empleos, van a ser más solidarias que nunca y destinar un porcentaje superior al 15% o 20% de nuestros beneficios anuales, el que dedicamos ahora, a ayuda social".

La confederación está identificando los proyectos de cooperación que tienen en marcha sus asociados, que van desde la construcción de hospitales y colegios, hasta la ayuda a la creación de empresas o revitalización de territorios, fundamentalmente en Sudamérica y África, indica Pedreño, quien desconoce el importe económico que representan y ahora intenta ponerlo en valor.

"España es pionera en desarrollo sostenible. Pero también debería serlo en la nueva forma de enfocar la cooperación", asegura la presidenta de la Fundación Entorno, Cristina García-Orcoyen. A su juicio, deben abandonarse "los criterios paternalistas que se han mantenido en los últimos años, en los que se contemplaba la cooperación al desarrollo como una ayuda a fondo perdido, en vez de como una oportunidad de negocio para las empresas y como una forma de crear inversión simiente con la base de la pirámide, que es el principio que debe seguir".

La Fundación Entorno coordina en España los premios que otorga la Comisión Europea al medio ambiente. Entre ellos, el galardón europeo a la cooperación internacional, para el que le resulta muy difícil encontrar empresas candidatas, puesto que son pocas las que cuentan con proyectos que pretendan sentar las bases de desarrollo económico de las zonas en que se ejecutan, que las infraestructuras perduren en el tiempo, añade.

Ferrovial, con su programa El agua es vida, ha sido la compañía premiada en 2010 por la CE. En tres años y con un presupuesto total de 1,8 millones de euros, la empresa construye 557 infraestructuras para dotar de agua potable a 51.000 personas de cinco comarcas del Serengeti, en Tanzania, donde la esperanza de vida es de 45 años. Lo hace en colaboración con la ONG AMREF y las administraciones locales.

Según Alfonso Villalonga, presidente de la ONG en España, "es la primera vez que una empresa privada española se lanza a un proyecto de colaboración con una ONG. Significa una nueva forma de cooperación, puesto que Ferrovial no solo lo financia, sino que participa en la gestión y el desarrollo". "Hay que fomentar estas iniciativas" porque "muchas empresas han firmado el pacto mundial, pero pocas trabajan por conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio", agrega.

Ferrovial destina 20 millones de euros a RSC, que se invierten mayoritariamente en el extranjero. Es la primera vez que promueve un proyecto de esta envergadura, dice la compañía.

Con 31 millones de euros en 2009, Repsol es una de las grandes empresas españolas que no ha reducido su presupuesto de RSC, aunque sus beneficios hayan caído, como señala el responsable del área, Eduardo García Escribano. Cuenta con 600 programas de acción social, el 60% de ellos en América Latina. Su objetivo: trabajar con las comunidades locales y disminuir las actuaciones filantrópicas, indica el directivo, quien señala además que está explorando la posibilidad de asociarse con la AECID para multiplicar los esfuerzos.

"Necesitamos socios que nos asesoren en proyectos técnicos, nos auditen, nos ayuden a crear empleo, a dar formación, a negociar convenios colectivos... En definitiva, a generar economía en los países pobres, que es la única forma de garantizar su desarrollo", concluye Soraya Rodríguez.


La pobreza avanza con la crisis

El primero de los Objetivos de Desarrollo del Milenio firmado por las Naciones Unidas en 2000 con los ojos puestos en 2015 es erradicar la pobreza y el hambre. "La crisis económica ha ralentizado el proceso, pero el mundo sigue en camino de satisfacer la meta", indica la ONU en su informe de junio, donde constata que entre 1990 y 2005 la tasa de pobreza ha caído del 46% al 27%, si bien la crisis dejará a unos 64 millones de personas más en condiciones extremas en 2010. Pese a ello, aún cree posible que en cinco años sean 920 millones de ciudadanos los que estén por debajo de la línea internacional de la pobreza, la mitad que en 1990.

No es tan optimista la OCDE, quien señala en su último informe de cooperación al desarrollo: "El mundo ha sufrido un cambio profundo, pero nuestras metas de desarrollo siguen siendo las mismas". E indica que no todos los donantes han cumplido sus compromisos debido a la crisis, pese a que en 2008 la ayuda oficial al desarrollo (AOD) alcanzase los niveles máximos de la historia, 121.500 millones de dólares. A la OCDE le sigue preocupando la proporción de ayuda que llega a manos de los destinatarios. Y afirma que "debemos considerar la cooperación para el desarrollo una inversión estratégica en un futuro común".

En España, administraciones, fundaciones, organizaciones no gubernamentales y empresas se declaran comprometidas en trabajar en pro de la transparencia en la gestión de las ayudas que les correspondan.

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