La generación que levantó Japón, los baby boomers nacidos entre 1947 y 1949, se jubila. 1 de cada 5 nipones supera los 65 años y es el país del mundo con más personas centenarias. Todo ello junto con la escasa inmigración ensombrece el futuro.

Cuando empecé a trabajar aquí no distinguía un atún", explica Ichiro Yagi mientras descifra la calidad y los secretos de una pieza fresca de más de 80 kilos a través de las vetas grasa. Son las cinco de la madrugada en el primer mercado de pescado del mundo, el de Tsukiji, en pleno Tokio, una postal del Japón eterno. Ichiro Yagi tiene 68 años -ocho por encima de la edad de jubilación-y lleva 50 años trabajando cada madrugada en Tsukiji, salvo domingos: "el pescado y el trabajo me dan vida".

La generación que levantó Japón, los baby boomers nacidos entre 1947 y 1949, se jubila. Han llegado con buen aspecto -Ichiro Yagi, por ejemplo no aparenta más de 55 años-y tienen la pretensión de cobrar sus pensiones. Uno de cada cinco nipones supera los 65 años y Japón es el país del mundo con más personas centenaria. s -nada menos que 25.000-. Otrosí: en 2005, el número de muertes excedió al de nacimientos, un hecho inédito desde 1899. Un país, en fin, que lidera el ritmo de envejecimiento mundial.

"¿Cómo un gobierno con un déficit equivalente al 150% del PIB puede asegurarnos las pensiones? Esa es nuestra gran pregunta", indica Akio Hayashiya, director de la oficina del Cidem (la agencia de la Generalitat que capta inversiones exteriores). "Cuando nos reunimos con amigas de mi edad -Midori Oishii es traductora y roza los 50-, la primera pregunta gira sobre la salud de nuestros padres. La segunda, sobre lo que cobraremos cuando nos jubilemos".

Esta es también la gran pregunta en el laberíntico Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar donde los gráficos sobre la evolución de la población sugieren un Japón muy sénior a mediados de siglo. El cálculo es rotundo: hoy, hay tres trabajadores cotizando por cada pensionista mayor de 65 años; en 2055, la proporción descenderá a 1,2 trabajadores.

"La sociedad japonesa siempre ha tenido una cultura de la vergüenza: la gente pedía menos incluso de lo que le correspondía. Esto está cambiando. Además, en el futuro es difícil pensar en que los hijos cuiden de sus padres", señala Shohei Yamada, subdirector de la división de Planificación de la Seguridad Social. El eslabón natural que caracterizaba Japón se está rompiendo por todos los puntos: hay pocos niños (la natalidad es de 1,23 hijos por hembra, una de las más bajas del mundo), la mujer se está incorporando al mundo laboral sin la discontinuidad de antes -cuando las niponas dejaba el empleo al casarse-y los ancianos viven más años con menos hijos para que les cuiden. Una espiral complicada. "Tenemos que cambiar urgentemente el sistema de pensiones", admite Shohei Yamada.

Las jubilaciones parecen llamadas a conceder muchas victorias y derrotas electorales en los próximos años. La conmoción política del 2007 ha sido el descubrimiento de que la Seguridad Social había perdido o equivocado los datos de 50 millones de personas. Aunque corregido, el asunto ha contribuido a crear incertidumbre en un país que siempre ha sido muy seguro de si mismo, sereno e igualitario. Una de las medidas que se barajan para garantizar las pensiones es el aumento del IVA, muy bajo en Japón (5%). "No creo que nadie pueda ganar unas elecciones si dice que lo aumentará", medita Shohei Yamada, cuyo departamento de Seguridad Social parece una gran maquinaria que está a la espera de las decisiones valientes desde el gobierno de turno.

Japón no cuenta de momento con la mentalidad ni la situación geográfica apta para abrir sus puertas a una inmigración que "rejuvenezca" la pirámide de edad. Los trabajadores extranjeros apenas llegan al 1,5 por ciento de la población (coreanos primero, chinos después). "No se adaptarían", repiten con naturalidad insular los japoneses. Tampoco gustan las recetas liberales en este paraíso de la clase media, donde la cultura del esfuerzo ha permitido convertir la ruinas de 1945 en la segunda potencia económica del mundo (o la tercera si se incluye a la UE).

"En el fondo, hagamos lo que hagamos no vamos a cambiar nuestras virtudes. Además, Japón siempre ha sido muy bueno copiando las cosas bien hechas de los demás", reflexiona Yamada, subdirector de Planificación de la Seguridad Social.


ENTREVISTA
Masahiro Yamada, profesor

"El empleo de por vida ya no existe"

Japón tiene una nueva clase social: los llamados "parasite single"-así, adaptado del inglés-. El sociólogo Masahiro Yamada, profesor de la Universidad Gagukei de Tokio los ha diseccionado. Son la primera juventud del Japón posterior a 1945 que no tiene -ni tendrá-un empleo de por vida. Y no son pocos.

Menuda denominación, parásitos solteros.

A algunos no les importa porque suena a paradise (paraíso). He visto alguna tarjeta de presentación que ponía Parasite single.

¿Cómo nace esta generación?

Son la consecuencia de la crisis económica de los 90. De ser una clase media generalizada y sin riesgos pasamos a un corte: los jóvenes bien preparados se colocan pero los otros, no. Ya no hay empleos estables para ellos y empiezan a no creer en el futuro. Un tercio de ellos dice no tener expectativas de futuro. Van saltando de trabajos sencillos, casi todos discontinuos y mal pagados.

¿Cuantos son?

Dos millones. Para ellos, el empleo de por vida ya no existe. La protección laboral sigue existiendo para el resto.

¿Que piensa la sociedad?

Les culpa a ellos.

¿Y ellos que hacen?

Se refugian bien en las fantasías del tipo yo llegaré a ser una estrella del béisbol o del rock o mecasaré con un príncipe azul -en el caso de ellas-o bien, los más realistas, se anclan en el hogar paterno.

Las parasite singles ¿ven el matrimonio como una salida?

Sí, pero no son conscientes de que los jóvenes que pueden elegir, sus príncipes azules, tienden a casarse con mujeres de parecido nivel económico y social porque ya no esperan como antes que dejen de trabajar. Algunas tienen expectativas desmesuradas en parte porque gastan todo lo que ganan, gracias a vivir con sus padres. Son buenos consumidores. Recuerdo un caso en que la mujer hacía tres viajes al extranjero al año. ¡Y quería que su futuro marido le garantizase esos mismos viajes. Tenía 35 años. Y seguía soltera,.

¿Los padres se sientes fracasados?

No les gusta hablar del asunto. Son muy reacios. Los padres son la Seguridad Social de estos dos millones de jóvenes. Les garantizan techo y alimentos. El problema se planteará cuando desaparezcan y ellos ya hayan pasado de los 40 años. Empezamos a tener los primeros casos. Cada mes se descubre algún joven que intentó ocultar las muertes de sus progenitores a fin de seguir cobrando la pensión.

¿Está perdiendo Japón una cohesión social única? ¿Se parece más a los otros?

El país en su conjunto no perderá la cultura del esfuerzo, simplemente tendrá un grupo numeroso que vive un poco al margen de la sociedad donde hasta hora no existe la delincuencia. Mientras los padres vivan, no hay problema. Luego me temo que sí los habrá, como sucede en otros países desarrollados. Uno de los riesgos es que estos jóvenes sin empleos fijos tienden a ser muy nacionalistas, piensan que el mundo globalizado es el que les ha quitado el empleo seguro y estable del que gozaron las generaciones precedentes de japoneses.

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