Las halagüeñas perspectivas profesionales y la cada vez mayor oferta formativa han favorecido que la Formación Profesional no se vea con malos ojos cuando se compara con el bachillerato, la vía tradicional para entrar en la Universidad.

Andrea lo tenía claro: quería un trabajo y un salario decente. Como todos. Pero no estaba dispuesta a asumir un riesgo: estudiar durante años y no conseguir empleo. “No tenía una vocación clara. Me planteé estudiar enfermería, pero una vez acabada la carrera tendría que especializarme y, aún así, no había opciones claras de conseguir un puesto de trabajo”. Así que se matriculó en un grado superior en Prevención de Riesgos Laborales. Ahora, dos años después, trabaja de lo suyo en una empresa de su ciudad. “Tuve suerte, lo conseguí antes que ninguno de mis compañeros. Pero, de todas formas, no me resultó difícil. Hay mucha demanda de este tipo de profesionales”, explica.

Hasta hace unos años, la Universidad era la única alternativa para los buenos estudiantes. El abandono escolar temprano o la perpetuación en el sistema educativo durante años han sido, según los expertos, las dos alternativas extremas que ofrecía el modelo español y que han agudizado el desajuste entre las cualificaciones y las demandas reales del mundo laboral. Según el estudio Hacia un nuevo sistema educativo. Bases para la mejora de la enseñanza obligatoria, del Círculo de Empresarios, el problema está en la sobreeducación. “Nuestro sistema educativo, con una concepción residual de la FP, hace que la universidad se vea como la única opción al abandono de la educación cuando se acaba el tramo obligatorio”.

Pero algo está cambiando. La Formación Profesional comienza a comer el terreno al bachillerato. Las buenas perspectivas laborales y el amplio abanico de oportunidades están cambiando su suerte. Y la de quienes la estudian: el índice de ocupación ha pasado en diez años del 55% al 72%, mientras que el de los universitarios se sitúa en el 73%, aunque estos últimos ocupan, en muchos casos, puestos no acordes con su nivel de formación. Además, los técnicos de FP encuentran trabajo antes, especialmente los de Grado Superior, que presentan la tasa de paro más baja entre la población joven (según los datos de la publicación Sistema estatal de indicadores de la educación, entre los 25 y los 34 años, la ocupación en este grado era del 90,3% en 2003).

La Formación Profesional también ha ampliado su oferta en los últimos años. Lola Abelló, presidenta de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa), explica que “la FP es la rama educativa más viva, está continuamente readaptándose al mercado laboral. Su oferta formativa es cada vez más amplia, y eso ha provocado que los alumnos no opten por ella porque no les queda otro remedio o porque son malos estudiantes, sino porque realmente quieren estudiar eso”. Quizá quienes no acaban de creérselo son los padres, añade Abelló. “La FP es todavía muy desconocida para las familias. Debe darse a conocer más a los padres, porque es verdad que aún se piensa que si los niños pueden ir a la universidad, mejor. Y eso debe ir cambiando”.

En opinión de José Manuel Martínez, vicepresidente de la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos (Concapa), “la FP ha sufrido un fuerte impulso desde 2002, cuando se aprobó la ley de cualificaciones profesionales, pero ahora se han hecho cosas que va en contra, como por ejemplo, la mal llamada flexibilidad del bachillerato, que parece que favorece la permanencia en esta rama, y desincentiva la opción de la Formación Profesional”.

Desajuste laboral

Y eso que los profesores ya apuestan por la FP frente al bachillerato. Según una encuesta de la Fundación Hogar del Empleado (FUHEM) y el Instituto de Evaluación y Asesoramiento (Idea), los profesores valoran la FP superior (un 55,5%) casi el doble que la ESO y más que el bachillerato (46,3%). Eso supone “un cambio de mentalidad muy importante” en España, según el informe. “La FP ha dejado de ser la hermana pobre del bachillerato”, declaró ayer Charo Díaz Yubero, directora general del área educativa de la Fuhem.

Pero todavía queda mucho por hacer. El estudio del Círculo de Empresarios asegura que para mejorar la actual situación de la Formación Profesional habría que aumentar la transparencia, de forma que se conocieran las demandas reales del mercado laboral y el nivel de integración laboral de cada centro formativo. Según la directora del Departamento de Economía del Círculo de Empresarios, Belén Romana: “El problema ahora es que hay demasiados alumnos en algunas ramas y muy pocos en otras. Lo ideal sería que los trabajadores potenciales conocieran a priori qué títulos son los más demandados por las empresas, para evitar el actual desajuste”.

El pasaporte laboral europeo

A pesar de su auge, la Formación Profesional en España no ha alcanzado el desarrollo de otros países europeos. Precisamente, en algunos de los más potentes económicamente, como Alemania, Reino Unido, Austria, Bélgica o Luxemburgo, el índice de alumnos de FP supera el 60%.

A pesar de estas diferencias, la FP está llamada a ser un elemento básico de la convergencia europea. En marzo de 2000, el Consejo Europeo de Lisboa se marcó el objetivo de hacer de la UE, en 2010, la sociedad del conocimiento más competitiva del mundo. Parte fundamental de esta estrategia es el desarrollo de la Formación Profesional. “Las instituciones europeas se marcaron tres objetivos: mejorar la calidad de la FP; que las cualificaciones sean transferibles, para lo que se adoptará un sistema de créditos transferible a otros estados miembros; y procurar la transparencia de las cualificaciones, que sean fácilmente entendibles por cualquier contratador en la UE”, explican fuentes de la Comisión Europea.

Estas pretensiones se han concretado mediante el ‘Europass’, un documento informativo y personalizado adjunto al título universitario o al título de técnico de Formación Profesional, que describe la naturaleza, el nivel, el contexto, el contenido y la normativa de la formación realizada por el titular. Además, amplía información sobre los resultados obtenidos por cada titular y sobre el sistema nacional de enseñanza superior. El ‘Europass’, aunque todavía no se ha popularizado, será un instrumento fundamental para potenciar la movilidad de trabajadores dentro de la UE.

En auge

  • El índice de ocupación de los titulados en Formación Profesional ha pasado del 55%, en 1993, al 72%, en 2003.
  • La ocupación de la población joven titulada en FP de Grado Superior es la más alta: 90,3%.
  • A pesar de estas cifras, el 60% de los trabajadores activos, 10.459.000 personas no tienen acreditación profesional.

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