La formación de los trabajadores es una inversión para cualquier empresa y el Gobierno ofrece ayudas para ello, pero las complicaciones burocráticas y la falta de publicidad provocan que muchas compañías se queden al margen del programa.

La formación de los trabajadores es una inversión para cualquier empresa y el Gobierno ofrece ayudas para ello, pero las complicaciones burocráticas y la falta de publicidad provocan que muchas compañías se queden al margen del programa

Los empresarios ya no podrán quejarse si sus trabajadores no saben idiomas o confunden una hoja de cálculo con un procesador de textos. Cualquier empresa, desde una pequeña pyme de cuatro empleados hasta una multinacional con miles de trabajadores, puede optar desde marzo a las ayudas para formación bonificada que ofrece el Gobierno central. El problema es que hasta ahora las empresas sólo están aprovechando la mitad de los presupuestos que el Ejecutivo había previsto para tal fin.

"Hoy en día casi todas las empresas pueden acceder a tecnología de alto nivel, ordenadores o maquinaria, con lo que el auténtico valor añadido está en el trabajador. La calificación profesional es la que marca la diferencia en el mercado actual, competitivo y cambiante, por lo que la formación es importante", explica Mercedes Almena, gerente de cuentas y experta en formación de Hedima, una de las principales consultoras de formación españolas, que tiene como clientes a Acciona, BBVA, la Cruz Roja, FCC o Ferrovial.

A pesar de la importancia de la formación profesional y de las ayudas del Gobierno, muchas compañías no se han puesto todavía las pilas. "Hay un problema de comunicación. La iniciativa no se ha dado a conocer lo suficiente por parte de la Administración y no ha salido ni en televisión", denuncia Almena. Sin embargo, la situación está mejorando últimamente. Más de 180.000 empresas españolas se han acogido ya al sistema de formación continua. "Es un programa poco conocido y hay menos empresas de las que nos gustaría, pero la progresión está siendo exponencial", matiza Albert Colomer, vicepresidente primero de la Confederación Española de Centros de Formación (Cecap).

El sistema de ayudas a la formación no es una subvención directa a la empresa, sino que funciona como un descuento a las cotizaciones de la Seguridad Social. A través de unos baremos que tienen en cuenta el tamaño de la empresa o el tipo de formación impartida, las compañías pueden bonificarse unos porcentajes del coste de los cursos. El Estado devolverá una asignación monetaria anual que podrá utilizarse para pagar la formación de los trabajadores.

Una vez la empresa sepa de qué crédito de bonificaciones dispone, deberá elaborar un plan que se adapte a los requisitos de la Fundación Tripartita para la Formación y el Empleo, el organismo público que regula la formación profesional en España, y que van desde exigir un mínimo de seis horas por curso hasta clases presenciales de 25 alumnos.

Las empresas pueden formar a sus trabajadores o pueden optar por un centro especializado. Por ejemplo, pueden acudir al Instituto Británico si quieren dar clases de inglés a sus empleados. Además, las empresas deberán cumplimentar informes tutoriales periódicos y cuestionarios de evaluación, y presentar facturas de material didáctico para evitar fraudes.

El problema es que los trámites burocráticos alejan a muchas empresas de este programa de ayudas, sobre todo las pequeñas y medianas, que tienen menos recursos. "Algunas compañías consideran que es mejor asumir el coste del curso de formación o directamente prescindir de él antes que complicarse con el papeleo para acceder a las ayudas. Es un proceso demasiado rígido", comenta Almena. "Estaría bien que se simplificara el sistema para optar a las bonificaciones para formar a los trabajadores, especialmente para facilitar el acceso al programa de las pymes, que son la mayoría de las empresas del país y las que crean más empleo", añade Colomer.

Las últimas modificaciones del sistema de ayudas a la formación continua también son sensibles a las diferentes necesidades de formación que tienen las empresas respeto a sus trabajadores. El nuevo decreto del Gobierno distingue entre un nivel de formación básico y otro medio y alto. "Debe haber cursos dirigidos a públicos diferentes. Aunque los cursos demandados son de habilidades transversales como ofimática, idiomas o prevención de riesgos, no es lo mismo un programa de manipulación de alimentos que otro para formar en habilidades directivas y de negociación", comenta Almena.

Acceso a página web de la Fundación Tripartita: http://www.fundaciontripartita.org

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